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Estado: del servicio para todos, al beneficio para pocos

Este año el Chaco cumplirá 67 años desde que fue creada la provincia y 65 desde que asumió su primer gobernador, Felipe Gallardo, elegido por voto popular. Las crónicas de esos tiempos nos hablan de un Estado de reducidas dimensiones con pocos empleados, en casos, menos de los necesarios y con una estructura racional, de acuerdo a las necesidades. Algo muy similar sucedía en los otros dos poderes, el Legislativo y el Judicial. Tras el tortuoso devenir entre los años 55 y 83 (sucesión de gobiernos electos y de facto) cuando llegó la normalización democrática, esa estructura se mantenía casi inalterable. En el Ejecutivo, sin ir más lejos había cuatro ministerios con unas pocas secretarías y subsecretarías.

Como pasa en todas las actividades, si no se vela porque se desarrollen en forma correcta, los actores políticos fueron reconvirtiendo lo que en un principio respondía casi a una exclusiva vocación de servicio público, que eso es en definitiva la acción política. Los actores del Estado fueron creando un enorme paquidermo que es, al presente, la más grande fuente de “trabajo” que se sustenta, como puede, con los impuestos que pagan todos los argentinos, en un 90 por ciento ajenos a la “clase política”.

Barril sin fondo

Y pasa que se ha tomado al Estado como un barril sin fondo que da para todo. Ha pasado de ser un ente de servicio, a un ente del que se sirve una casta privilegiada para su propio bienestar, encubierto por una fachada de ocuparse de los problemas que aquejan a todos. Sí, es cierto que no todos son así, pero los resultados generales, esos que se palpan a diario, están a la vista y hoy más que nunca.

Ya no quedan dudas que el Estado el provincial, el nacional- gasta más, mucho más, de lo que recauda y eso en medio de un sistema tributario que es de los más agobiantes del planeta y con un deficiente funcionamiento de las principales obligaciones como las de atención a la salud, las de la Educación, las de los servicios públicos, elementales y de derechos humanos (agua potable, cloacas, energía, transporte), alimentación.

Al parecer hay muchos que perciben que esto, así, no es viable y han comenzado a ajustar sus presupuestos personales en los gastos de todos los días. Los primeros en percibirlo son los comercios de alimentos que denuncian como todos los días la gente compra menos hasta productos elementales como el pan, la leche, la carne, las verduras, las frutas. Nada se diga de otras cosas, antes infaltables y hoy imposibles, como un pedazo de queso, algún fiambre, pastas, bebidas.

Ajustarse el cinturón

Todo esto produce, a la fuerza, ajustes a los que los ciudadanos se deben someter por la toma de conciencia de los hechos. Sin embargo, hay quienes parecen no darse cuenta de esto. Son los que viven del Estado en la creencia de que el dinero con el que se maneja nunca se agota. Y eso no es así. El Estado también tiene que ajustarse el cinturón y evitar gastos innecesarios y que beneficien sólo a sus agentes más allá de los salarios que, con problemas o no, indefectiblemente cobran cada treinta días.

Por empezar, que cobren los que trabajan (¡!), que desaparezcan los llamados ñoquis, que no figuren en las plantillas familias enteras y amigos por ese sólo hecho y no por ser eficientes. Que se dejen de lado los lujos y gastos superfluos (¿era necesario un almuerzo bien servido en el Día del Periodista con muchos funcionarios y pocos del oficio?) y se reduzca el aparato publicitario a lo estrictamente necesario. Que todos tengan acceso a las plantas de empleados y funcionarios de cada repartición y se sepa todo lo que cobra cada uno, en blanco y en negro y en concepto de qué. Que se termine de hacer anuncios de achicamientos del Estado y que se produzcan de hecho y lo antes posible, porque la crisis no espera.

Muchos caciques y pocos indios

Un simple repaso de la estructura del Poder Ejecutivo en la página web del “Gobierno del Pueblo de la Provincia del Chaco” indica que al presente existen 11 ministerios con casi medio centenar de subsecretarías; seis secretarías de Estado con 21 subsecretarías; 19 Entes Autárquicos y descentralizados. El número de direcciones en cada uno de estos casos es innumerable y se dan casos como el Consejo de Educación que no tiene cabida en el organigrama de su correspondiente Ministerio y, a decir verdad, se conoce de su existencia, pero no de su actividad.

En los otros poderes, Legislativo y Judicial también existen la profusión de organismos y los resultados de su acción no se corresponden en la realidad. Se habla de una justicia demasiado lenta y de una legislatura alejada de los problemas de la gente con mucho residuo de funcionarios tras cada elección. Ex diputados que se vuelven asesores, ex contratados que pasan a planta, empleados que pasan a cobrar mes a mes sin cumplir funciones, etcétera, etcétera.

Para un Estado que funciona de esta manera no hay fondos ni coparticipación que alcancen y eso se replica en la Nación y en las 24 provincias, que a su vez tienen su correlato en los municipios. En una palabra: de la tarea de servicio a los ciudadanos se ha pasado al beneficio de unos pocos que lo han tomado como por asalto.

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