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Madres adolescentes, la gran deuda social

Un reciente informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas sobre embarazos en la adolescencia señala que todos los días cerca de 20.000 niñas de menos de 18 años dan a luz en los países en desarrollo.

El documento indica, además, que el promedio mundial de nacimientos por cada mil adolescentes es 44, mientras que en Argentina la tasas de fecundidad por cada mil adolescentes es de 65, alcanzando así una cifra que supera el promedio de toda América Latina y el Caribe, que es de 62 nacimientos por cada mil jóvenes.

Si se observan con atención los datos del capítulo local que publica este documento de la ONU, titulado “El poder de decidir. Derechos reproductivos y transición demográfica”, se puede comprobar que, si se compara con otros países de la región, Argentina no ha logrado avances en la prevención de embarazos adolescentes.

Se trata de una cuestión muy seria, ya que diversos estudios demuestran que cuando una niña queda embarazada, su vida se ve afectada por factores que condicionan enormemente su futuro.
El documento de Naciones Unidas advierte que una gestación en la adolescencia aumenta notablemente las posibilidades de que la niña no termine la escuela y disminuyen sus perspectivas de trabajo. Además, la chica se vuelve más vulnerable frente a la pobreza y la exclusión resintiéndose frecuentemente su salud. Por otra parte, los expertos del Fondo de Población de las Naciones Unidas advierten que las complicaciones del embarazo y el parto son la principal causa de muerte en niñas adolescentes.

Cuando una niña queda embarazada, su vida se ve afectada por factores que condicionan enormemente su futuro

Debe reconocerse, por otra parte, que si bien es cierto que hace apenas un año, en otro informe publicado por el mismo organismo de la ONU, la tasa de fecundidad adolescente para Argentina se ubicaba en 68 por mil, el descenso que se observa es muy poco significativo.

El informe de la ONU revela que los embarazos en la adolescencia son más comunes en los hogares más pobres y se deben más a una falta de acceso a métodos anticonceptivos que al deseo de tener hijos. En ese sentido, el documento sostiene que el acceso a los anticonceptivos es fundamental, ya que hay países donde los menores de 18 años no pueden comprar anticonceptivos si no es con permiso de un tutor o de sus padres, lo que complica la adquisición de los métodos más modernos como las pastillas. Desde la oficina regional del Fondo de Población de Naciones Unidas se asegura que la fecundidad adolescente es un fenómeno que caracteriza a la región, y que el embarazo adolescente aumenta el riesgo de vulnerabilidad a lo largo de la vida de una mujer porque puede quitar oportunidades de mayor educación, empleo y por consiguiente oportunidades de ingreso. En otras palabras, es un factor de transmisión generacional de la pobreza.


El informe de la ONU señala, además, que las adolescentes que viven en hogares con mejores ingresos y recursos disponen de mejor información sobre la salud sexual y reproductiva, y de un mayor acceso a los servicios de control de la natalidad; incluso pueden acceder a servicios de aborto en condiciones de seguridad, aunque ilegales.

Frente a este preocupante panorama, es necesario promover el empoderamiento de la mujer, la enseñanza de la educación sexual integral, y la atención de la salud sexual y reproductiva, para ayudar a las niñas a evitar el embarazo. No menos importante es apoyar a las que están cursando embarazos para que puedan regresar a la escuela, retomar sus estudios y desarrollar todo su potencial.

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