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Se agrava la crisis en la industria textil

La crisis económica golpea más a algunos sectores de la producción que a otros. Entre los perdedores del modelo actual está, sin lugar a dudas, la industria textil, que en solo 24 meses perdió alrededor de 35.000 puestos de trabajo mientras que en el primer semestre de este año registró caídas superiores al 7 por ciento.

Es lamentable que un sector que se caracteriza por ser un generador de puestos genuinos de trabajos industriales y que históricamente aseguró ingresos para miles de hogares argentinos tenga que enfrentar una crisis de esta envergadura, alimentada por una apertura indiscriminada de importaciones de productos textiles provenientes, en gran medida, de países asiáticos que llegan al puerto de Buenos Aires a un costo muy inferior.

Por otra parte, la peligrosa combinación de altas tasas de interés con los aumentos de costos por la suba de tarifas de servicios públicos y la caída del consumo interno también fue letal para la industria textil, que está presente en casi todo el país y que es clave para el desarrollo de las economías regionales.

Como señaló el nuevo presidente de la Fundación Pro-Tejer, el empresario Yeal Kim, en su discurso de asunción, esta industria tiene “un altísimo nivel de integración nacional, una cadena de valor completa desde las fibras hasta un eslabón textil de clase mundial y marcas y retail muy desarrollados”. Cabe recordar que la Fundación Pro-Tejer es una organización sin fines de lucro que tiene como objetivo asistir, desarrollar, contener e integrar a la cadena de valor agroindustrial textil y de confecciones de todo el país.

Desde ese ámbito se observó que, pese a todo, el sector tiene un enorme potencial exportador tanto en su eslabón textil como en la confección, a lo que habría que agregar que hacen falta políticas públicas claras que alivien también la pesada carga tributaria que lo agobia y que impide que se aproveche todo ese potencial.

Días atrás, desde la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA) se advirtió que el panorama es cada vez más complejo para la industria textil, y se hizo notar, a la vez, que las estadísticas del Banco Central de la República Argentina muestran que la financiación en cuenta corriente para las pymes en indumentaria trepó al 46,7 por ciento anual, lo que hace que se complique la cadena de pagos y se sume así otro factor que resta competitividad al sector.

Por otra parte, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) basados en los registros de la Aduana, las exportaciones de ropa cayeron 6,4 por ciento en el primer semestre de 2018 respecto de igual período de 2017. A principio de año, en tanto, entidades como la Asociación de Curtidores de la Provincia de Buenos Aires, la Fundación Pro-Tejer, la Federación de Industrias Textiles Argentina y Asociación Obrera Textil advertían que la caída del poder adquisitivo, el aumento de las importaciones y la fuga hacia el consumo externo ponían en peligro más de medio millón de puestos de trabajo en el sector textil.

Todas esas advertencias, lamentablemente, no fueron escuchadas por las autoridades nacionales. El resultado está a la vista: cierre de empresas y desempleo en aumento, a lo que deben sumarse las suspensiones que se disponen en muchas plantas como producto de la difícil coyuntura.

En el resto del mundo, en tanto, el mercado de las confecciones muestra fuertes cambios: el trabajo de confección comenzó a trasladarse desde China a otros países asiáticos, como Camboya y Vietnam, que desde hace varios años vienen dando señales que atraen a la industria internacional de la moda con exenciones de impuestos, a tal punto que grandes empresas que tenían sus fábricas en el gigante asiático resolvieron mudar sus plantas industriales a las otras dos naciones.

El desplome del consumo de producción con mano de obra local y el aumento de los volúmenes de prendas importadas resultó ser una combinación muy destructiva para los textiles en un escenario agravado por la fuerte presión impositiva que cae sobre el sector. Es de esperar que se adopten medidas para sacar de la crisis a toda la cadena de valor de la industria textil para evitar que el deterioro termine teniendo un costo aún mayor para entramado productivo argentino.

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