Villa San Martín lo hizo de nuevo
¿Se pueden convertir solamente cinco puntos en el último cuarto y ganarle al clásico rival? La respuesta es afirmativa. ¿El ejemplo? El último partido disputado entre Villa San Martín e Hindú Club en el estadio de la calle Saavedra.
Las estadísticas mandan en un deporte de precisiones, números y roles. Éstas, dirán que el “tricolor” volvió a ganar un clásico con mucha historia (2 a 1 a favor en esta temporada de la Liga Argentina). Con menos “chapa” en nombres y menor presupuesto, hizo valer su coraje y sus virtudes una vez más para quedarse en el final por nueve puntos (71 - 62).

Llegó a ser de 24 la diferencia en el tercer cuarto. En ese, Villa San Martín vapuleó a su rival que no encontró respuestas desde el juego, desde lo anímico ni desde el banco. Ni desde el banco, digo, porque desde ese lugar también se ganan los partidos. Y el domingo a la noche, Gastón Castro se lo ganó a “Tulo” Rivero. Por inteligencia, planteo, rotación, valoración de las virtudes como equipo y disimulación de sus falencias.
El tridente
Tremendo Franco Vieta Stechina. Sabido es que el resistenciano tiene mucho gol en sus manos, pero anoche le agregó una defensa impecable sobre su ocasional rival de turno. El “zurdo” concluyó con 32 puntos de valoración en su estadística personal, producto de 19 puntos (el goleador de la noche), cinco asistencias y otros tantos recuperos.
En el mismo nivel, pero en otro sector del campo, el norteamericano Saigo Mc Gee Jr concluyó un juego para el recuerdo. También con 19 puntos, 11 rebotes y 22 de valoración.
El extranjero había arrancado con muchas dudas el campeonato y muchos vacilaban de su calidad. Si bien no es un jugador vistoso y está alejado de las atléticas condiciones físicas que los americanos suelen demostrar por estas tierras, Mc Gee entiende muy bien el juego.
Sabe de sus limitaciones, pero con entrega, coraje y un rendimiento físico destacable, le alcanza para mejorar en el juego, aportar al equipo y de a poco meterse en el corazón del hincha que el domingo coreó por varias veces su nombre.

Y la tercera pata del tridente es para el interminable Agustín Carnovale. El Dread Mar-I del básquet local sabe a qué juega. Generalmente le toca marcar a la figura rival y generalmente lo hará bien y terminará el juego con una o dos faltas. Además, por sus manos pasan las decisiones más importantes del juego y es un ejemplo para sus compañeros cuando las cosas no salen como se las espera.
Más de 36 minutos de juego, 14 puntos y 14 de valoración hablan de su último gran partido. Todo, apoyado por la joven dupla de bases (Aliende y Britos) que aportan marca, inteligencia y buena mano cuando se los requiere.
Pocas certezas
Por el otro lado, un descolorido Hindú Club que cerró un nuevo clásico con más interrogantes que certezas. Sabido es que sumó muchos nombres y de jerarquía. Pero aun no encuentra el juego que seguramente pretenderá Rivero y los resultados están a la vista. Si bien en la tabla de posiciones se encuentra en lo más alto (todo muy apretado), no es menos cierto que las expectativas previas no eran éstas. Al menos en el juego.
El domingo, nunca pudo encontrar su lugar de confort contra Villa. No tuvo plan B, ya que cuando el Plan A no funcionó jugó desordenado y sin ideas.
Fue Ferreryra (38 minutos, 24 de valoración y 17 puntos) quien aportó un poco de claridad e intentó mostrarle el camino a sus compañeros. Irreconocible Guaita (solamente 6 puntos para alguien que se espera sea el goleador todas las noches) y concluyentemente mal Valentine III.
El extranjero apareció como perdido en el cancha, con solamente 8 minutos de juego, 0 puntos y varios retos de su entrenador.
Pero es aquí, en el rubro DT, donde más dudas surgen. ¿Qué le pasó a Rivero el domingo a la noche?, sería la pregunta original. Y las fundamentaciones para el interrogante son varias.
A saber: en el tercer juego entre ambos equipos, todavía no sabe cómo jugarle a su rival de siempre. Le pasó el domingo y en el clásico anterior que también lo perdió a domicilio.
Si algo caracteriza a Hindú en esta temporada por sobre el resto de los equipos de la competencia, es la cantidad y calidad de nombres. Más allá de la lesión de Pablo Fernández, no encontró variantes ofensivas y rápidamente entregó el partido, cuando en el tercer cuarto la diferencia llegó a ser de -24. Además, solamente utilizó 6 jugadores en todo el segundo tiempo. Y fueron 6 por la obligada salida por cinco faltas de “Kily” Romero, quien fue reemplazado por Basualdo. Tanto Romero como Guaita son “muy pesados” para enfrentar la agilidad y juventud de internos de Villa y fue justamente con el cambio de Basualdo por Romero donde encontró lo mejor de su juego en el último cuarto, dejando a Villa solamente con 5 puntos y convirtiendo su equipo 16. Más allá que el partido se había definido en el tercero.
Otro punto a analizar son los 38 minutos jugados de Montes y Ferreyra, 33 de Guaita, 35 de Montero y 25 de Romero (viniendo desde el banco). O sea, no hubo rotación prácticamente, ya que 4 de los 12 jugadores no vieron juego, y los restantes jugaron muy poco (Valentine III, 8 minutos; Martín Cequeira, 2 y Basualdo casi 20).
Lo cierto es que Villa se quedó con un nuevo clásico y se dio el lujo de convertir solamente 5 puntos en el cuarto. El “tricolor” lo hizo de nuevo. ¿Le alcanzará este envión anímico para conseguir logros esperados? Esa es otra historia. El básquet y sus estadísticas difieren día a día y marcan un estado de expectación permanente tanto para propios y extraños.
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