“Nosotros” y “los otros” en los medios
VALORES 
 El acto de representar supone, necesariamente, la selección de algunos aspectos sobre otros. Representar implica valorar ciertos rasgos (más que otros) del tema o de la cultura que se busca representar.
Las valoraciones que hacen los medios suelen influir sobre las opiniones que se forman las personas sobre ese tema o cultura. Los valores no son propiedades que poseen los objetos o los individuos, como la altura, el peso, la forma o el color. Dependen de la relación de ese objeto o individuos con quien realiza el acto de valorar.

Así, la belleza de un objeto no forma parte propiamente de él: el objeto es bello para alguien que lo está mirando. Y los valores dependen del contexto cultural e histórico de la sociedad que valora. Los valores suelen ser socialmente compartidos, aunque también pueden ser individuales.
Una persona puede valorar positivamente cosas que para otros miembros de su comunidad carezcan de valor. Se valoran conductas, actitudes, rasgos de personalidad, objetos, etc. Los valores hablan de reglas y normas orientadoras de la conducta social o individual que nos indican cómo comportarnos en distintas situaciones.
Ser tolerantes, defender la igualdad de los hombres, la libertad y la justicia, son valores que se transmiten desde la escuela: son valores compartidos y consensuados. Hay otros valores que no son consensuados, que son rechazados por todos o casi todos, y que se oponen a los valores compartidos, los llamaremos contravalores.
En este grupo ubicaremos a la esclavitud, la desigualdad, la injusticia, la violencia, etc. Todo lo que transmiten los medios de comunicación, historias de ficción, series, telenovelas, noticieros, documentales, películas, artículos de opinión, crónicas, etc es portador de valores.
Es importante saber reconocer qué valores transmiten los medios en sus mensajes, analizar por qué han elegido ciertos valores y no otros y cómo se vinculan a los que sostienen las audiencias.
ESTEREOTIPOS
Los valores pueden – a veces- convertirse en estereotipos. Cuando una serie muy limitada de símbolos y valores se presentan repetidamente como algo “típico” de un determinado grupo social o una situación, hablamos de estereotipos.
Cuando lo que se dice de un grupo (la mujer, los jóvenes, los inmigrantes, etc.) es parcial y siempre igual, solemos hablar de estereotipos.
¿Qué es entonces, un estereotipo? Un estereotipo es una representación frecuente, parcial y simplificada sobre un grupo de gente, que resulta de la selección de unos pocos rasgos entre una gran cantidad de posibilidades para representarlo.

Cada uno de nosotros, en su vida cotidiana, utiliza cientos de estereotipos presentes en las imágenes que solemos tener de ciertos objetos, situaciones y grupos. Supongamos, que quisiéramos dibujar a una abuela. Seguramente, muchos pensaremos en una mujer mayor, con cabellos blancos, rostro arrugado, anteojos, vestida de manera conservadora y sentada en una silla mecedora.
Sin embargo, todos conocemos muchísimas abuelas que no responden a esta descripción. A pesar de ello, para pensar en una abuela, recurrimos a un estereotipo que refleja una única visión. Podría argumentarse, sin embargo, que algo de verdad encierra el estereotipo de abuela: las abuelas pueden tener cabello blanco y usar anteojos.
Y es cierto: sucede que los estereotipos suelen ser parcialmente ciertos y parcialmente falsos. Las características que se señalan pueden ser ciertas (y en esto son veraces) pero no son las únicas (y en esta reducción reside la falsedad).
Dicho de otro modo, hay abuelas con cabello blanco y en mecedoras. Pero no es éste el único rasgo de una abuela, ni todas las abuelas son así. Hay abuelas que se tiñen el pelo, que trabajan, que no tienen mecedoras, etc.
Lo que sucede con los estereotipos es que los elementos elegidos para categorizar a un grupo social pueden ser verdaderos, pero son una selección reducida, simplificada, parcial y que no incluye otros rasgos que trazarían una imagen más completa del grupo social, en este caso, de las abuelas.
Los estereotipos, están instalados en la sociedad y con frecuencia son acentuados por los medios de comunicación. Son una representación convencional y simplificada de grupos de gente a quienes se encasilla en una determinada categoría según su aspecto, conducta o costumbres.
Existen estereotipos de nacionalidades, de clases sociales, de ocupaciones, de profesiones, de razas y de género. De cualquier modo, no todos los estereotipos aparecen con la misma fuerza: la mujer aparece estereotipada con más frecuencia en la publicidad que los hombres.
Ningún estereotipo permanece invariable ni es eterno a lo largo del tiempo. Si bien son difíciles de modificar, con el paso de los años y las transformaciones que la misma sociedad atraviesa, las imágenes estereotipadas de los diferentes grupos sociales se modifican poco a poco de acuerdo con los procesos de cambio social.
Precisamente por eso, es posible (e importante) interrogar y desafiar los estereotipos. Los estereotipos –como vimos en el caso de la abuela- forman parte de nuestra vida cotidiana. Los construye la misma sociedad. Por el alto grado de consenso que poseen, se convierten en la forma ”normal” y “natural” de pensar, hablar y hacer bromas sobre ese determinado grupo.
Es “natural” pensar y describir a las abuelas como de cabello gris, anteojos y en silla mecedora, aun cuando en la realidad muchísimas abuelas no tengan nada que ver con esa imagen. Los medios de comunicación no crean ni inventan los estereotipos.
Ciertamente pueden transmitirlos y, muchas veces, reforzarlos. La presencia de estereotipos en los medios se debe a que de esta manera, son fácilmente reconocibles por las audiencias. Pensemos, por ejemplo, en cualquier programa humorístico o en una historieta.
Es fácil identificar al empleado público ineficiente, al gerente abusador, al ama de casa feliz, etc. En muchas tiras humorísticas se parodia o satiriza a distintos tipos sociales y así, el estereotipo es rápidamente comprendido e incorporado como “natural” por el receptor.
Es justamente esta “naturalidad” lo que queremos desafiar con algunas actividades. Esta particular manera de hablar de las personas o grupos de personas es lo que se busca interrogar. Analizar la manera en que los medios hablan de “los europeos”, “los africanos”, “los asiáticos”, “los latinoamericanos” que participan del Mundial de Fútbol, es el abordaje que les proponemos como actividad.
Para que, interrogando el modo en que los medios definen las identidades y transmiten valores, la representación de los países deje de ser reducida, simplificada y parcial.
Fuente: adaptación del libro publicado por el Ministerio de Educación de la Nación para el Mundial de Fútbol de 2006










