El “lobo de Wall Street” es una máquina
Quien haya visto la película Wall Street, de 1987, o la más moderna Lobo de Wall Street, de 2013, debe tener grabada la romántica imagen del operador de bolsa, un joven ambicioso capaz de no dormir por días mirando la pantalla de su computadora, atento a los avatares de la economía global.
Eso es el pasado, desde hace años a la economía la manejan computadoras programadas con algoritmos especializados que conforman lo que se denomina ‘inteligencia artificial’ y al parecer las decisiones que estaban basadas en impresiones y subjetividades humanas ahora está a cargo de ellas.

Se denomina ‘machine learning’ a la implementación de estos sistemas inteligentes de predicción e inversión que dejan muy poco al instinto del broker experimentado y es solo el primer paso hacia un futuro que acerca más las máquinas al proceso de análisis del cerebro humano conocido como deep learning.
Varios medios y analistas consideran que la brutal caída de Wall Street de febrero de este año, que arrastró a buena parte de las bolsas europeas, se debió, precisamente, a la ausencia de humanos en el proceso analítico: una máquina vende cuando se produce un sobresalto.
Y lo hace a una velocidad tal (un robot puede realizar millones de operaciones de compraventa en apenas algunos nanosegundos) que el mercado se hunde antes de que la noticia se estabilice.
Así, un avión de pasajeros cuyo contacto con tierra se perdió durante dos horas mientras volaba sobre Turquía puede desatar un pánico bursátil que se transmite de máquina a máquina hasta que algún humano se da cuenta, generalmente tarde y alguien ganó millones que otro perdió.
El potencial para la existencia del llamado lunes negro, que constituyó la peor baja en la bolsa neoyorquina de los últimos seis años, había sido advertido por Mark Gorton, presidente de Tower Research Capital, en 2016.
“La falta de control de las máquinas de inversión de alta frecuencia puede provocar una catástrofe en los próximos años”, lo cita un artículo de El Diario, de España. Gorton también afirmó que los controles que estaba implementando la bolsa de Nueva York al respecto eran insuficientes.
SIEMPRE EL DINERO

En un mundo donde el dinero se volvió intangible y pasa de banco a banco sin ninguna logística física el uso de computadoras se impone. Según un estudio de Boston Consulting Group (BCG) las 10 mayores entidades del mundo consideran que la Inteligencia Artificial tiene un potencial de resultados en US$ 220.000 millones.
“Tener una herramienta de inteligencia artificial (IA) que, por ejemplo, pueda realizar en forma autónoma el análisis de un instrumento financiero y su impacto al incorporarlo en un portafolio de inversión le permitirá al analista enfocarse en los aspectos más sofisticados del proceso”, se entusiasma Jackie Maubré, directora de Cohen, especialista en mercado de capitales.
“Del lado del cliente, es útil disponer de una herramienta que conozca su perfil de inversión y le acerque únicamente los instrumentos disponibles que mejoren el rendimiento y el riesgo de su cartera”, agregó. Uno de los primeros efectos de la IA en las bolsas del mundo es el ahorro de tiempo: “Hace unos años, invertir sin dedicar gran parte del día a analizar los movimientos del mercado y sin ser un experto se convertía en una lotería.
Hoy, el inversor medio puede hacerlo de forma inteligente con solo dedicar unos pocos minutos”, sostiene Ariel Spak, CFO de Microsoft Argentina en declaraciones que reproduce el portal Apertura.
DEMASIADO ENTUSIASMO
Mientras tanto, el mercado se muestra casi irresponsablemente entusiasta y optimista ante un panorama que se abre con innumerables posibilidades de las buenas y de las malas. “La IA sirve para crear portfolios más inteligentes y eficientes, rastrear algoritmos o personalizar avisos financieros”, define Rodrigo Marques Dos Santos, CEO y fundador de Atlas Quantum, startup brasilera de tipo fintech con una plataforma automatizada por algoritmos que analiza en tiempo real la oferta y la demanda del valor de bitcoins.
“Es posible examinar el historial de un inversor, sus respuestas a las preguntas declarativas que acompañan la adhesión a un servicio, su personalidad, su grado de aversión al riesgo, qué etapa de su vida está transitando, sus gustos particulares, su necesidad de liquidez.
Esto, combinado con información no estructurada, genera una recomendación personalizada, lo que le garantiza una experiencia única y relevante”, enfatiza Fernando Larralde, ejecutivo de Desarrollo de Negocios de IBM Argentina.
Solo el tiempo dirá si poner en manos de las computadoras los bienes y el futuro de, no ya millones de personas, sino de países enteros fue razonable. El potencial para ganar dinero es enorme y para un desastre global también.
El tiempo lo dirá.










