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Duro castigo para la industria nacional

Una de las características del empleo industrial es que, en términos generales, en tiempos de crisis las empresas evitan todo lo posible despedir trabajadores. Y cuando lo hacen, es porque la situación se vuelve insostenible.

Esto es así porque los conocimientos que se adquieren en las fábricas y la experiencia de técnicos, operarios y profesionales no se reemplazan de un día para otro. En otras palabras, el mantenimiento de los planteles de recursos humanos es clave en la estrategia de desarrollo y crecimiento que se espera en cualquier empresa industrial.

La pérdida de empleos industriales, entonces, es un mal síntoma que no debe ser ignorado. En ese sentido, debe señalarse que los números que arroja la crisis del modelo económico actual impulsado por la Casa Rosada no dejan lugar a dudas: desde la asunción de Mauricio Macri como presidente de la Nación, se destruyeron 108 mil puestos industriales formales. El dato no fue generado en sectores de la oposición al gobierno nacional, sino que son cifras oficiales del Ministerio de Producción y Trabajo de la Nación que muestran que en los últimos tres años, desde septiembre de 2015 al mismo mes de este año, (último mes con datos disponibles) la cantidad de asalariados en la industria cayó en casi 108 mil, lo que representa una caída del 8,6 por ciento.

¿Cómo se explica semejante retroceso? Distintos economistas coinciden en que la combinación del achicamiento del mercado interno, junto con el aumento de las importaciones, las altas tasas interés, el incremento de costos que siguió a la devaluación de la moneda, la caída del poder adquisitivo de los salarios y los fuertes aumentos de tarifas representaron un duro castigo para muchos sectores, y especialmente para la industria nacional.

Así, el sector fabril en octubre apenas empleó el 64,8 por ciento de su capacidad instalada, esto es tres puntos y medio menos que en igual mes del año pasado. Uno de los rubros más afectados por este combo de medidas fue el textil que en octubre registró una utilización de solo el 47,4 por ciento, es decir que en un país que necesita en forma urgente de la generación de empleos genuinos, este sector que es clave para la economía tiene más de la mitad de su capacidad de producción ociosa.

Ya no se trata entonces de esperar que lleguen inversiones para ampliar plantas, sino de impulsar políticas públicas que generen condiciones para que las empresas puedan utilizar todas sus máquinas. El impacto negativo de las decisiones macroeconómicas también se siente dureza en la industria automotriz, la metalmecánica, el sector de ediciones e impresiones y los plásticos, que pasaron a engrosar la fila de perdedores de un modelo económico que solo favoreció a empresas de energía, la especulación financiera y a grandes grupos exportadores.

Por su parte, desde las empresas textiles se viene advirtiendo que la persistente caída de la actividad generó la destrucción de casi 30 mil puestos de trabajo, entre formales e informales; mientras que la industria automotriz se ubicó en el último lugar de utilización de la capacidad en octubre, con el 45,9 por ciento. Según datos que maneja la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa), la producción de vehículos registró en octubre un descenso de 11,8 por ciento frente al mismo del año pasado.

Frente a este crítico panorama no debe sorprender que las empresas del sector hayan comenzado con reducción de turnos en las plantas y, en el peor de los casos, suspensiones de personal. El sector de la metalmecánica tampoco pudo escapar a la crisis, y presentó también una menor utilización de su capacidad instalada (del 49,2 por ciento), es decir por debajo del 62,3 por ciento registrado en octubre del año pasado.

Con la mayoría de los indicadores de la economía en rojo, el gobierno nacional se inclina por instalar el debate por la inseguridad en el país, en un intento por mantener la adhesión de la mayoría del electorado, antes que reconocer el fracaso de las medidas económicas tomadas a lo largo de tres años de gestión. Sin posibilidad de garantizar el regreso a la senda del crecimiento, la administración Macri comienza a desandar el último año del mandato que le otorga la Constitución para conducir los destinos de un país que, claramente, se mantiene en un escenario de inviabilidad económica.

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