Dalmasso, la vocación del dirigente
El 27 mayo el club celebró sus 75 años con la emoción de ver una la institución consolidada y en firme crecimiento. Testigo ineludible de esa historia es don Isidro Luis Dalmasso, quien lleva 47 años en la institución.
La de Dalmasso, orgullo de su familia, es una historia de vocación y servicio a la comunidad. Vino desde San Justo, Santa Fe, y el calor chaqueño lo atrapó para siempre. Docente de alma, llegó a ser director regional. Nacido en 1936, cumplió 82 años el 15 de mayo. Este fue parte del extenso diálogo con NORTE.

-¿Qué le dijeron, como lo convencieron de instalarse en Santa Sylvina?
-La historia es un poco larga, pero vamos a tratar de resumirla. Arranqué mi vida laboral trabajando en el sur como empresario, y de verdad me iba muy bien. Pero las políticas económicas que de tanto en tanto aparecen me dejaron sin nada, perdí todo, quedamos en la calle. Junto a mi señora desempolvamos el título de maestro que teníamos guardado, y nos vinimos al Chaco. Yo tenía un hermano en Resistencia, y llegamos para ver la posibilidad de trabajar juntos en una escuela. No era fácil hacerlo en estas tierras. Llegué a Santa Sylvina justo el día de San Pedro y San Pablo, un 29 de junio de 1963. Era un pueblo perdido en un rincón de la provincia, donde no teníamos luz, teléfono, radio, caminos. Sólo había miseria. Hoy todos pueden ver una localidad pujante, encantadora. Por eso no quisimos irnos más, y no nos vamos a ir nunca más. En verdad, llegamos por tres meses. Porque teníamos la propuesta de ir a Ingeniero Jacobacci, Río Negro. Cuando debíamos partir, nos enteramos de que las temperaturas eran de 15 grados bajo cero. Ahí decidimos abrazar el calor del Chaco.

-Usted llegó desde San Justo, Santa Fe…
-Claro, y significó un contraste muy grande, porque acá no había nada, era desolado. Por eso destaco el salto que ha tenido mi ciudad. Los habitantes no dimensionan lo que ha crecido.
-¿Cómo se vincula al club Comercio?
-Fue un tanto accidental. Lo primero que hice cuando llegue fue buscar un club, y el que estaba en escena era Cultural, nuestro tradicional adversario. Comercio estaba agonizando, casi desaparecido. Su único capital era un terreno de 20x60 que ni siquiera estaba escriturado a su nombre. Las deudas eran importantes. Sólo había una cantina en precarias condiciones, un pequeño escenario y una pista de 10x10. Era muy pobre. Yo me vinculé a Cultural, les contaba, porque comía allí, jugaba a las bochas, a los naipes y la cuestión era entretenerse en las horas libres que daba el trabajo. Pero, claro, parece que mi perfil de maestro no medía. Allí concurría la gente más adinerada por aquellos años, y yo siempre se los dije, de frente, como corresponde.

-¿Comercio no tenía hinchas, no contenía a la gente del pueblo?
-Era curioso, porque tenía mucha gente que lo llevaba en el corazón, pero estaba aletargada, dormida. Lo cierto es que un colega docente, me contó que iban a echar al cantinero. Yo era su amigo, pero no tenía relación con la institución. Y la propuesta fue defender a Comercio y, a pesar de no ser socio, me sumé al trabajo. Fue un 18 de mayo de 1970. Caí ahí, y me miraron medio como carne de cogote. En la reunión había un socio fundador que me dijo: “Y usted, ¿qué hace acá?, intruso”. Yo no era de Cultural, mi único amor era Colón de San Justo, donde estuve muchos años en la comisión. Es más: desde los 15 años iba a ese club. Bueno, les dije que venía a sumar, y se eligió una comisión por 60 días para reorganizar el club, donde me nombraron secretario. Pasado ese plazo me eligieron presidente. Y estuve durante 38 años.
-Y hoy es presidente vitalicio…
-Hoy sí, y es un poco el final de la historia. En algún momento se propuso un cambio y pasé a ser secretario bajo la presidencia del profesor Jorge Piela. Estuvo seis años, y luego volví a ejercer la presidencia. Hasta que empecé a perder la vista, así que le dije a Jorge que debía tomar el timón. Así ocurrió, siempre acompañando, como vicepresidente primero. A pesar de las dificultades para la visión, mi memoria me permite tener registrado todo lo que ocurre en la institución.

-¿Cómo fue la evolución de Comercio desde su llegada, hasta convertirse en la potencia que es hoy, uno de los más importantes del Chaco?
-No quiero ser vanidoso, pero creo que en lo económico y en lo social es la más poderosa. Se practican 14 disciplinas en forma permanente. Cada semana tenemos delegaciones del club participando de distintos eventos nacionales. Además, con la inauguración del segundo gimnasio, el estadio con cabinas refrigeradas, y mucho más.
-¿Qué les cambio la vida?
-Siempre me preguntaba cuando veía otros escenarios, cuando nosotros podríamos tener eso. Y un día de hace muchos años conseguí traer el bingo. Dio resultado, lo trabajamos bien, con seriedad, responsabilidad. Y ahí quiero hacer una metáfora que muestra cómo se hacen las grandes cosas. No es solamente el arador que está sobre el arado, sino hay que ver a los que tiran del mismo. Acá tiramos del arado todos juntos. Tenemos mucha gente con capacidad y empuje. En su visita a nuestra casa, me quedó una anécdota de un dirigente de Clorinda, que no podía creer las instalaciones que tenemos. Me dijo: “Este club está mal ubicado, esto es para una gran ciudad…”. Me sonreí para decirle que la gente de Santa Sylvina hizo el club que se merece. Nuestra composición social es de clase media, trabajadora. Hoy tenemos más de 40 hectáreas, con pileta, canchas de bochas de piso sintético, dos de pádel cubiertas, un gimnasio de 30 por 60, y ahora otro más grande aún en el centro.
-Ustedes con la institución no dejan de sorprender al visitante...
-Es cierto. Cuando vinieron los de Argentinísima para transmitir nuestro festival folklórico, uno de los productores me decía: “Nunca vi un club que tenga tantos árboles”. Tenemos tres mil ejemplares, de los cuales 2800 los planté yo.

-Siempre suman sorpresas y cosas para los socios…
-En el último predio que se compró, entre el asfalto y el acceso, tenemos la pista iluminada con boxes techados, se practica el tiro al platillo. Además se comenzó a construir un barrio de viviendas. Arrancamos con 5 viviendas de buenas dimensiones. ¿Cómo nace esa idea? Bueno, es una inversión importante, que rinde más que tener el dinero parado.
-Cuentan con un prestigioso producto como el Bingo, que se vende en casi todo el país…
-Es cierto, se vende hasta en Tierra del Fuego. Y la demostración más palmaria es cuando llegan de todo el país para el sorteo final. Se juntan entre 45 y 50 mil personas para ese evento.
-Además presentan a artistas de primer nivel cada año…
-Muchos y buenos. Por recordar algunos, Imaguaré, Amboé, Banda XXI, el Chaqueño Palavecino, Ráfaga y estamos trabajando para este año.
-¿Cuál es la filosofía para que se pueda nuclear tanta gente?
-Creo que la base es el respeto por cada uno de los socios. No le preguntamos a nadie qué religión profesa, a qué partido político pertenece, no le miramos el color de piel, tratamos a todos de la misma manera y todos se sienten integrados. La única condición es ser buena gente.

-¿Con que cuentan para el caluroso verano chaqueño?
-Tenemos tres piletas. Una con un tobogán con dos recorridos que suman 108 metros, tiene 10 metros de altura y lo trajimos desde Santa Fe. Hay otro más chico y el baldazo de agua, con un tanque que arroja 200 litros de agua cada rato. Otra manera de divertirse. Viene gente de Hermoso Campo, Du Graty, Villa Ángela, colectivos con gente de Nocheros, Gato Colorado, se junta mucha gente y se generan entretenimientos para todos. Se puede practicar pádel, futbol 5 de piso sintético, dos canchas de básquet. También 5 canchas iluminadas que se usan a pleno...
-¿Qué tenía San Justo, que generó tantos dirigentes en distintos puntos del país?
-La Escuela Normal era un semillero de dirigentes. De ahí salieron muchos y prestigiosos, como el presidente de River, William Kent; Juan Mantovani, pedagogo con prestigio internacional. En Resistencia lo tuvieron a Juan Carlos Silvestrini haciendo su aporte a Regatas y For Ever. Él se recibió de maestro un año después que yo.
Las instalaciones
“El traspaso del Barrio Sur adonde se encuentran hoy nuestras instalaciones enojó a mucha gente. En ese entonces estaba Salvador Cadaviz de intendente, quien nos ofreció dos hectáreas, más una a la venta a cambio de la manzana que es donde se encuentra ahora el Barrio Hipólito Irigoyen. Y yo acepté, sin dudarlo. Esas tres hectáreas tenían varias represas que tuvimos que tapar con alrededor de 3 mil toneladas de tierra. Después fuimos comprando más terreno, y hoy tenemos 23 hectáreas: donde está el predio, más once hectáreas que es donde está el kartódromo, sobre el acceso sur a Santa Sylvina. Y allí es donde tenemos pensado instalar un Hotel”
“En los inicios se pensó en un club de fútbol, pero el devenir del tiempo le permitió sumar múltiples disciplinas, para llegar a 14. Así fueron llegando las bochas, más tarde caza y pesca, pato, judo, y hasta el karting. Peleé casi 25 años con la comisión directiva para tener natación, y construir la pileta que hoy es un orgullo para la región”.
Una frustración
“No haber podido asumir nunca la presidencia del Consejo de Educación, para el que había sido nominado por la Cámara de Diputados con una votación favorable de 19 a 13, y a propuesta del Salvador Cadaviz, durante el gobierno de Daniel Luis Baroni”.
La familia
Es el gran orgullo de Isidro Luis Dalmasso. Está casado con Matilde Eva Camila Bargero. Tiene tres hijos: Oscar Darío, presidente del Consejo Municipal en Coronel Du Graty; María Luz, docente jubilada; y Adrián Javier, ingeniero en Goya. Tiene siete nietos, tres profesionales en Rosario (psicóloga, médica y arquitecta), dos en Santa Sylvina (veterinarios) y dos en Corrientes.










