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Mojar la oreja

Hoy, lunes 25 de febrero, todos los docentes del sistema educativo y los bibliotecarios han debido presentarse a sus lugares de trabajo donde los esperaban sus directores que debieron hacerlo el viernes 22. Es decir que comenzó a cumplirse el calendario escolar 2019 que estipula que la semana que viene, el 6 de marzo, comenzarán las clases de las escuelas primarias. Como lo dice la teoría, “comienza otra ardua tarea en el cometido de sembrar en el alma de tantos niños y jóvenes el verdadero saber”.

Pero -¡ojalá nos equivoquemos!-, no están para nada dadas las condiciones para que este utópico deseo se haga realidad. Hasta el momento de escribir estas líneas, fin de semana previo al 25, dos de los protagonistas de un nuevo año escolar no han hecho más que mojarse la oreja, como provocándose antes de tomar importantes decisiones. Todo indica que se avecina un año muy, pero muy conflictivo, más que los dos anteriores en los que hubo, de hecho, más días con paros que con actividad escolar, sin que a nadie se le moviera un pelo.

Desde diciembre algunos de los gremios han venido advirtiendo de que, si no hay una mejora salarial que compense los puntos perdidos el 2018 y equipare al menos el casi 50 por ciento de inflación, sería muy problemático el inicio de clases. Desde el gobierno se mantuvo silencio, prolongado por la emergencia del desastre climático y desde el ministerio se convocó a los gremios a presentar los papeles que los acrediten para discutir los aumentos en la Comisión de Política Salarial, porque parece que en el excesivo número de sindicatos hay varios que están flojos de papeles.

Finanzas provinciales y sueldos docentes

A estas primeras mojadas de orejas sucedieron otras, como el pedido de un aumento superior al 50 por ciento para comenzar a hablar o el dicho de que “parece que el Gobierno tiene miedo”. Esto mereció una respuesta inmediata del gobernador: “Un 50 por ciento sería quebrar la provincia en un mes, volveríamos a los quebrachos pasado mañana”. Lo real y concreto es que el año escolar ya comenzó y que las clases primarias deberían iniciarse el 6 de marzo y todavía estamos en el toreo sin tomar decisiones. Se han vuelto a poner en el tapete como temas exclusivos las finanzas provinciales y el monto del salario docente. Temas que requieren una discusión seria y sensata de acuerdo a las posibilidades, poniendo sobre la mesa situaciones y alternativas de uno y otro lado. Nadie ignora que los fondos provinciales no pasan por su mejor momento, ni mucho menos que existen enormes deudas provenientes de malas administraciones u otros problemas (Secheep), pero al mismo tiempo se aprecia que se tira mucha manteca al techo y se gasta dinero en temas secundarios con respecto al educativo. No se aprecia una administración austera de los pocos recursos y un orden de prioridades como lo es el de la Educación de todos los miembros del sistema educativo, en especial los niños y jóvenes.

El otro contrincante es la posición de los gremios que, con justicia, reclaman una mejor retribución. No hace muchos días se conoció que el salario docente del Chaco es uno de los más bajos del país y que los maestros deberían tener al menos un aumento del 30 por ciento como el otorgado por el gobernador a sus funcionarios del Poder Ejecutivo por un decreto de diciembre último. Los gremios docentes deben saber que ellos no son únicos trabajadores del país que han perdido con la inflación, a todos les pasa lo mismo. No es para consolarse, pero para tener en cuenta que hay que repartir las cargas.

Encontrar un punto de partida

Sería un buen punto de partida que se les otorgue un aumento similar al de los funcionarios y luego ir ofreciendo alternativas de uno y otro lado. Hoy, lo que se observa es que unos (gremios) piden; los otros (gobierno) les responden que no pueden y deciden unilateralmente y entonces se inician los planes de lucha.

Planes de lucha que perjudican con toda seguridad al principal actor de todo esto, el alumno. Alumno que no participa de las negociaciones, que no es tenido en cuenta para nada y que resulta el mayor perjudicado. Cada vez más, con el paso de los años el problema es irresoluto. Así resulta imposible educar. Así resulta tragicómico el nuevo lema del Ministerio de Educación para este año: “Por una escuela democrática, diversa, plurilingüe y multicultural”, cuando está en juego nada más y nada menos que el dictado de clases con una presencia regular de los maestros dentro del aula.

Ya llevamos varios años así, con pérdidas de alumnos de las aulas, con pérdidas de días, con docentes desactualizados y mal pagos y con autoridades, gremios y padres de alumnos que no son capaces de ponerse en serio a trabajar, a discutir, a pensar cómo hacer para superar este callejón sin salida, un clásico de todos los inicios de clases y que se prolongan todo el año. Lo único que atinan es a mojarse la oreja. La titular de Atech acaba de declarar con toda crudeza que “el abandono de la escuela pública en el Chaco resulta evidente, la inversión en educación es declinante en el tiempo, durante 2017 y 2018 los salarios docentes perdieron una cifra superior al 50% y los recursos destinados a infraestructura y otros rubros han mermado significativamente en términos reales”.

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