El ejemplo de la Bienal
Una de las características del Chaco fue desde siempre el empuje de quienes lo formaron y quienes llegaron para habitarlo. Y también de los originarios, que no se rindieron a la invasión española, se refugiaron en los montes y fueron de los pocos que se salvaron del exterminio como sucedió en otras regiones del país.
La corriente inmigratoria que llegó de los países de la devastada Europa desde fines del siglo 19 y hasta casi la mitad del 20, se afincaron en su territorio virgen y por su obra surgieron los pueblos a la vera de las vías de los ferrocarriles, cultivaron la tierra y crearon el emporio cooperativo algodonero.
Engendraron centenares de escuelas en parajes, pueblos y ciudades donde acudieron maestros llegados desde todo el país, lo mismo que médicos y otros profesionales que ayudaron a echar los cimientos del nuevo Chaco devenido en provincia en 1951.
El empuje y la fuerza fueron los que crearon esta provincia que, pese a todos los avatares y a muchas pérdidas de lo que había conseguido y de renunciar a muchos de los propósitos que se trazaron, sigue en la lucha y en la creación de nuevos espacios y de nuevos emprendimientos.
Lo que está pasando desde el sábado último y que proseguirá hasta el 21 de esta semana, la nueva edición de la Bienal Internacional de Escultura, y que este año cumple ya tras décadas, es una prueba de ello. Se trata, según sus organizadores, del certamen de escultura a cielo abierto más importante del mundo.
No hay dudas, así como aquel algodón que se cosechaba a mano, en cantidades nunca igualadas y que iba a parar a hilanderías de todo el mundo, hoy las esculturas y su certamen hacen conocer al Chaco en todo el mundo. Tanto clima de mundial ha coincidido, esta vez con esta competencia de arte única en el planeta.
A quienes la soñaron de esta manera, vale la pena otorgarle el título de pioneros aferrados a una utopía que, confiaron, no era tal. En una provincia llena de carencias, con muchos pobres y ya con crisis que habían hecho huir a miles de familias a periferias de grandes ciudades, con la mayor cantidad de analfabetos del país y muchas otras carencias, era una inversión de riesgo hacer un certamen internacional de escultura.
Sin embargo, lo hicieron y lo que está pasando a estas horas le da razón sobrada a su osadía. Resistencia, capital de la provincia del Chaco, una de las más pobres de Argentina, es capital mundial de la escultura.
Una historia que cumple tres décadas
Todo empezó el 18 de junio de 1988 cuando se inició en la plaza 25 de Mayo de Resistencia el “Primer Certamen Nacional de Escultura en Madera”. Participaron 35 escultores de todo el país, entre ellos cinco del Chaco, que esculpieron, ante la vista del público hasta el 24 de junio.
La organización fue de la Dirección de Turismo en coordinación con la subsecretaría de Cultura. El primer premio fue para el escultor Hernán Dompé de Capital Federal, por su obra “Totem”.
Los premios se entregaron ante una multitud y en un clima de fiesta. Escultores de todo el país tallaron a cielo abierto y ante la vista del público un tronco de urunday, de madera muy dura. Si bien el concurso en sus orígenes comenzó con un carácter local y nacional, lentamente pasó al ámbito internacional.
Su denominación cambió a lo largo de los años, de acuerdo a las características del momento: Concurso Nacional de Escultura en Madera (6 ediciones: 1988 -1993), Concurso Internacional de Escultura en Madera (2 ediciones 1991 - 1994), Trienal Nacional de Escultura en Madera (1995), Trienal Americana de Escultura (1996), Concurso Milenio (1999) y finalmente Bienal Internacional de Esculturas desde 1998.
En las primeras ediciones el único material permitido era la dura madera del Urunday, árbol fuertemente ligado al desarrollo del Chaco.
Sin embargo, desde 1996 se permitió el uso de otros materiales, como el mármol travertino y distintos metales. Para la edición 2006, se cambió el escenario y se realizó en el Paseo Costanero, junto al Domo del Centenario, a orillas del río Negro, donde funciona también el Museo de las Esculturas.
Todo el Chaco
Sin embargo, cuando se habla de la Bienal, surgen dos nombres adosados a ella, Fundación Urunday y Fabriciano su alma mater, que fueron los promotores apoyados por toda la comunidad del Chaco: gobierno, empresas y el pueblo todo, que tomó como suya esta iniciativa.
Lo que se ve hoy es una prueba elocuente de ello. Se han sumado todas las manifestaciones del arte, de la gastronomía, de la artesanía y de lo que uno se imagine, superando la capacidad física de las instalaciones que fueron remodeladas y acondicionadas pocos días antes.
Los distintos organismos del gobierno, del municipio, de entidades de la cultura, se han sumado para dar brillo al acontecimiento que también da lugar a cada vez más manifestaciones que sirven para apuntalar esto que nos pone a consideración del mundo.
Hoy todos estamos orgullosos de este acontecimiento del Chaco con repercusión mundial y todo por obra de unos visionarios que no desmayaron ante las dificultades y que creyeron contra toda esperanza. Las casi 700 esculturas que pueblan las calles son honradas como se merecen. Es una demostración de que se pueden plasmar iniciativas, ideas, proyectos en los que todos estén de acuerdo.
Es una lección para quienes hoy conducen el país y la provincia. Han pasado treinta años y en cada edición se ha consolidado más. Esto también puede ser posible en otros ámbitos en que los argentinos estamos tan desunidos.










