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Alas rotas: el drama social que el NEA debe resolver

El veterano y pequeño agricultor, angustiado y preocupado por las circunstancias que le tocaba pasar y por el futuro de sus hijos y de sus nietos, salió a caminar por el campo.

 Sin darse cuenta llegó a una zona donde una bandada de golondrinas levantó vuelo, dieron una vuelta en el aire y emigraron en busca de climas más benignos y mayor abundancia de alimentos.

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Al chacarero le llamó la atención que en medio del campo, una pequeña ave se movía pero no podía despegar, mientras otra volvió y posó cerca de ella, como intentando a animarla a seguir al resto. Luego de un rato, al no lograr su objetivo se fue. El hombre, entonces, se acercó, tomó en sus manos a la pequeña ave y pudo ver que tenía un ala rota.

“No va a poder seguir a los suyos. Así, no podrá volar”, pensó en voz alta. El drama social argentino, es más profundo que la importancia que sistemáticamente se le viene dando. El drama en las provincias del norte, entre ellas el Chaco, está dando una señal de alerta que terminará impactando en los veinte a treinta años próximos, por su efecto multiplicador.

Una llamada preocupante

“Vení por favor a ver, tomen fotos, hablen con la gente, mi pueblo está sin trabajo porque la única fuente de trabajo que es la actividad forestal, está casi paralizada”, le dijo ayer por la mañana a este periodista una empresaria del sector desde Los Frentones.

En Concepción del Bermejo sucede lo mismo, donde solo dos aserraderos de maderas trabajan pero con integrantes de la familia y no hay trabajo, siendo el Estado Municipal el primer muro de contención.

Precisamente, Los Frentones según un informe hecho por la UCA (a través de su Observatorio de la Deuda Social Argentina), tiene un 46,19 de índice de vulnerabilidad en la niñez.

Las alas rotas

Es altamente preocupante el país que les quedará a las próximas generaciones. Esta especie de odisea argentina, encuentra en el relato de la golondrina con las alas rotas, un sinfín de preguntas:

¿Cómo volar si las alas de los sueños están rotas?, ¿cómo proyectar si las alas de la lucha, del trabajo, de la solidaridad y de los valores, de la educación o de la salud están quebradas...? ¿Cuál es el efecto multiplicador de una gran parte de la sociedad que es la juventud, en momentos en que demanda empleo y no consigue, pero sí crece el consumo galopante de alcohol y de drogas? ¿Cómo pueden enfrentar el futuro los niños que no tiene acceso a una buena alimentación, ni a una educación acorde a los tiempos que se viven, o a una salud pública cada vez más en deterioro?

Golpe muy fuerte

El caso de las localidades del interior chaqueño que comienzan a demandar a las comunas soluciones alimentarias, forma parte del dolor argentino.

Ayer sábado, recibíamos reportes que daban cuenta del aumento de niños y de personas adultas que asisten a los comedores integrales y coperos de leche. En la franja de chicos que asisten a las escuelas primarias, dicen las docentes que son los propios alumnos que les cuentan que “no ven la hora que sea lunes, porque en sus casas casi no hay comida”.

En el interior no hay trabajo, las Pymes no pueden soportar el tremendo impacto de la caída del consumo ni pueden tomar créditos porque las tasas de interés de los créditos son altísimas y por si fuera poco, el Estado quiere seguir llevándose en impuestos lo que producen, que ya parece una burla, todo sea en son de alcanzar el equilibrio fiscal porque ya no quedan las joyas de la abuela.

Los que se robaron el país, deben ir a la cárcel y deben devolver el dinero de los argentinos, pero los que gobiernan ahora tienen la doble responsabilidad de trabajar evitando que siga creciendo el dolor argentino y robando los sueños de muchos, que fueron perdiendo el empleo y, con ello, la dignidad.

Reconocer

El país de las vacas, del trigo, del maíz y de tantos productos que hoy exportamos tiene una economía tan frágil que cada vez más se fabrican pobres.

Lo dice el informe de la Universidad Católica Argentina. Y lo admite también el INDEC, que no es poca cosa. Si se admite el problema, entonces, queda de manifiesto que es posible pensar en positivo, corriendo errores y achicando asimetrías que vienen desde principio de siglo.

Curar

El veterano chacarero tomó en sus manos a la golondrina herida, la llevo a su casa, la curó, la alimentó y luego de restaurada su ala pudo volar en libertad, en busca de mejores oportunidades. El chacarero representa al Estado, a la familia y la sociedad. No podemos quedarnos “esperando el impacto” sin curar el ala para poder volar.

La sociedad y las instituciones no pueden mirar para otro lado, porque es lo que después nos impacta, aunque los gobiernos se la pasen años echando la culpa a los que gobernaron anteriormente, sin atinar a poner en marcha políticas de Estado que permitan recuperar la dignidad, el trabajo, el empleo y sobre todo los valores.

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