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La lenta agonía de las pymes

Las últimas cifras aportadas por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) sobre la actividad de las pequeñas y medianas empresas industriales volvieron a confirmar el grave deterioro que padece buena parte del tejido productivo argentino.

Según los datos difundidos por la entidad, la caída del sector pyme industrial fue de un 6,1 por ciento en febrero respecto al mismo mes del año pasado y un 4,2 por ciento en relación a enero, registrando así un desplome que ya acumula diez meses.

Los datos surgen de la Encuesta Industrial que realiza CAME todos los meses entre 300 industrias pymes de todo el país y que reflejan la marcha de este sector que viene padeciendo los efectos del programa económico impulsado por el gobierno nacional, con achicamiento del mercado interno y altas tasas de interés que desalientan cualquier tipo de inversión.

Las consultas realizadas por CAME en las empresas revelaron que el sector del calzado y la marroquinería es uno de los más castigados, registrando una caída en la activad del -20 por ciento; seguido por el de productos de madera y muebles (-14,1 por ciento), productos textiles y prendas de vestir (-11,4 por ciento), productos eléctrico-mecánicos, informática y manufacturas varias (-10,3 por ciento), material de transporte (-10,2 por ciento), productos minerales no metálicos (-6,1 por ciento), alimentos y bebidas (-3,8 por ciento), productos de caucho y plástico (-3,3 por ciento), y productos de metal, maquinaria y equipo (-3,4 por ciento).

La encuesta de CAME también indagó sobre las perspectivas que tienen los empresarios pymes respecto a la marcha de la economía en los próximos meses. Solo el 28,3 por ciento de los consultados respondió que cree que su producción aumentará en los próximos seis meses, mientras que un 66 por ciento considera que se mantendrá o bajará y otro 6,7 por ciento mantiene la incertidumbre y no puede precisar una tendencia.

El panorama es preocupante. Las pymes que lograron sobrevivir a las políticas económicas de estos últimos años hoy están trabajando con la mitad de su capacidad instalada y, lo que es peor, no existen señales de modificación de algunas variables de la macroeconomía que ayuden a revertir la situación.

Desde distintos sectores se viene reclamando a la administración nacional un giro de 180 grados en la economía para evitar una mayor destrucción del tejido productivo y social. También están en peligro miles de fuentes de trabajo porque, hay que recordar, estas pequeñas y medianas empresas son la principal fuente de empleo del país.

Esta semana, la economista Silvina Batakis advirtió que la suba generalizada de precios se ubicará entre el 10 y el 11 por ciento en el primer trimestre del año. En ese sentido, alertó sobre la posibilidad de que en este escenario se produzca una espiralización de la inflación, con todo lo que eso significa para el ya alicaído poder de compra de los argentinos.

Debe coincidirse con Batakis cuando remarca también que el actual escenario económico “empobrece todos los días un poco más a los argentinos y hunde a la economía”. Otros datos confirman la seriedad de la situación en la que se encuentra el país: el último informe del Banco Central de la República Argentina indica que en junio no aumentaron las inversiones productivas, sino que, por el contrario, se fugaron 700 millones de dólares al exterior.

No existe, lamentablemente, ningún indicador que pueda mostrar el gobierno nacional para sostener la idea de una supuesta recuperación de la economía. La caída de la actividad industrial, el aumento y precarización del desempleo y la pobreza, se suman al problema de la inflación que la administración Macri tampoco pudo resolver.

Hasta ahora, la única respuesta de la Casa Rosada es que no hay alternativa a este modelo económico cuyos resultados están a la vista. A medida que pasa el tiempo, en este año que es electoral, se diluyen las esperanzas de que la administración nacional impulse medidas para establecer un esquema de financiamiento, tanto para capital de trabajo como para inversiones de las pymes, que es lo que reclaman las empresas del sector de todo el país.

Lo único que se observa es la decisión de subir las tasas de interés para contener el dólar y, al parecer, ésa es la única preocupación que tiene ahora el gobierno nacional, que ha optado por un modelo económico que no conduce al desarrollo de la producción nacional.