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López Obrador y el desafío de transformar México

Andrés Manuel López Obrador asume hoy como nuevo presidente de México. Lo hace luego de tres intentos por llegar al Palacio Nacional, con la promesa de terminar con la corrupción, reducir los altos índices de violencia y combatir la pobreza. Llega con un amplio apoyo popular (algunas encuestas señalan un 71 por ciento de aprobación), una macroeconomía relativamente estable y con mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados.

Este veterano político de izquierda, de 64 años, nacido en el estado de Tabasco, conocido también por las siglas AMLO, que se impuso en las urnas en julio pasado como candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, tendrá el desafío de impulsar la segunda economía más grande de América Latina. Las voces que se oponen a su figura, no sólo en México sino en toda la región, lo acusan de “populista” y creen que, apoyado en las mayorías que tendrá en ambas cámaras del Congreso, puede verse tentado de aplicar medidas “anti-mercados”. Hace un mes, la Bolsa Mexicana de Valores dio señales de cuáles son sus preferencias al desplomarse en una sola jornada un 5,8 por ciento después de que la bancada en el Senado del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido de López Obrador, presentara una iniciativa para restringir los cobros de las comisiones bancarias a los usuarios. Pero esta semana, el economista Carlos Urzúa, que asumirá como Secretario de Hacienda, salió al cruce de la intranquilidad que mostraron los operadores de los mercados financieros: aseguró que la economía mexicana está sólida y que el equipo a su cargo trabajará para generar confianza entre los inversores, tanto locales como extranjeros. Según distintos sondeos de opinión pública realizados en las últimas semanas en las principales ciudades de México, López Obrador tiene una alta imagen positiva entre las generaciones más jóvenes, y más precisamente en la franja de población de personas que tienen entre 18 y 24 años, donde las mediciones arrojan un 75 por ciento de aprobación.

El nuevo presidente tiene mandato hasta el año 2024, y es el sucesor de Enrique Peña Nieto, que termina su sexenio de gobierno dejando un país con cierta estabilidad económica y un crecimiento moderado, pero con graves problemas de corrupción y una marcada ausencia del Estado en materia de seguridad, servicio de justicia, y derechos humanos. Al analizar el escenario electoral que llevó a López Obrador al poder, el periódico norteamericano The New York Times consideró que esas serias falencias generaron un descontento colectivo que derivó en una “victoria aplastante” en las urnas del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, dando un vuelco al sistema político predominante y otorgándole un amplio mandato para reformar al país.

López Obrador basó su campaña electoral en la promesa de una “Cuarta Transformación”, un eslogan que hace referencia a otros tres ciclos que fueron una bisagra en la historia de México, y que se caracterizaron por el profundo cambio que provocaron en la sociedad mexicana: el proceso de la independencia nacional (1810 - 1821); el período conocido como de La Reforma (1858 1861) y el de la Revolución contra el régimen de Porfirio Díaz (1910 1917), a cuyo término se promulgó la Constitución que está vigente hasta hoy en México. Para algunos analistas políticos, esa cuarta transformación —sobre todo lo relacionado con la economía— no será sencilla de implementar en el contexto internacional actual, que es muy diferente a las otras etapas históricas que fueron clave en los cambios que vivió la sociedad mexicana. En ese sentido, observan por un lado que los objetivos que se impuso López Obrador son muy ambiciosos y, por otra parte, advierten que el orden y las relaciones de fuerzas surgidos tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial ya no existe y otros actores de peso, como el G20 —reunido esta semana en Buenos Aires— comenzaron a tener mayor protagonismo en el escenario global a partir de la última gran crisis financiera que tuvo repercusiones en todo el mundo.

Otro de los grandes desafíos que tiene el nuevo mandatario es el de pacificar México, que registró este año el nivel más alto de violencia de las dos últimas décadas. La mayoría de los crímenes están vinculados con grupos narcos y con casos de corrupción que corroen a las fuerzas de seguridad. El problema de la inseguridad no resuelto por la gestión de Peña Nieto, así como la reducción de la pobreza también serán dos de los retos que pondrá a prueba al nuevo gobierno mexicano.

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