La mesa de los argentinos pierde valor nutricional
La fuerte suba de precios que afecta a productos de la canasta básica y la decisión del gobierno nacional de no aplicar ninguna medida regulatoria para controlar la inflación en las góndolas empuja a la mayoría de los consumidores a adquirir alimentos con bajo nivel nutricional y ultraprocesados que predisponen a sufrir sobrepeso u obesidad.
Todo parece indicar que estos años de la Argentina se caracterizará, entre otras cosas, por el aumento de la pobreza y el cambio forzado en la dieta alimentaria de muchos argentinos que sienten el impacto de la caída del salario real. Una recorrida por supermercados de las principales ciudades permite comprobar que en las góndolas se dedica ahora más espacio a productos de segundas marcas que compiten con precios más bajos. También ganan terreno golosinas, alimentos y bebidas ultraprocesadas que, por su contenido de altas calorías y bajo valor nutricional, están directamente relacionadas con la obesidad y el sobrepeso. En la vereda de enfrente se ubican los alimentos frescos, como las frutas y verduras, que han multiplicado sus precios en los últimos meses, por lo que quedan fuera del alcance de la mayoría de las familias.
En este contexto no debe sorprender que haya una relación directa entre obesidad, sobrepeso y pobreza, y que en los próximos años se comience a detectar un sensible aumento de enfermedades no transmisibles como la diabetes o problemas cardiovasculares. Un relevamiento realizado en distintas localidades del país por la filial local de la consultora Kantar Worldpanel, especializada en analizar el comportamiento de los consumidores, reveló que los productos de marcas menos conocidas ganan terreno frente a las de renombre y mucho respaldo publicitario. El fenómeno confirma los cambios de hábitos de consumo que experimenta el mercado argentino debido a la crisis económica que golpea con mayor fuerza a familias con ingresos fijos y a las de bajos recursos. En la actual coyuntura, los consumidores ponen en práctica una nueva forma de comprar que es la salida que encuentran para hacer frente, como pueden, ante la fuerte suba de precios y la fenomenal pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Sin la protección de políticas públicas efectivas que defiendan el bolsillo de los consumidores, a la mayoría no le queda otra opción que comprar alimentos de menor precio, y por lo tanto con menor valor nutritivo. La otra cara de la misma moneda es la caída de las ventas en supermercados y comercios que, según estimaciones de algunas consultoras, ronda el 25 por ciento en algunos rubros.
Un dato a tener en cuenta es que más del 70 por ciento de todos los alimentos y bebidas que están en el mercado local es producido por un puñado de grandes empresas, 32 para ser más exactos, de las cuales sólo Arcor y Molinos son de origen argentino y el resto son firmas multinacionales que tienen la particularidad de ser formadoras de precios y de atar el valor del dólar al valor del producto. Por otra parte, menos de un 25 por ciento de los productos que están en la góndola son producidos o elaborados en unas 10 mil pequeñas y medianas fábricas argentinas, lo que revela la desigual relación entre un sector y otro.
Volviendo al cambio de hábitos en la dieta alimentaria de muchos argentinos, debe señalarse que ese fenómeno se presenta en un momento en el que el 60 por ciento de la población adulta y el 40 por ciento de los niños tienen sobrepeso y obesidad, según reveló el propio secretario de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein, en una de las últimas reuniones que mantuvo en el Congreso de la Nación con legisladores de las distintas fuerzas políticas. El problema es que tanto la obesidad como el sobrepeso son dos males que afectan a personas de todos los sectores de la sociedad, y particularmente a los más humildes, por lo que se impone la necesidad de aplicar políticas públicas que regulen los precios de los alimentos y se apuntale el trabajo de la agricultura familiar que, además de generar trabajo, garantiza que lleguen alimentos de calidad a la mesa de millones de argentinos.










