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Comercio electrónico sobrevive a la crisis

No deja de llamar la atención el desempeño que viene mostrando el comercio electrónico en una coyuntura económica de recesión nacional. Con un incremento en su facturación de un 66 por ciento interanual, es uno de los pocos sectores que logró mantener un crecimiento en un contexto generalizado de caída del consumo y deterioro del poder adquisitivo de los bolsillos.

Los datos que confirman el buen momento que atraviesan los canales digitales de comercialización fueron aportados por la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), en base a un estudio elaborado para conocer la facturación del primer semestre de 2018. De acuerdo a ese trabajo, en los primeros seis meses de 2017 el sector facturó 58.886 millones de pesos, para pasar a 97.892 millones de pesos entre enero y junio del año que acaba de finalizar. Según estos datos (que son los últimos disponibles) en procesos de compras en línea se realizaron en ese período transacciones diarias por más de 536 millones de pesos, una cifra para nada despreciable en un momento en que la economía argentina sufre los efectos de una fuerte contracción que golpea a la mayoría de los actores económicos. Las autoridades de la entidad que nuclea a las empresas de comercio electrónico destacan que solo en octubre pasado, durante el llamado Cyber Monday, se emitieron casi dos millones de órdenes de compra en sólo tres días.

Lo interesante, afirman, es que las ventas en línea todavía tienen mucho camino por recorrer en el país. Datos aportados por el Índice Mundial de Comercio Electrónico, que toma en cuenta el desarrollo de esta modalidad de ventas en 53 países, revela que la Argentina aporta un 11 por ciento del total de las ventas electrónicas efectuadas en América Sur, ubicándose en el tercer lugar de este ranking regional, detrás de Brasil (50 por ciento) y Chile (15 por ciento). En el cuarto lugar se posicionan Colombia y Perú (casi 10 por ciento cada uno), Ecuador (2 por ciento) y Venezuela (1 por ciento). Un aspecto a tener en cuenta es que Argentina posee un alto porcentaje de penetración de internet en los hogares (93 por ciento, según el Índice Mundial de Comercio Electrónico), una cifra que es superior al que registra, por ejemplo, Brasil que lidera la tabla (71 por ciento). Esto hace que los directivos de las empresas de ventas en línea se muestren optimistas respecto al futuro de este particular sector que parece aprovechar los cambios de hábitos de los consumidores, sobre todo los más jóvenes. Por otra parte, remarcan la necesidad de sacar provecho de las nuevas tecnologías que ya comienzan a afianzarse en el resto del mundo como la aplicación de la Inteligencia Artificial al proceso de ventas, la búsqueda de productos de catálogo por voz, y procesos más eficientes para reducir los tiempos de entrega, son factores que, aseguran, impulsaran el comercio a través de internet.

Sin embargo, no todo lo que reluce es oro. Desde el punto de vista de la generación de empleo, algunas voces críticas advierten que no siempre el comercio electrónico se traduce en puestos de trabajo de calidad, y observan que difícilmente este sector, más allá del crecimiento que pueda experimentar, logre absorber al menos en parte al creciente número de desocupados. El tema no es menor, ya que la tasa de desempleo subió de 8,7 por ciento en el segundo trimestre de 2017 al 9,6 por ciento de la población argentina activa en el segundo trimestre de 2018, lo que significa que el año que acaba de finalizar se despidió con casi 1.850.000 desocupados.

El sitio web especializado en información financiera, Market Watch, con sede en San Francisco, California, advierte que gigantes del comercio electrónico, como Amazon, avanzan con procesos de automatización que destruirán muchos empleos relacionados con el comercio tradicional tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo. Según esta fuente, el empleo en tiendas físicas del país del norte ha caído un 14 por ciento desde 2012, y las tiendas de ropa y de electrónica son las que más sintieron el impacto del éxito de Amazon y sus ventas online. Frente a este nuevo escenario, habrá que pensar alternativas viables para que, sin desmerecer las ventajas de las nuevas tecnologías, la economía siga teniendo al bien común como objetivo principal de las políticas públicas, de modo que éstas estén orientadas a generar trabajo decente que, como bien señala la OIT, sintetice las aspiraciones de las personas en su vida laboral.

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