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Caos y centenares de detenidos

Francia volvió a protestar contra el gobierno

Miles de manifestantes incendiaron París, donde las fuerzas del orden detuvieron a 200 personas y dejaron centenares de heridos.

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   París, 1 (AFP) - Los enfrentamientos duraron toda la jornada y no habían  terminado por la noche. Sucedieron no solamente en la capital, sino en numerosas ciudades de provincias, con bloqueos de autopistas y plantas de combustible. Miles de personas en todo el país se volcaron a las por tercer sábado consecutivo, para expresar su cólera, sobre todo contra el proyecto del gobierno de Emmanuel Macron de aumentar los impuestos al combustible con el argumento de “la transición ecológica”.

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Hubo más de seis horas de batalla entre manifestantes y policías en los alrededores del Arco del Triunfo, en las que los chalecos amarillos mantuvieron sus posiciones.

   Los Campos Elíseos parisinos cortados por barricadas en plena temporada prenavideña, el Arco de Triunfo lleno de grafitis, vehículos incendiados en las avenidas aleñadas, tiendas saqueadas... “Vivimos un estado de insurrección”, resumió una  alcaldesa del distrito 8° en París, Jeanne dHauteserre. París concentró la ira de los más radicales, que en la mayoría de los casos actuaron al margen del movimiento de los “chalecos amarillos”, como se conoce a los miles de franceses que adoptaron como distintivo el tradicional chaleco obligatorio en los autos para casos de emergencia.

   Son las clases humildes de Francia, un movimiento de indignación popular ante lo que consideran medidas económicas injustas que van contra los que menos tienen.

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Los manifestantes que acudieron a París a protestar pacíficamente se hallaron a menudo en medio de policías y encapuchados.

   El ministro de Interior, Christophe Castaner, tildó de “facciosos, sediciosos” a los que se enfrentaron a las fuerzas del orden, en algunos casos con violencia inusitada. En entrevista televisiva, el ministro amenazó: “No tengo tabúes. Estoy dispuesto a considerarlo todo”, como decretar el “estado de emergencia”. La última vez que se implementó ese régimen en Francia fue tras los atentados terroristas de 2015. Antes se utilizó durante las protestas callejeras en las afueras de París, en 2005.

“Clima insurreccional”

   En el corazón de París se vieron escenas de guerrilla urbana. Encapuchados armaron barricadas, quemaron autos, rompieron vitrinas y lanzaron objetos contundentes a la policía antimotines en varios de los barrios más lujosos y turísticos. Pero los incidentes y focos de violencia al margen de las  concentraciones de los “chalecos amarillos” se vivieron también en varias ciudades francesas, entre ellas Lille, Charleville-Mézières, Estrasburgo, Toulouse, así como en Nantes, donde medio centenar de “chalecos amarillos” irrumpieron en el aeropuerto local.

   La policía de la región de Haute-Loire, en Puy-en-Velay, fue parcialmente incendiada con cócteles molotov. “Vivimos un clima insurreccional” advirtió el número dos del principal sindicato policial Alliance, Frédéric Lagache. Esta es la tercera jornada de protestas en Francia, tras las del 17 y del 24 de noviembre pasados. El primer sábado hubo un muerto y decenas de heridos. La del sábado 24 ya se saldó con graves disturbios también en los Campos Elíseos.  

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"Macron renunciá". "Vengan a buscarme". Los humoristas también se manifiestan en Francia.

Entre la espada y la pared

   Los manifestantes que acudieron a París a protestar pacíficamente se hallaron a menudo en medio de policías y encapuchados. Los comerciantes de la zona habían tomado sus precauciones, tras los destrozos causados el 24 de noviembre, colocando tableros de madera frente a sus locales. Pero fueron inútiles en muchos casos. Los más violentos consiguieron arrancar bancos de las vías públicas, vallas, y lanzarlos una y otra vez contra escaparates y puertas.

   Unos 5.000 agentes fueron movilizados en París, pero igual hubo casos de pillaje. En la plaza de la Paix, los turistas contemplaban atemorizados el desorden, los agentes antimotines gritando, los manifestantes encapuchados lanzando adoquines. “El metro está cerrado, no vemos un autobús, no sabemos cómo llegar a nuestro hotel en el Barrio Latino”, dijo Birgit Moeller-Wolf, funcionaria jubilada de 61 años.

   Los anuncios que hizo esta semana el presidente Macron –un dispositivo para limitar el impacto de las tasas al carburante así como un “gran diálogo nacional”-- no convencieron a los manifestantes. “Es palabrería”, reaccionaron muchos de ellos. “Necesitamos algo concreto, no humo”, resumió Yoann Allard, obrero agrícola de 30 años.

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