Pelea de gigantes en el comercio mundial
Las dos economías más grandes del planeta, la de China y la Estados Unidos, escriben por estas horas un nuevo capítulo de una guerra comercial que, por su magnitud, no registra antecedentes en la historia reciente del comercio global. La decisión del presidente norteamericano de aplicar aranceles por 200.000 millones de dólares a productos chinos, y la inmediata respuesta de Pekín que redobló su apuesta imponiendo aranceles a su contendiente por 60.000 millones de dólares, mantiene en vilo a todo el mundo.
Tanto en la Unión Europea como en América Latina surgen los mismos interrogantes: ¿qué pasará en los próximos meses en el comercio global si los protagonistas de esta pelea deciden continuar con la política de “ojo por ojo, diente por diente”? Según la titular del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, la disputa entre China y EEUU podría golpear aún más a los denominados mercados emergentes, y especialmente a las debilitadas economías de Turquía y Argentina, que en casi todos los informes de los operadores financieros internacionales aparecen como los dos países más vulnerables ante un posible agravamiento de la guerra comercial de Washington y Pekín.
Mientras el mundo sigue atento a la evolución de la disputa entre los dos gigantes, nada parece indicar -al menos por ahora- que surja en lo inmediato la posibilidad de un acuerdo para frenar la escalada de aranceles. Trump argumentó que Pekín se resiste a cambiar sus prácticas comerciales que perjudican a las empresas estadounidenses y que por eso resolvió avanzar con los nuevos aranceles a las importaciones de un amplio abanico de productos que llegan desde China, como arroz, pescados, frutos secos, lentejas, frutas y tabaco, por citar solo unos pocos de una extensa lista que publicó esta semana la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos. Por su parte, el gobierno de Xi Jinping reaccionó anunciando oficialmente que China “se verá obligada a tomar medidas de represalia de manera recíproca”. En realidad, Pekín ya planeaba aplicar aranceles por 60.000 millones de dólares de productos estadounidenses, y es por eso que Trump se anticipó, advirtiendo que EEUU tampoco se iba a quedar de brazos cruzados si el gigante asiático avanzaba con la imposición de nuevas regulaciones a productos de agricultores o de otras industrias estadounidenses. El mandatario norteamericano dijo que si eso ocurría la Casa Blanca no dudaría en ir un paso más allá para imponer a China aranceles de aproximadamente 267.000 millones de dólares de importaciones adicionales, lo que representaría que las regulaciones afectarían a casi todos los productos chinos.
Cabe recordar que después de establecer aranceles para el acero y el aluminio, de un 25 y un 10 por ciento impuestos bajo la excusa de la protección de la seguridad nacional, Washington también impuso este año aranceles de un 25 por ciento a productos chinos por un valor de 50.000 millones de dólares. Según informó la Casa Blanca, la decisión se tomó para defender la propiedad intelectual de norteamericanos, ya que para Trump una buena parte de las pérdidas de su país se producen porque empresas chinas copian productos tecnológicos americanos para venderlos de vuelta mucho más baratos; mientras que las empresas estadounidenses, a cambio del acceso al mercado chino, se ven obligadas a compartir con sus socios locales una parte de sus conocimientos tecnológicos.
Algunos expertos consideran que China debe analizar bien sus próximas movidas, ya que importa casi cuatro veces menos productos estadounidense de los que exporta hacia Washington, por lo que resultará relativa la efectividad de sus aranceles. Sin embargo, se especula que Pekín podría optar por otras alternativas para presionar, como por ejemplo, imponer nuevas exigencias a las empresas estadounidenses radicadas en territorio chino, imponer controles sanitarios más severos, o aumentar la burocracia en las aduanas para los productos de EEUU. También podría lanzar campañas de desprestigio contra productos estadounidenses, lo que podría representar un duro golpe para la General Motors, que vende más automóviles en China que en América del Norte. Queda por ver qué pasará con las economías de países más vulnerables como Argentina si se profundiza el conflicto comercial. Es de esperar que aquí se tomen los recaudos necesarios para evitar que se agrave aún más la crítica situación que atraviesa la economía argentina, originada en gran medida por decisiones equivocadas de la Casa Rosada, y para amortiguar todo lo posible el impacto de esta nueva escalada de la guerra comercial entre China y Estados Unidos.










