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Poner fin a la violencia contra las mujeres

La violencia contra las mujeres y las niñas es, en la actualidad, una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo. 

Frente a este preocupante panorama la Organización de Naciones Unidas y la Unión Europea unieron esfuerzos para luchar contra este flagelo y lanzaron Spotlight, un programa de alcance mundial para promover un cambio cultural en las sociedades y prevenir estas violencias y su forma más extrema: el femicidio.

La ONU y la Unión Europea acaban de presentar esta iniciativa en nuestro país, que es el único de América del Sur donde se aplicará el programa que impulsa la alianza entre el organismo internacional y la unión regional. Según se informó, en la Argentina en un plazo de dos años se invertirán 6 millones de dólares de fondos internacionales aportados por esta alianza para combatir todas las formas de violencia contra las mujeres.

Vale recordar que este flagelo ha adquirido una magnitud preocupante en el país, donde se registra un asesinato por motivos de género cada 30 horas. Otros países latinoamericanos donde también se aportarán fondos para poner en marcha este programa son El Salvador, Guatemala, Honduras y México, que poseen preocupantes indicadores de violencia doméstica, violencia sexual, trata de personas y explotación sexual.
En nuestro país el programa se aplicará en las provincias de Jujuy, Salta y Buenos Aires, que son las jurisdicciones que figuran entre las que registran las más altas tasas de violencia contra las mujeres en la Argentina. Los fondos aportados serán destinados a realizar campañas de prevención en escuelas y barrios, y cortos publicitarios difundidos a través de medios de comunicación y redes sociales para generar conciencia, especialmente en los varones, sobre la necesidad erradicar la violencia contra las mujeres.

Algunas cifras revelan la gravedad del problema en la Argentina: según un informe de la asociación civil La Casa del Encuentro, entre los años 2008 y 2017 hubo 2.679 femicidios; en la última década 3.378 chicos sufrieron la pérdida de sus madres por este tipo de violencia extrema; mientras más de la mitad de las mujeres que perdieron la vida fueron asesinadas en su hogar. Hasta no hace mucho, todos estos crímenes eran caracterizados como “crímenes pasionales” ocurridos en un contexto de “violencia doméstica”, es decir que -según esa perspectiva- eran problemas del mundo privado de las parejas que debían resolverse en ese ámbito.
En los últimos años, en cambio, gracias al trabajo de organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres que promovieron la visibilización de este grave problema para avanzar a la vez con el reclamo para que se produzca un cambio en el lenguaje y para que el tema sea un asunto de interés público, se ha tomado conciencia de la necesidad de erradicar la cultura de violencia.

De esta manera, hoy ya no se pone en duda que el concepto de “femicidio” permite visibilizar las muertes violentas de mujeres por razones de género. Pero falta todavía mucho camino por recorrer. Es necesario que el conjunto de la sociedad logre alcanzar una comprensión más acabada de este complejo fenómeno y sus causas.

Es importante que se hagan visibles, y se rechacen, todas las formas de violencias contra las mujeres, tanto las físicas que suelen ser las más evidentes, como las simbólicas, psicológicas y económicas, por citar solo algunas.
En la Argentina está vigente la ley nacional 26.485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. El objeto de esta norma no es otro que el de promover y garantizar la eliminación de la discriminación entre mujeres y varones en todos los órdenes de la vida; y también asegurar el derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencias.

Es necesario que, más allá de los gobiernos de turno, la Argentina avance con nuevas políticas púbicas que estén destinadas a brindar un marco integral de protección a todas las mujeres y niñas, y también a reducir las brechas existentes entre los derechos de varones y mujeres, con el fin de sentar las bases para la construcción de una sociedad que respete la dignidad de todas las personas, en un marco de pluralidad e igualdad en todos sus ámbitos.