La última vida de Guillermo
Se llama Cruzeiro. Decir Copa Libertadores suena demasiado ostentoso en este momento tan crítico. De no clasificar en Belo Horizonte, a Boca le quedarán 8 partidos de Superliga hasta fin de año, que se transformarán en un viacrucis.
A Barros Schelotto se le volvieron a escapar dos objetivos del semestre, River y copa Argentina, que además te daba la chance de una revancha con el equipo de Gallardo. Pero no vayamos tan lejos, la realidad le impone a Boca Juniors, el desafío de ganarle a Colón el domingo jugando de local, y después si viajar a Brasil.
El Mineirao lo esperará como en sus grandes noches, con un clima adverso y hostil, luego del affaire Dede. La gran pregunta es: ¿podrá el Boca de Guillermo clasificar de visitante? La diferencia de 2-0 a favor a esta altura no garantiza nada.

Boca es un equipo sin alma. Eso es lo mas peligroso, se puede jugar mal a veces, pero la actitud con la camiseta xeneize no se negocia nunca. Boca juega sin corazón, le falta garra a la formación del mellizo. ¿Entonces? Un golpe de timón a menos de una semana, no fue alternativa para Angelici. Schiavi, DT de la reserva, o Jorge Almiron, eran las cartas de recambio en el banco para buscar las semifinales de la Libertadores.
Guillermo no reacciona, o lo hace mal, como ayer, poniendo a Nandez por Zarate para ganarle a Gimnasia. Reynoso pasó de titular a ni siquiera tercer cambio...¿para que arriesgó a Benedetto?
La expresión del mellizo luego del 0-1 es la cara de alguien que parece derrotado. Este es el gran déficit del cuerpo técnico de Boca, no muestra lucidez para cambiar el desarrollo de un partido. Nunca te sorprende con un planteo o sistema novedoso, su Boca juega siempre igual.

Ni siquiera ha podido en este semestre encontrar una formación titular y confiable. ¿Qué pasa con Gago? ¿Lo quiere a Tevez?
En Córdoba hasta Pavon cayó en la volteada, salió su as de espadas y jugador fetiche. Todo esto, teniendo la chequera más importante del fútbol argentino y tal vez de la historia de Boca. Seguir así, suena más a un capricho de Chapita, que a convicción de poder revertir la situación. Guillermo se aferra a que el milagro ocurra.










