Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°
PARA LEER Y DISFRUTAR EN VACACIONES DE INVIERNO

Cosas de hombres

En la clase de Anselmo se acaba de liar una buena. El maestro había pedido a los niños que, durante el recreo, se organizaran en grupos de cuatro o cinco para hacer equipos de limpieza para colaborar en las tareas de mantenimiento del colegio. Pero en la clase de Anselmo varios niños se habían negado.

-Yo soy un chico, y los chicos ni barren, ni friegan, ni limpian el polvo. Eso es cosas de chicas -decía Paco.

-Eso, que lo hagan las chicas mientras nosotros mandamos y comprobamos lo bien que lo hacen -decía Antonio. 

escolar.jpg

-Pero ¿de qué vais? -intervino Anselmo-. ¿Esos no hacen nada en su casa?

-En mi casa lo hacen todo entre mi madre, mi abuela y mi hermana -dijo Paco-. Mi padre y yo nos dedicamos a hacer cosas de hombres.

-Nosotros tenemos contratada a una señora que se ocupa de hacer todo en casa -dijo Antonio-. Y si hay que hacer algo más se ocupa mi madre. Mi padre y yo también nos dedicamos a hacer cosas de hombres.

-¿No hacen la cama ni ayudan a poner la mesa? -preguntó Anselmo.

-¡No! -contestaron Paco y Antonio al unísono.

-Eso es cosa de mujeres, igual que limpiar, barrer, cocinar, planchar y todas esas cosas -añadió Paco.

-Pues yo me hago la cama, pongo y quito la mesa e incluso lavo los platos después de comer -dijo Anselmo.

-Eso de ayudar en casa es una tontería feminista -le espetó Antonio.

-¡Qué bobadas dices! -dijo Anselmo-. Yo no ayudo, colaboro, que no es lo mismo.

-Entonces, ¿no haces cosas de hombres con tu padre? -le interrumpió Paco.

-La verdad, no sé a qué te refieres con eso de hacer cosas de hombres -respondió Anselmo-. Yo paso mucho tiempo con mi padre y hacemos muchas cosas. Pero en todo pueden participar mi hermana y mi madre, y no hay ningún problema. Y nosotros también hacemos eso que ustedes llaman cosas de chicas. Es más, mi padre barre, lava, plancha y cocina, limpia lo que haya que limpiar y coloca lo que sea necesario. Y cuando mi hermana y yo éramos pequeños nos bañaba, nos cambiaba los pañales, nos daba de comer y nos sacaba de paseo.

-¡No fastidies! -dijo Antonio-. ¿Tu madre no hace nada?

-¡Claro que sí! -dijo Anselmo-. Lo mismo. Mis padres se reparten las tareas. Mi hermana y yo colaboramos en la medida que podemos, para que nuestros padres tengan más tiempo para descansar, para cuidarse y para estar con nosotros. Para nosotros no hay cosas de chicos ni cosas de chicas.

-¡Vaya tontería! -dijeron Paco y Antonio.

-De tontería nada -dijo Anselmo-. Se llama corresponsabilidad, y más les vale que se pongan las pilas, chicos, porque esa actitud vuestra no sirve para nada. Porque ocuparse de la familia y de la casa es cosa de mujeres y de hombres. Y en el colegio pasa lo mismo. Así que dejen de hacer el ridículo con esos argumentos caducos y repartanse las tareas. Justo en ese momento sonó el timbre y el profesor entró por la puerta.

-¿Ya se han organizado? -preguntó.

-Hemos estado discutiendo sobre las tareas domésticas, profesor -dijo Anselmo-. Ha sido un debate muy productivo.

-De acuerdo, pues organícense ahora, por favor -dijo el profesor. Nadie quise ponerse en el grupo con Paco, Antonio y con los otros chicos que habían defendido que no iban a ponerse a limpiar, así que ellos tuvieron que formar un grupo, por lo que no les quedó más remedio que asumir lo que tenían que hacer. Después de eso todos decidieron empezar a arrimar el hombro en sus casas colaborando con las tareas. Porque no hay equipo más importante que las que se forma con la propia familia. Y un equipo no avanza sin la colaboración y el compromiso de todos.

escolar2.jpg

El niño que no ayudaba en casa

Valores: ayudar, igualdad Hugo no quería hacerse la cama. Tampoco quería recoger su ropa, ni sus juguetes, ni ayudar a poner y quitar la mesa. Su madre le decía todos los días que tenía que ayudar con las tareas domésticas, pero a Hugo le daba igual.

- Papá tampoco hace nada y a él no le retas ni le sermoneas -le decía Hugo a su madre.

- Papá trabaja todo el día y cuando llega está muy cansado -decía su madre-. Y yo necesito que alguien me ayude.

- ¡Pues que te ayude él! Yo también estoy muy cansado cuando vuelvo del cole. La mamá de Hugo llevaba tal ritmo de trabajo dentro y fuera de casa que un día no pudo más, cayó enferma de cansancio y se la tuvieron que llevar al hospital. El caso es que la madre de Hugo no volvía. Y el padre de Hugo no conseguía sacar tiempo para trabajar dentro y fuera de casa. De modo que la casa se empezó a llenar de suciedad. La cama de Hugo tenía las sábanas arrugadas y sucias y la cama de su papá también. Y en pocos días se quedaron sin ropa limpia.

-Tendremos que organizarnos con la casa -dijo el papá de Hugo a su hijo - No podemos seguir así. Tendrás que ayudarme. Durante días a Hugo no le quedó más remedio que hacer su cama, recoger su ropa y sus juguetes y limpiar su habitación. Su papá tuvo también que aprender a cocinar, a lavar y a planchar la ropa, a limpiar y a hacerse la cama. Cuando la madre de Hugo volvió a casa su padre y él la recibieron con una gran alegría. 

- ¡Te hemos echado de menos! -dijeron padre e hijo.

-Parece que al final han conseguido organizarse sin mí -dijo ella. Desde entonces, los tres se reparten las tareas domésticas, y la mamá de Hugo no ha vuelto a ponerse enferma. Además, les queda tiempo para hacer un montón de cosas divertidas todos juntos.

Autor: Eva María Rodríguez Edades: Todas las edades

Valores: responsabilidad, igualdad

Te puede interesar