Entre tanques y sufragios: una democracia ficta
Luego del golpe cívico militar de 1955, que finalizó con un ciclo signado por las banderas de la justicia social y la vigencia de varios derechos laborales, ya nada fue igual en la Argentina y en el Chaco. Una profunda grieta económica, política y social, se había profundizado en el cuerpo espiritual y material de los argentinos.
La idea de desperonizar la Argentina, tensó la situación en el plano de la causa militar, y en el consciente colectivo de las masas obreras, que habían adherido al gobierno del General Juan Domingo Perón.

En el contexto internacional la situación tampoco le iba en zaga. El inventado slogan de la Guerra Fría (con dos bloques antagónicos), tomaba matices concretos con la creación de la Escuela de las Américas, institución donde se formaron más de 65.000 oficiales de distintas naciones latinoamericanas en contrainsurgencia, golpes de Estado, métodos de tortura, sistema de espionaje, etcétera, y que luego volvieron a sus países con el concepto de golpe de Estado a flor de piel.
Desperonizar la Argentina
EEUU con su Pentágono, CIA, y su escuadrón de Rangers, asesoraba a los gobiernos de América en descubrir a los enemigos políticos internos de cada país; era una guerra “contra la subversión”. El enemigo ya no vendría desde el exterior, el subversivo ya estaba infiltrado en los partidos políticos, en los sindicatos, en la universidad, etcétera. Y entre ellos había un hombre que venía bregando en las filas radicales por la soberanía nacional. Era correntino, abogado, nacido en 1908. Frondizi era su apellido.
Los grupos antagónicos que habían derrocado a Perón en 1955, y los que lo habían defendido estaban jugando desde 1955 un juego demasiado peligroso, donde no faltaron los fusilamientos, las desapariciones, ‘los caños’, los sabotajes y otras cruentas expresiones, que sólo profundizaban la grieta de la que hablamos al principio.
Ambos bandos tenían sus referentes políticos. El jefe de la Resistencia era el “Gordo” Jonh W. Cooke, diputado nacional durante el primer peronismo, y ahora delegado y heredero político del hombre exilado en España. Entre los militares operaban algunos golpistas del ‘55 y entre los partidos políticos tradicionales la dupla Frondizi - Frigerio desarrollaban tareas de logística, buscando arrimar a las ‘masas abandonadas’ por el peronismo.

La situación era insostenible ya que los planteos militares arreciaban y las acusaciones contra los ‘agitadores internos’ implicaban la detención de centenares de trabajadores de la vieja guardia peronista y de una juventud que venía pidiendo pista con planteos revolucionarios.
La salida escasamente deseada por los sectores más ortodoxos de las fuerzas armadas era la salida electoral con la proscripción absoluta del peronismo.
“No me suicidaré, no me iré, ni cederé”
Perón, desde Madrid, alentó en un primer momento el voto en blanco pero finalmente optó por una alianza con el frondizismo, donde estaban en juego los votos del peronismo, que serían prestados a Frondizi, a cambio de mantener las conquistas logradas por los trabajadores en el período en que Perón, manejó los hilos del movimiento obrero (primero como secretario de Trabajo y Previsión, y luego, como presidente de la Nación).
El hombre que había escrito la Declaración de Avellaneda en 1947 y luego su libro Política y Petróleo, claros alegatos en defensa de nuestra soberanía, fue quien arrasó en las urnas nacionales y también del Chaco, gracias al préstamo político del peronismo.
El compromiso de Frondizi a través de su interlocutor Rogelio Frigerio fue en el terreno político una política de protección contra los despidos, una amplia amnistía para los presos políticos y gremiales, con reforma de la ley de Asociaciones Profesionales y en el plano económico significó continuar con la bandera justicialista de la independencia económica.
Pero el hombre de Paso de Los Libres hizo todo lo contrario: entregó nuestra soberanía petrolera a través de los contratos que firmó con quince empresas extranjeras, especialmente norteamericanas, persiguió y encarceló a los trabajadores a través del plan Conintes de Seguridad Interior, y su plan de Integración y Desarrollo en el plano económico generó inflación, aumento de los productos básicos, desocupación y devaluación de la moneda.
En el plano chaqueño el gobernador electo el 23 de febrero, Anselmo Zoilo Duca, del mismo partido que gobernaba en el país, hizo todo lo posible para estar en sintonía con el orden nacional. Un rendimiento del algodón cada vez menor, el problema indígena y el desarrollo de la infraestructura caminera, fueron sus principales objetivos, pero tropezó con las grandes corporaciones industriales y del campo que a través del desabastecimiento, le quitaron el sueño y le produjeron las mismas heridas políticas que al primer mandatario nacional.
Tal vez la postura en el plano internacional, fueron los condicionantes para generar un clima de inestabilidad política, que debieron sufrir las autoridades desarrollistas. El triunfo de los barbados soldados de Fidel Castro al derrocar al dictador Batista en Cuba exasperaron los ánimos de los militares argentinos, fogoneados por las autoridades norteamericanas. El ‘comunista’ Frondizi no quería votar por la expulsión de Cuba de la OEA, y si a eso le sumamos la visita clandestina del Che Guevara al primer mandatario argentino, el vaso estaba a punto de rebalsar.
A fines de enero de 1962 los candidatos a gobernadores del peronismo triunfaron en 10 de las 14 provincias donde se realizaron elecciones. Esa misma noche las provincias donde triunfó el peronismo estaban intervenidas. Frondizi había sufrido 34 planteos militares durante su mandato. Los días del mandatario desarrollista estaban contados. Lo mismo ocurrió con Duca en el Chaco.
Azules y colorados (las fracciones internas de las fuerzas armadas) prepararon sus tanques para el enfrentamiento. Pero el derrocamiento de Frondizi (reemplazado por Guido) hizo que la sangre no llegue al río. La cárcel de Martín García lo estaba esperando.










