El triunfo en México de López Obrador
El triunfo, por amplio margen, del candidato Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales de México puso fin a casi dos décadas de un bipartidismo que no supo dar respuestas a los graves problemas de violencia, inseguridad y corrupción que conspiran contra el desarrollo y el crecimiento del país azteca.
Con más del 94 por ciento de las mesas escrutadas, en las últimas horas se confirmaba el rotundo triunfo en las urnas de López Obrador, candidato por la coalición “Juntos Haremos Historia”, conformada por Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES) con más del 53 por ciento de los votos. Lejos, en segundo lugar se ubicó Ricardo Anaya Cortés candidato de la coalición Por México al Frente integrada por el Partido de Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC) que cosechó un 22,5 por ciento de los votos; seguido por José Antonio Meade, de la coalición Todos por México, conformada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Nueva Alianza (PANAL).
¿Por qué la mayoría del electorado votó por López Obrador, superando incluso los pronósticos de las encuestas que lo daban como ganador? La respuesta a este interrogante (que se hizo todo el mundo tras conocerse los resultados) parece, en principio, tener una respuesta: la mayoría de los mexicanos se cansó de tantos años de promesas incumplidas de las figuras políticas de los partidos tradicionales y de la falta de una firme decisión política para combatir la corrupción y detener la violencia alimentada por los narcos. Por supuesto que un análisis más minucioso de la compleja realidad social, política, cultural y económica mexicana permitirá, seguramente, apreciar mejor el entramado de expectativas y deseos de una nación que alguna vez fue definida como un país con un Estado fallido y que ahora, frente a las urnas, se volcó mayoritariamente a favor de AMLO, como también se lo identifica al flamante ganador que cosechó fuertes adhesiones en 31 de los 32 estados del país.
Es la tercera vez que López Obrador, de 64 años, compite por ocupar el Ejecutivo en México. Se espera ahora que el próximo 1 de diciembre asuma como el presidente número 65 en la historia de su país y que esa fecha represente un antes y después para una sociedad que convive a diario con la muerte, a tal punto que solo en lo que duró el proceso electoral que concluyó en los comicios del domingo pasado se registraron más de 100 asesinatos cometidos contra candidatos a cargos electivos. Muchos se entusiasman con el espaldarazo que recibió en las urnas, pero los más moderados consideran que el hecho de que haya cosechado más del 53 por ciento de los votos, el porcentaje más alto logrado por un candidato a la presidencia en la historia reciente de México, no es suficiente para ganar la lucha contra la corrupción y detener la violencia. Entre estos últimos está el profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid y fundador del partido político español Podemos, Juan Carlos Monedero, quien reconoció que el triunfo de AMLO fue histórico, pero advirtió que cuando asuma el cargo el flamante mandatario deberá enfrentarse a las élites que se niegan a perder privilegios y espacios de poder. “Al pueblo mexicano hay que advertirle que López Obrador ha ganado el gobierno, pero no ha ganado el poder. El poder lo tienen los de siempre. El pueblo votó el domingo, pero hay poderosos que votan todos los días, porque pueden levantar el teléfono e influir a favor de sus propios intereses. López Obrador va a recibir presiones todos los días de gente muy poderosa que tiene capacidad de torcer el brazo a los presidentes. La gente vota sólo el día de los comicios, pero las élites lo hacen todo el tiempo”, reflexionó Monedero en declaraciones a la prensa mexicana.
Es de esperar que este voto de confianza hacia Andrés Manuel López Obrador sea el comienzo de un nuevo tiempo para el país azteca; para que logre revertir la creciente pobreza y desigualdad que sufre la sociedad mexicana y que también, lamentablemente, están presentes en toda América Latina.










