La salud y las altas temperaturas: cómo prevenirnos.
Ante las altas temperaturas, se recomienda tomar los cuidados necesarios para prevenir cualquier enfermedad a causa del calor.
Hay que tener en cuenta que el golpe de calor puede afectar a personas de cualquier edad, pero los grupos de mayor riesgo son los niños -que no manifiestan sus síntomas con facilidad- y los mayores de 65 años.
La importancia de hidratarse bien
El 75% del cuerpo de los niños es agua y en el caso de los adultos, el 60%. De hecho es el principal componente de la sangre y los diferentes tejidos y órganos. Pero también hay que tener en cuenta que al cabo del día una persona suele perder en torno a los 2,5-3 litros de agua, ya que ésta forma parte de las excreciones normales del organismo, como la orina, las heces, la respiración o el sudor. Cantidad que, por lo tanto, hay que reponer para que el organismo mantenga su equilibrio.

La cuestión es que en verano, las altas temperaturas hacen que se incremente la pérdida de agua del organismo y el riesgo de sufrir una deshidratación es mayor, especialmente en las personas mayores y los niños, además de las personas que desarrollan una importante actividad física bajo el sol, sea por la práctica deportiva o por su trabajo, como es el caso de los agricultores o los obreros de la construcción.
El agua corporal cumple una función fundamental en la regulación de la temperatura del pro cuerpo, que debe mantenerse entre 36 y 37 grados. Cuando hace calor o se realiza un ejercicio intenso, se evapora a través de la piel con el sudor.
También tiene una participación esencial en el transporte a través de la sangre del oxígeno que necesitan los músculos, eliminar el anhídrido carbónico mediante la respiración y regular la presión arterial para el buen funcionamiento del corazón en particular y del sistema circulatorio en su conjunto. Pero además ayuda a la digestión, absorción, circulación de los nutrientes para alimentar las células, al igual que en el proceso inverso, es decir la eliminación de los desechos que éstas generan. Finalmente, interviene también en la producción de saliva.

Si el organismo no tiene agua suficiente, toda esta actividad de mantenimiento en la que interviene empieza a verse alterada. El corazón se ve forzado a trabajar con mayor intensidad para cumplir con su función hasta llegar al sobreesfuerzo. Es entonces cuando el propio cuerpo emite las primeras señales de alarma por medio de los síntomas iniciales de deshidratación: sed, dolor de cabeza, mareos, cansancio, falta de concentración, etc. Y si no se repone el agua los síntomas se agravan, pudiéndose producir confusión mental, desorientación, síncopes, infartos e incluso la muerte.
De ahí la importancia de las recomendaciones que se realizan cada verano para que se beban los 2,5 litros diarios de agua, que se vaya siempre con una botella de agua encima y que se beba constantemente a pequeños sorbos incluso si no se tiene sed.
Cuidados de la piel en verano
Además de ser el órgano más grande del cuerpo humano, la piel es muy sensible a la exposición al sol y el calor. Es por eso que en verano requiere un cuidado más intenso para preservar su salud. Las altas temperaturas pueden provocar la deshidratación del organismo y también de la piel. Por otra parte, el organismo responde al calor con la transpiración y este exceso de humedad favorece las infecciones (pie de atleta) y las dermatitis, especialmente en las zonas donde hay pliegues. A ello hay que añadir el efecto de la radiación ultravioleta a las largas exposiciones al sol.

Más allá de un alto riesgo de desarrollar un cáncer cutáneo (melanoma), la piel envejece prematuramente, perdiendo su elasticidad y favoreciendo la aparición de arrugas. A corto plazo, una piel mal cuidada puede volverse seca, áspera, descamarse y adquirir una apariencia apergaminada o cuarteada, lo que se debe a la pérdida del factor hidratante que debe evitar la deshidratación de las células de las capas más profundas.
Cómo cuidar la piel
La limpieza y la hidratación son, por este orden, los cuidados más importantes que deben proporcionarse a la piel en verano, si bien la protección frente a la acción de la radiación ultravioleta procedente del sol también es igualmente crucial.

Los cuidados básicos son los siguientes:
• Limpieza: hay que ducharse al levantarse, por supuesto, pero también después de cada baño en la pileta o en el río o en el mar, o siempre que la actividad realizada hay supuesto una aumento de la transpiración. La higiene en verano es fundamental para prevenir infecciones, eritemas e incluso la deshidratación.
• Hidratación: las duchas y el hecho de beber agua (2,5 litros a lo largo del día) pueden prevenir la deshidratación de la piel. Sin embargo es conveniente complementar estas medidas utilizando leches hidratantes después de cada ducha, siempre que se haya tomado el sol y antes de acostarse. No hay que olvidar las zonas más secas: talones, codos y rodillas.
• Protección solar: el uso de filtros solares, se tome o no el sol es fundamental para el cuidado de la piel, ya que protege a las zonas expuestas y previene las quemaduras y, a largo plazo, la aparición de melanomas. El tostado de la piel debe adquirirse de forma progresiva, de modo que al principio hay que utilizar filtros de alta protección y, cuando se haya oscurecido la piel, reducir en algún grado. Hay que ponerse la crema solar antes de ir a la playa o la piscina y volver a hacerlo cada dos horas o después de cada baño.
• Tomar el sol: los expertos recomiendan que los baños solares no superen los 30 minutos diarios y siempre utilizando un filtro solar adecuado para cada tipo de piel. No se debería tomar sol en las horas de mayor intensidad de radiación ultravioleta (de 12:00 a 17:00). Y después del baño solar, utilizar siempre una crema hidratante para recuperar la humedad natural de la piel.
• Sudor: las altas temperaturas favorecen la sudoración, pero se puede controlar utilizando ropas amplias, de fibras naturales como el algodón y colores claros (blanco), que favorezcan la circulación del aire en su interior y rechacen la radiación solar. Lo mismo ocurre con el calzado. Si se ha transpirado en exceso, debe limpiarse la piel con una ducha y secarse muy bien.
• Alimentación: las verduras frescas y las frutas deben ser un componente fundamental de la dieta del verano, ya que favorecen la hidratación del organismo y, por tanto, también de la piel.
Las enfermedades más frecuentes en verano
El aumento de las temperaturas en verano favorece el que haya una serie de enfermedades que sean más frecuentes en esta época:
• Deshidratación: la exposición a las altas temperaturas propias del verano sin las debidas precauciones hace que se pierda mucha agua corporal con el sudor, la micción o las heces. Si no se repone en cantidades suficientes. Las personas mayores y los niños tienen mayor riesgo de deshidratación.
• Quemaduras solares: tomar el son demasiado tiempo y sin protección puede causar quemaduras en la piel de segundo y tercer grado que requieren cuidados especiales en un servicio de urgencias. Se enrojece la piel y pueden producirse ampollas y ulceraciones, además de un intenso dolor.
• Diarreas agudas: suelen durar entre 3 y 7 días. Son de origen vírico y bacteriano y suponen un importante riesgo de deshidratación.
• Intoxicaciones alimentarias: se producen al comer alimentos en mal estado por efecto del calor o por reacciones alérgicas.
• Otitis: se pueden producir porque queda agua en el oído después de un baño en la playa o la pileta (otitis del nadador). Además, si el agua está contaminada por bacterias se puede originar una infección del oído medio.
• Cistitis: son frecuentes especialmente en las mujeres a causa del bañador mojado y las frías temperaturas del agua.
• Infecciones fúngicas: se pueden adquirir en cualquier lugar en el que se camines descalzo sobre un suelo mojado (piscinas, duchas y baños públicos, saunas, etc.) y previamente contaminado por otras personas que ya tienen la infección. La más común es la denominada pie de atleta.
• Faringitis y bronquitis: en la mayoría de los casos están causadas por los cambios bruscos de temperatura, que supone estar en un local con aire acondicionado demasiado frío y salir al calor intenso de la calle.
• Conjuntivitis: las causas pueden ser diversas: exposición al sol, el aire acondicionado o una infección adquirida, por ejemplo, al abrir los ojos bajo el agua de la pileta o la playa sin llevar anteojos. También por el uso de lente de contacto durante demasiado tiempo o estar en ambientes muy cargados.
• Reacciones alérgicas a picaduras de insectos: hay que destacar de manera específica las de avispas y abejas (himenópteros).
Consejos de prevención
• Aumentar el consumo de líquidos sin esperar a tener sed para mantener una hidratación adecuada.
• No exponerse al sol en exceso, ni en horas centrales del día (entre las 10 y las 17 horas).
• Evitar las bebidas alcohólicas o muy azucaradas.
• Evitar comidas muy abundantes; ingerir verduras y frutas.
• Reducir la actividad física.
• Usar ropa ligera, holgada y de colores claros; sombrero y anteojos oscuros.
• Permanecer en espacios ventilados o acondicionados.
Los síntomas a tener en cuenta:
• Dolor de cabeza.
• Sensación de vértigo.
• Náuseas.
• Confusión.
• Convulsiones y pérdida de conciencia.
• Piel enrojecida, caliente y seca.
• Respiración y pulso débil.
• Elevada temperatura corporal (entre 41 y 42 grados centígrados).
Si la persona sufre alguno de estos síntomas, es importante:
• Trasladar al afectado a la sombra, a un lugar fresco y tranquilo.
• Hacer que mantenga la cabeza un poco alta, e intentar refrescarlo mojándole la ropa, aplicarle hielo en la cabeza.
• Darle de beber agua fresca o un poco salada.
• Solicitar ayuda médica.
Recordar que no existe un tratamiento farmacológico contra el Golpe de Calor y sólo los hábitos clásicos, citados arriba, pueden prevenirlo y contrarrestarlo.
A cuidarse mucho y felices vacaciones!!!!!










