Los jóvenes, entre los más perjudicados por la crisis
Los jóvenes de todo el país constituyen uno de los sectores de la población más perjudicados por la crisis socioeconómica actual. Según datos registrados por el INDEC en el primer trimestre de este año, cerca del 30 por ciento de los argentinos que tienen entre 16 y 29 años vive en hogares que se encuentran por debajo de la línea de pobreza.
Así lo advierte una investigación realizada por el Centro Atenea y la Fundación SES, que tomó como punto de partida las cifras oficiales correspondientes al primer trimestre de este año de la Encuesta Permanente de Hogares que realiza el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). El informe elaborado por las organizaciones no gubernamentales revela que, según datos oficiales, en el último año aumentó la desocupación pasando de 8,7 por ciento a 9,6 por ciento. El estudio explica que si se observa este indicador por rango de edad se evidencia que el mayor aumento de los niveles de desocupación se presenta en los sectores jóvenes. La situación, que ya de por sí es seria, se agrava porque frente a este preocupante escenario la ausencia del Estado se siente cada vez más, ya que el gobierno nacional sigue practicando recortes en programas que estaban destinados a promover la inclusión juvenil, tanto laboral como educativa. El trabajo de investigación indica, por otra parte, que en relación a los indicadores laborales, la juventud posee una tasa de desocupación que casi llega a triplicar a la de los adultos que tienen entre 30 a 65 años.
Otros datos para tener en cuenta es que la tasa de desocupación es más alta entre las mujeres jóvenes (21 por ciento) y que dentro del conjunto de jóvenes, la franja de los 18 a los 24 años es la más perjudicada ya que el 24,3 por ciento se encuentra buscando un trabajo y no lo consigue. El informe advierte, además, que es frecuente que muchos jóvenes abandonen la escuela media para buscar trabajo en el mercado informal a fin de aportar ingresos a sus hogares. El problema es que, de esa manera, se genera un círculo vicioso ya que la falta de estudios completos repercute luego en las posibilidades de inserción laboral y en la calidad de los empleos que obtienen. De todos modos, los autores del estudio sostienen que más allá del esfuerzo individual que ellos realicen para mejorar su nivel educativo, existen factores estructurales que condicionan sus posibilidades de acceso y finalización de estudios. Como se dijo, la mayoría de los jóvenes de este grupo, desfavorecido por la ausencia de políticas públicas que actúen como red de contención, cuando logran insertarse en el mercado de trabajo, frecuentemente lo hacen en empleos informales. El informe del Centro Atenea y la Fundación SES advierte que esto confirma la vulnerabilidad de este grupo social, ya que la tasa de no registro se encuentra cerca del 50 por ciento; y agrega que, en términos generales, la informalidad laboral afecta al conjunto del segmento juvenil, pero para quienes provienen de hogares con ingresos bajos la tasa de no registro es más del doble que para quienes provienen de hogares de ingresos altos. Esta situación se complejiza al observar que cuatro de cada diez jóvenes no registrados poseen estudios secundarios incompletos. Estas cifras —agrega el informe— se reducen a dos de cada diez en el caso de los registrados. A su vez, el acceso a la educación superior incrementa las posibilidades de inserción en el mercado de trabajo formal. Diversas investigaciones demuestran que cuanto más pobre es el hogar al que pertenece un joven, menos probabilidad tendrá de conseguir un buen trabajo, esto es, registrado y con remuneraciones que le permitan llevar una vida digna. En los últimos tres años, lamentablemente, el gobierno nacional no centró sus esfuerzos en impulsar políticas públicas que permitan atenuar el impacto de la desocupación y la informalidad en este sector de la población. Al mismo tiempo, como remarca el informe del Centro Atenea y la Fundación SES, algunos programas que apuntaban a la inclusión laboral y educativa de la juventud, como el caso del Progresar, lamentablemente cada vez poseen menos financiamiento.










