La violencia gana las calles de Nicaragua
Más de 200 muertos y unos 1.400 heridos es el trágico saldo de las violentas protestas en Nicaragua, tras dos meses de una crisis social y política que, al menos por ahora, no parece tener una salida. Las esperanzas de poner fin a los conflictos se diluyeron en las últimas horas tras conocerse que fueron suspendidas las tres mesas de Diálogo Nacional a través de las cuales se intentaba iniciar el camino de la pacificación.
El anuncio realizado por la Conferencia Episcopal de Nicaragua, encargada de mediar en el diálogo nacional, que daba cuenta de la suspensión de las conversaciones entre los distintos sectores confirma que, lamentablemente, se aleja la posibilidad de llegar a acuerdos. Las noticias que llegan desde el país gobernado por el presidente Daniel Ortega, cuya renuncia es exigida por manifestantes civiles, no son alentadoras: fuerzas policiales y paramilitares volvieron a chocar contra los nicaragüenses que reclaman la salida del primer mandatario y se teme que la represión y la escalada de violencia deje un saldo aún mayor de heridos y víctimas fatales. Se trata, por cierto, de la crisis más seria que enfrenta la nación centroamericana desde 1979, año en el que la la revolución sandinista derrocó al dictador Anastasio Somoza y accedió al poder. Ahora, a dos meses de iniciado el conflicto, el presidente, Daniel Ortega, reiteró que no piensa renunciar al cargo como lo exige la opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que agrupa a estudiantes, empresarios y otros miembros de la sociedad civil que participan activamente de las protestas. La crisis comenzó en la segunda semana de abril pasado con una protesta de estudiantes contra una reforma al Seguro Social que impulsó el gobierno y que, según los detractores de esa medida, afectaba los derechos de miles de trabajadores y jubilados. El malestar por la reforma creció con el correr de los días y se extendió por las principales localidades del país, pero la crisis se agravó cuando policías y paramilitares desataron una fuerte represión contra estudiantes, trabajadores, comerciantes, pequeños empresarios y campesinos que participaban de las manifestaciones. Distintas organizaciones denunciaron que activistas del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) también confrontaron con los manifestantes y que grupos paramilitares sembraron miedo en varias las ciudades con robos y ataques cometidos durante la noche.
Organismos de Derechos Humanos informaron que la mayoría de las víctimas fatales son jóvenes nicaragüenses que cayeron heridos por armas de fuego durante los enfrentamientos callejeros. En las últimas horas, en tanto, crecía la expectativa de la comunidad internacional respecto a la posición que adoptará el Ejército nicaragüense frente a la escalada de violencia, aunque voceros de esa fuerza armada informaron que se mantendrá al margen del conflicto y que sólo vigilará objetivos considerados estrat égicos como el aeropuerto internacional “Augusto C. Sandino”, ubicado a 11 km al este del centro de la ciudad de Managua, los puertos y las instituciones más importantes del país. Pero a pesar de esta afirmación, la oposición al gobierno denunció que francotiradores que podrían ser integrantes del Ejército habrían actuado en apoyo de la policía en la represión de los manifestantes.
Hasta la semana pasada las esperanzas estaban puestas en la posibilidad de que prospere el trabajo realizado en las mesas de diálogo nacional, que era considerado una herramienta clave para resolver la crisis. El reciente anuncio de la suspensión de esa instancia abre interrogantes respecto al futuro de un país donde la opositora Alianza Cívica mantiene firme su exigencia de la renuncia de Ortega, la sustitución de autoridades electoral y elecciones anticipadas, mientras el Gobierno interpreta ese reclamo como un golpe de Estado contra el Ejecutivo.
Es de esperar que cese la violencia y se retomen las conversaciones en las mesas de diálogo nacional entre los nicaragüenses para que retorne la paz social al país centroamericano.










