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Caen expectativas de creación de empleo

La última Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), que elabora todos los meses el Ministerio de Trabajo de la Nación, confirma el mal momento que atraviesa la economía argentina. Según ese sondeo, las expectativas de creación de empleo en el sector privado cayeron en junio pasado al nivel más bajo de los últimos cuatro años.

El informe difundido por la cartera laboral explica que la encuesta se realiza todos los meses relevando los datos de unos 3000 empleadores del sector privado de distintas regiones del país, lo que representa el 53,5 por ciento del total de los asalariados registrados. La muestra que se toma en estos casos presenta información de empresas radicadas en el Gran Buenos Aires y las áreas metropolitanas de Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, Santa Fe, Paraná, Resistencia (incluye, además de la capital provincial, las ciudades de Barranqueras, Vilelas y Fontana), Bahía Blanca, Jujuy, Mar del Plata y La Plata, es decir los conglomerados urbanos más poblados donde se concentra la mayor actividad en el sector privado.

El análisis de los datos recolectados para este sondeo reveló que la diferencia entre la proporción de empresas que esperan aumentar sus plantas de personal y aquellas que tienen previsto disminuirlas fue de 1,1 por ciento en junio. Cabe aclarar que la encuesta indaga sobre las perspectivas que tienen los empresarios para los próximos meses, es decir cuál es la actitud que asumirán en el corto plazo en relación a cómo ven el escenario económico y social del país.

De manera que, teniendo en cuenta el fuerte impacto en los bolsillos de la reciente crisis cambiaria y la pérdida de confianza que tiene la población en general respecto al plan económico del gobierno nacional, no debiera sorprender que las expectativas de creación empleo privado, estén en su peor nivel desde la devaluación de 2014.

De hecho, desde la misma Casa Rosada se advirtió que los próximos meses serán más críticos para la economía, a lo que debe agregarse que según datos oficiales- el empleo en la industria de la construcción también está paralizado y con pocas señales de recuperación, al menos en el corto plazo. Este último dato es preocupante porque el sector de la construcción fue el que mejor desempeño mostró en la breve primavera de recuperación que se vivió a fines del año pasado. En rigor, la construcción ya venía exhibiendo una desaceleración en su tasa de crecimiento desde enero pasado, en abril registró una caída de 0,1 por ciento de trabajadores para llegar a mayo con un desplome aún mayor, con una pérdida de 1.600 puestos de trabajo (-0,4 por ciento), según las cifras que aporta el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).

Para algunos economistas, este retroceso en los niveles de empleo en la construcción se explica en buena medida por la recesión, la parálisis de la obra pública y la incertidumbre que aumentó tras la última corrida cambiaria. Cabe recordar que la construcción no registraba un comportamiento negativo mensual desde mediados de 2016.

Según el Sistema Integrado Previsional Argentino, los trabajadores registrados del sector privado fueron 5900 menos en mayo (-0,1 por ciento) comparado con los resultados de las mediciones que se hicieron en abril pasado. Los empleados totales, en tanto, mostraron una caída desestacionalizada de -0,1 por ciento, esto es 16.900 trabajadores menos.

Sobre este último indicador, vale aclarar que incluye tanto a trabajadores independientes privados como a los del sector público.

Otros sectores de la economía también muestran señales preocupantes a lo largo y ancho del país: la industria perdió 3400 trabajadores (-0,3 por ciento), el Comercio también sufrió pérdidas de puestos genuinos de trabajo (-0,1 por ciento), y Hoteles y Restaurantes (-0,3 por ciento). Es evidente que las políticas económicas que impulsa el gobierno nacional, que privilegian la especulación por sobre el trabajo y la producción, no solo no han logrado promover la creación de nuevos puestos de trabajo, sino que han profundizando una crisis que golpea a millones de argentinos. Lo que más preocupa es que pese a estos indicadores negativos no se advierte un cambio de rumbo que, al menos, permita mitigar el duro impacto que estas políticas tienen sobre el trabajo y los sectores productivos.

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