El cambio climático amenaza al campo
Los efectos del cambio climático ya se sienten en todo el país, con fenómenos de gran intensidad que alternan sequías con inundaciones que afectan especialmente a la actividad productiva del campo. El nuevo escenario obliga a replantear estrategias de producción para atenuar el impacto de estos desastres naturales.
Hace poco la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estimó que las pérdidas por la sequía que afectó especialmente a la campaña de soja y maíz 2017/2018, podría llegar este año a los 6.000 millones de dólares, debido a que por la falta de precipitaciones se perdieron alrededor de 27 millones de toneladas de granos gruesos. Según la misma fuente, el Producto Bruto de ambas cadenas estará un 23 por ciento por debajo del nivel que podría haber alcanzado en caso de no haber existido una sequía. No caben dudas, entonces, que los fenómenos cada vez más extremos originados en el cambio climático ya impactan directamente en la economía, tal como lo vienen advirtiendo desde hace varios años científicos que estudian el problema y plantean la necesidad urgente de reducir a nivel global las emisiones de gases de efecto invernadero.
Si bien la Argentina aporta a la atmósfera solo el 0,7 por ciento de las emisiones de esos gases, lo que resulta poco si se lo compara con el 25,36 por ciento de China, el 14,4 por ciento de Estados Unidos o el 10,16 por ciento de la Unión Europea, es necesario que nuestro país sume su voz en los foros internacionales donde se proponen medidas para mitigar los efectos del calentamiento global. Es que por su estructura productiva y su ubicación geográfica la Argentina es uno de los países que puede resultar más afectado por el cambio climático y por fenómenos relacionados que son cada vez más extremos.
Un informe de la Dirección de Estimaciones Agrícolas y Delegaciones, dependiente del Ministerio de Agroindustria, dio cuenta de las aéreas inundadas y anegadas de la zona centro del país en el primer semestre de este año. Según este documento, Buenos Aires contó con casi 1.300.000 hectáreas inundadas y con el área anegada de 3.000.000 hectáreas, en tanto la provincia de Córdoba llegó a casi 130.000 hectáreas inundadas y anegadas a más de 40.000. La Pampa tuvo 160.000 inundadas y más de 100.000 anegadas. La provincia de Entre Ríos, en tanto, tuvo más de 70.000 hectáreas bajo agua y más de 700.000 sin posibilidades de ser trabajadas. En Santa Fe se registraron el período mencionado 80.000 hectáreas inundadas y otras 30.000 que quedaron improductivas. De acuerdo al informe del Ministerio de Agroindustria de la Nación, la sumatoria de la superficie inundada más la anegada se ubicaba cercana al 20 por ciento en la zona de coberturas agrícolas y en un 80 por ciento en la zona de coberturas ganaderas.
Cabe recordar, por otra parte, que en julio pasado el Ministerio de Agroindustria de la Nación declaró la emergencia agropecuaria por sequía en distintas zonas productivas de las provincias del Chaco, Santa Fe y Córdoba, tras la recomendación que, en ese sentido, realizó la Comisión Nacional de Emergencia y Desastres Agropecuarios. Si bien la mayoría de los productores del campo tienen en claro que lidiar con situaciones climáticas adversas es parte del duro trabajo que realizan todo el año, debido a que los fenómenos extremos del clima son cada vez más frecuentes y, por lo tanto, el impacto es mayor en la actividad productiva, se hace necesario replantear las estrategias que permitan reducir los riesgos. En ese sentido, se deben explorar nuevas alternativas que brinden cobertura a las actividades agropecuarias frente a los nuevos fenómenos climáticos extremos. De hecho, en distintos países de la Unión Europea, por ejemplo, se viene trabajando en la gestión de riesgos a fin de dar respuestas con los seguros agrarios a los desafíos que plantea esta nueva realidad que se caracteriza por la aparición recurrente de fenómenos climáticos de gran intensidad que, en el caso de nuestro país, colocan a casi un 30 por ciento del territorio nacional -según estimaciones de investigadores del INTA- en estado de emergencia permanente.










