¿Más vale tarde?
Las medidas son un inocultable intento del presidente de reconquistar a los franceses sin resignar sus líneas económicas fundamentales, pero parecen llegar un poco tarde. Las cuatro semanas de protesta de los chalecos amarillos profundizaron la distancia entre Macron y los ciudadanos. Tras largos días de parálisis, su discurso a la nación fue excepcionalmente breve -13 minutos-, pero lleno de medidas dirigidas a aplacar la cólera de los “chalecos amarillos”.
No obstante, el presidente francés comenzó condenando los incidentes de las últimas manifestaciones: “Cuando la violencia se desencadena, la libertad cesa”, aseguró. Su doble objetivo de presentar medidas que demuestren sensibilidad ante las demandas económicas de trabajadores y clase media, y un mea culpa por la arrogancia que marcó su primer año y medio en el Palacio del Elíseo, es una riesgosa apuesta para su gobierno.

Sobre todo, cuando llega casi un mes después del comienzo de las protestas, que al principio sólo rechazaban un nuevo impuesto sobre los combustibles. En los días sucesivos se ampliaron con la reivindicación de aumentos salariales y repudio a otros impuestos, hasta desembocar en la exigencia de dimisión del presidente. En ese marco es que todo el mundo se pregunta si algunas (mínimas y provisorias) concesiones económicas bastarán. Desde que los bloqueos y las concentraciones de chalecos amarillos comenzaron, el Gobierno francés dio la impresión de estar siempre un paso atrás de los acontecimientos.
Por las dudas, el gobierno filtró a la prensa otras medidas que no fueron explicitadas por Macron: supresión del impuesto inmobiliario a varios sectores, ya previsto, pero que en vez de escalonarse en tres años se aplicaría de una vez; eliminación de cargas sociales sobre las horas extras (prevista para septiembre de 2019, podría anticiparse para enero); negociación de un subsidio para quienes van al trabajo en auto; reducción del IVA para productos de primera necesidad; y otras opciones por el estilo.
Dentro de la OCDE, Francia es el país donde la recaudación fiscal aporta la mayor parte del PBI (45%), mientras que el gasto público implica 56% del producto. Les Échos estima el costo de las medidas anunciadas por Macron entre 12 y 15 mil millones de euros (u$s 13,7 a 17,1 mil millones).
El diario económico Les Échos interpreta que se estaría retomando una política de la presidencia del socialdemócrata François Hollande: poner más dinero en manos del contribuyente de clase media. Hasta ahora, se prefería beneficiar a las empresas y grandes patrimonios, por lo que los “chalecos amarillos” llamaban a Macron “el presidente de los ricos”. Unas medidas de emergencia, tomadas tardíamente, sin convicción y al solo efecto de descomprimir la presión popular, ¿podrán cambiar la relación entre el presidente y los ciudadanos?
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