Preocupa a la Iglesia el escenario social
Los obispos de la Iglesia Católica volvieron a encender luces de alerta por la grave situación social que viven millones de hogares argentinos, que padecen las consecuencias de un programa económico nacional que colocó a los alimentos básicos entre los productos más caros de América Latina y empujó a familias enteras a la pobreza.
Una de las voces que alertó sobre la difícil coyuntura es la del el arzobispo de San Juan, Jorge Lozano, quien advirtió que la situación de necesidad de muchas familias de todo el país es desesperante. Así lo señaló en el recientemente celebrado Foro Interreligioso del G20, que tuvo lugar en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde planteó sin medias tintas el preocupante cuadro social que ya toda la sociedad conoce, pero que muchos prefieren ignorar, por conveniencia o indiferencia: se multiplican bolsones de pobreza a lo largo y ancho del país, y prueba de ello es el aumento de familias con niños de los hogares más vulnerables que comenzaron a peregrinar por comedores comunitarios en busca del sustento diario. Por su parte, el arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Fernández, también expresó su preocupación por la indolencia que se percibe, en términos generales, ante el sufrimiento de muchos argentinos, al observar que buena parte de la sociedad “prefiere que los pobres se vuelvan invisibles, de manera que su presencia no cuestione sus hábitos de consumo y su estilo de vida”.
Otro de los aspectos que preocupa a los obispos es el deterioro de los salarios y los despidos que dejan a miles de argentinos sin trabajo en un momento donde la reinserción laboral es prácticamente imposible. En ese sentido, el arzobispo Lozano planteó que la publicitada asistencia financiera del FMI “no siempre fomenta la producción y el trabajo”, y la historia económica de la Argentina le da la razón. Es que, en rigor, los desembolsos del Fondo Monetario Internacional solo servirán para pagar los intereses de la deuda externa, aunque el discurso oficial insista en asegurar que servirán “para aumentar la confianza” de los inversores y evitar una posible cesación de pagos. A esta altura de los acontecimientos resulta difícil creer a quienes habían prometido una gestión eficiente para, entre otros logros, llevar a la pobreza a uno de los niveles más bajos de la historia argentina. Lejos quedaron esas promesas de campaña y hoy la dura realidad muestra que en todo el país se extiende el flagelo de la pobreza, producto del rotundo fracaso de un modelo económico que cada vez deja más claro quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores, con una inflación que, según las últimas mediciones, se ubicará alrededor del 7 por ciento, lo que se traducirá en un desplome del salario real de alrededor del 14,7 por ciento en lo que va del gobierno de Cambiemos. Pero eso no es todo, las tasas de interés están por las nubes y provocan un efecto devastador entre las pequeñas y medianas empresas, que son las principales generadoras de empleo. No es casual, entonces, que en este escenario se hayan perdido más de 56.000 puestos de trabajo registrados solo entre junio y julio último, tal como lo reconoció la Secretaría de Trabajo de la Nación en base a datos del Sistema Integrado Previsional Argentino. El propio Indec confirmó que el desempleo trepó casi un punto en el segundo trimestre del año, ubicándose en el 9,6 por ciento, a lo que debe sumarse el aumento de la pobreza, que subió al 27,3 por ciento en el primer semestre. Frente a este serio panorama, los obispos remarcaron la necesidad de convocar a un amplio diálogo con participación de todos los sectores de la sociedad a fin de acordar medidas para, en primer lugar, evitar que se siga agravando la crisis, pero también para poner en práctica otras que permitan salir de esta difícil coyuntura con el menor costo social posible. Hoy la pobreza alcanza a casi 12 millones de argentinos, es decir a más de la cuarta parte de la población del país. Ante ese crudo dato de la realidad, vale recordar el mensaje que envió el Papa Francisco a los participantes del foro religioso Forum Interreligioso G 20 que se realizó en Buenos Aires, donde observó que “cualquier intento de buscar un auténtico desarrollo económico, social o tecnológico ha de tener en cuenta la dignidad del ser humano, la importancia de mirar a cada persona a los ojos y no como un número más de una fría estadística”.










