Malos hábitos en el tránsito
La Real Academia Española define a la palabra hábito como un “modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes”. Si se observa con detenimiento el caótico tránsito de la ciudad de Resistencia se podría concluir que buena parte del problema de la alta siniestralidad urbana reside en los malos hábitos de los que no están acostumbrados a respetar las mínimas reglas de seguridad vial, aunque es casi seguro que cada uno se percibe a sí mismo como un buen conductor.
Resulta interesante el sondeo que realizó la consultora de investigación de mercado Trial Panel, a través de una encuesta en la web donde se formularon preguntas para conocer cómo perciben la seguridad vial los argentinos. El estudio se hizo con participantes de todo el país para indagar cómo manejan los argentinos, las infracciones que cometen, cómo evalúan las medidas de seguridad que se han tomado en los últimos años, y cómo cambió la concienciación de la sociedad respecto a este tema. Los resultados revelaron que, en todo el país, hay una enorme diferencia entre cómo se percibe la propia conducta en el espacio público y lo que realmente sucede: el 90 por ciento de los conductores argentinos se considera un buen o muy buen conductor, pero el 75 por ciento admite que comete infracciones con frecuencia. Esa contradicción está, por supuesto, presente entre los conductores de la capital chaqueña, ciudades del área metropolitana y muchas localidades del interior también.
Según el sondeo que se hizo a nivel nacional, entre las infracciones más comunes que reconocen cometer los argentinos están el uso del celular (86 por ciento dijo que comete esta infracción) y el exceso de velocidad (74 por ciento). Sin embargo, el 90 por ciento de los encuestados considera ser buen o muy buen conductor, y el 10 por ciento restante no se considera ni bueno ni malo. Pero eso no es todo: cuando se les preguntó por las infracciones, el 25 por ciento dijo que nunca cometió infracciones; el 73 por ciento que lo hizo pero con poca frecuencia, y solo un 2 por ciento reconoció que lo hace con bastante frecuencia. Como se dijo, en los primeros puestos del ranking de infracciones se encuentran el uso del celular (86 por ciento) y el exceso de velocidad (74 por ciento); luego siguen el mal estacionamiento (65 por ciento); conducir bebiendo alcohol (60 por ciento); pasar semáforos en rojo (56 por ciento); no usar cinturones de seguridad (50 por ciento); viajar con niños sin que estos estén sujetos a sillas de seguridad (39 por ciento); y no encender las luces bajas en ruta (23 por ciento). Circular sin matafuegos en el vehículo; sin revisión técnica, y sin comprobante de seguro, en tanto, se ubica en un 24 por ciento. Un aspecto que llama la atención es que a pesar de reconocer que se cometen infracciones, los consultados se mostraron de acuerdo con las medidas que se adoptan para prevenir accidentes. Así, por ejemplo, el 98 por ciento dijo estar de acuerdo con los controles de alcoholemia, el 90 por ciento con los controles de velocidad; y el 94 por ciento con la instalación de semáforos con cuenta regresiva.
En Resistencia, lamentablemente, se ven con frecuencia muchas de estas infracciones, y también se advierte cómo en los horarios con mayor movimiento de vehículos algunos automóviles y la mayoría de los motociclistas realizan maniobras de alto riesgo en zonas con muchos peatones. Esta ciudad, en constante crecimiento, sufre también los malos hábitos de peatones que circulan por lugares no habilitados, cruzan las calles o avenidas por cualquier lugar (y no por la senda peatonal corresponde) o de ciclistas que no prestan atención al entorno en el que se mueven, pese a que, junto con las personas que circulan a pie y motociclistas, son el eslabón más vulnerable del sistema vial y que se llevan la peor parte en los accidentes.
Cabe recordar que en el último informe en el que aborda la situación sobre la seguridad vial en Argentina, el Observatorio Vial de la Agencia Nacional de Seguridad Vial arribó a la conclusión de que el norte argentino es la zona más comprometida en términos de seguridad vial. A la luz de estos datos, es necesario que se lleven a cabo campañas de educación vial que, de alguna manera, sienten las bases para cambiar estas malas costumbres. Seguramente transformar esta realidad llevará tiempo, pero eso no debe ser una excusa para no actuar.










