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El futuro incierto de la Unión Europea

Gran Bretaña, Francia y Alemania, las tres poderosas naciones que durante largos años garantizaron cierta estabilidad política en el espacio europeo, por estas horas enfrentan cada una de ellas duros desafíos que ponen de relieve las dificultades que tiene el bloque regional para superar sus problemas.

En el Reino Unido una crisis política, que no registra antecedentes en su historia reciente, pone en jaque a la primera ministra Theresa May y a su equipo de gobierno, que no logran encontrar un final aceptable para la novela del Brexit y sin poder llevar a buen puerto su acuerdo con la Unión Europea en el Parlamento británico.

En Francia, Emmanuel Macron, el presidente más joven de la historia de ese país, que llegó al Palacio del Elíseo con la promesa de volver a posicionar a su nación entre las primeras del mundo, sufre los embates de las duras protestas del movimiento de los llamados “chalecos amarillos” que salieron masivamente a las calles de París para protestar por el fuerte aumento de los combustibles y a exigir que se restablezca el impuesto a los más ricos, derogado por el mandatario francés. En su reciente visita a Buenos Aires, con motivo de la reunión del G 20, el presidente galo se dio el gusto de disfrutar por unos minutos del aplauso de porteños que celebraron su presencia en una conocida librería de Barrio Norte, aunque claro está que en este caso su popularidad no tenía ninguna relación con las políticas que lleva adelante en su país. Francia sufre, además, la amenaza de grupos terroristas que volvieron a ser noticia la semana pasada cuando Chérif Chekatt, un francés de 29 años de origen argelino, disparó contra la multitud en el mercado de Navidad de la ciudad de Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa. El ataque dejó un saldo de cuatro muertos y nueve personas permanecen hospitalizadas, una de ellas en estado grave.

En Alemania, en tanto, la canciller Ángela Merkel que tiene mandato hasta el año 2021 y que hasta hace poco era una figura central de la Unión Europea, de a poco fue tomando distancia de las cuestiones europeas para ocuparse más de los asuntos domésticos. El espacio, aseguran algunos analistas, debía haber sido ocupado por Macron, pero los serios problemas que enfrenta en su país el presidente francés lo alejan, al menos por ahora, del rol de líder europeo que muchos esperaban. Así las cosas, Europa marcha entre los dilemas generados por el Brexit y los atentados terroristas, a lo que debe sumarse la crisis de los refugiados, el avance de grupos políticos de derecha y la falta de un claro liderazgo que tome las riendas en el viejo continente. En opinión de la titular del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, Daniela Schwarzer, no se advierte en el horizonte europeo ningún líder político con trayectoria y peso suficiente como para asumir en reemplazo de Merkel y Macron y fijar una agenda política para revitalizar la unión regional. En una reciente columna publicada en The New York Times, el periodista y corresponsal en Europa de ese periódico norteamericano, Steven Erlanger, que actualmente reside en Bruselas, observó que los problemas sin resolver del bloque europeo van más allá de Gran Bretaña, Francia y Alemania y alcanzan también a países con larga tradición de estabilidad económica y política como Suecia, que sigue sin formar gobierno tras una reciente elección; Bélgica, donde el partido de derecha decidió abandonar el gobierno por su desacuerdo con la política migratoria, y también España, Holanda y Dinamarca, donde las mayorías de gobierno son débiles y crece el malestar popular por cuestiones sensibles como la inmigración y las identidades nacionales. En su columna, Erlanger cita al politólogo y escritor francés, Dominique Moïsi, quien considera que ‘en este momento en que debería jugar un papel importante, Europa está completamente ensimismada, obsesionada consigo misma”. Moïsi va más allá y advierte que si persiste la inestabilidad política que amenaza a Francia las consecuencias podrían ser devastadoras para el futuro de la Unión Europea. Habrá que ver qué sucede en 2019 con la moneda común, el euro, y las políticas de intercambio comercial en una región donde surgen figuras políticas que cuestionan la permanencia de sus países en el bloque regional por considerar que las decisiones que se toman en Bruselas van en detrimento de los intereses de los ciudadanos.

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