Los ambientes acuáticos
Nuestro planeta tiene un diámetro de 12.576,7 km y una superficie de 510.000.000 km2 , de la que el 71% está cubierta por las aguas y sólo 149.000.000 km2, el 29%, corresponde a las tierras emergidas o continentes.
Por Juan Antonio Alberto - Email: [email protected]
En sus relatos los astronautas describen siempre a la Tierra como “El Planeta Azul”, debido a su color azulado, y las fotos captadas desde el espacio así lo corroboran. Los causantes de estas tonalidades son los océanos y los gases de la atmósfera, es decir, los dos componentes externos a la corteza terrestre.


Es en la biosfera, conjunción de estas tres capas - corteza, hidrosfera, atmósfera -, donde se dan las condiciones adecuadas para que se desarrolle y mantenga la vida.
Según estas características la Tierra puede ser dividida en dos grandes grupos de ambientes, los terrestres o de las tierras continentales emergidas, conformado a su vez por distintas regiones de vida o biomas (tundra, taiga, bosques, selvas, praderas, etc.), y los acuáticos que agrupan, a su vez, tanto las aguas continentales, diferenciadas en ambientes lóticos (aguas corrientes como ríos, arroyos, etc.) y ambientes lénticos (aguas estancadas como lagos, lagunas, esteros, etc.), como también las aguas marinas, que comprenden los océanos y mares.

El agua es indispensable para la vida; es el principal constituyente de los seres vivos. Todas las reacciones químicas características de la vida tienen lugar entre sustancias disueltas en un medio acuoso.

El agua además de constituir el medio interno de todo ser vivo, es un componente esencial del planeta Tierra como medio acuático externo a los organismos.
EL CICLO DEL AGUA
El agua permanece en constante movimiento. El vapor de agua de la atmósfera se condensa y precipita sobre los continentes y océanos en forma de lluvia o nieve. El agua que cae en los continentes corre superficialmente, bajando de las montañas por torrentes, ríos y arroyos, o se infiltra en el terreno acumulándose en forma de aguas subterráneas.

Gran parte de las aguas continentales acaban en los océanos, o son evaporadas constantemente desde donde están acumuladas o circulando (lagos, ríos, mares) o evapotranspiradas por las plantas volviendo de nuevo a la atmósfera. La energía del sol mantiene este ciclo en funcionamiento continuo.










