Retroceso en el campo democrático
En medio de la profundización del ajuste de la mano del FMI y de la escalada de la conflictividad social, el presidente blanqueó su deseo de involucrar a los militares en apoyo logístico a las fuerzas de seguridad en acciones de seguridad interior
El anuncio no solo implica un grave retroceso en el campo de la democracia, en el que nuestro país logró, no sin conflictos, avanzar con éxito; implica al mismo tiempo una nueva decepción respecto de otra de las promesas de campaña del oficialismo: la de mejorar la seguridad cotidiana de los ciudadanos.
La gestión de Patricia Bullrich al frente del Ministerio de Seguridad oscila entre los excesos y las bravuconadas puestas en escena permanente para las cámaras. Lo primero constituye, como se ha dicho, un deterioro de la calidad ciudadana. Lo segundo una mentira más del mismo gobierno del “segundo semestre”, la “luz al final del túnel”, “los brotes verdes” y la baja de la inflación.
El Presidente da varios pasos atrás cuando, desconociendo los logros de la democracia argentina y del ejercicio ciudadano, decide sin más adscribir a la teoría de las nuevas amenazas globales”. Este anuncio, cabe tenerlo en cuenta, forma parte de un paquete de medidas que es coherente con la dirección que la Alianza Cambiemos le imprime a la totalidad de la gestión.
El polémico pedido de un mayor involucramiento de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior llega en momentos en que la conflictividad social se encuentra en franco ascenso desde diciembre pasado cuando se aprobó la reforma previsional. Desde entonces el descontento social ha experimentado un marcado ascenso merced del deterioro de todas las variables económicas, la desbandada de la inflación, la caída del poder adquisitivo del salario y la anunciada aceleración del ajuste sobre los trabajadores a partir de la decisión del gobierno de Cambiemos de volver a endeudarse con el Fondo
El FMI no cambió, como dice el gobierno, y las Fuerzas Armadas tampoco tienen como función la seguridad interna ni están capacitadas profesionalmente para ello como también se sostiene desde Cambiemos.
Una vez más Macri miente como lo hizo durante la campaña electoral y desde que asumió el gobierno y como lo hacen sus ministros cuando pretenden hacerle creer a los ciudadanos que contribuirán a superar la crisis cambiando las lamparitas con las que iluminan sus casas mientras se les sigue quitando impuestos a los dueños de la soja.
El anuncio merecería una reacción similar a la que tuvo el intento de aplicar el 2x1 en favor de los represores condenados por delitos de lesa humanidad. Un repudio que no salga de la oposición política exclusivamente, sino de la ciudadanía en su totalidad.
Sería infantil pensar que la iniciativa de Macri respecto de las Fuerzas Armadas es falta de memoria. Es más, sería otorgar al Presidente una inocencia de la que carece, tanto cuando impulsa esta medida como cuando en gesto aprobatorio le estrechó la mano al policía Luis Chocobar o cuando quiere catequizar de que el pedido de auxilio al FMI es apenas “preventivo”, o que su “mejor equipo” no se beneficia con las medidas que sus propios integrantes generan para mejorar sus arcas y las de sus amigos.
Creer en la ingenuidad o en la buena fe presidencial es liberarlo de la grave responsabilidad política de atentar temerariamente contra las bases de la democracia y contra la calidad de vida de los argentinos.
Sería ingenuo también desestimar que estamos frente a un gobierno de ricos que gobierna para los suyos. Tanto como seguir creyendo que el modelo de ajuste que se está aplicando (sin nada que se le parezca al “gradualismo” que se declama y que tampoco cambiaría en esencia el atropello) cierra sin libertad de expresión, sin medios corporativos adictos y, claramente, sin represión.
Ese es el modelo que el gobierno viene aplicando de manera sistemática, sin gradualismo y con intolerancia.










