Automapa, el primer “GPS"
A un español hay que darle el mérito de haber diseñado el primer sistema para saber en qué lugar geográfico se encuentra circulando un automóvil.
El 7 de octubre de 1954, el español Antonio Martín Santos se perdió cuando viajaba entre la ciudad de Leones y Jerez de la Frontera. En aquella época sin GPS ni celulares perderse era algo común si no se conocía el camino y se llegaba a destino preguntando. Esa experiencia disparó la idea en el cerebro de Santos, que empezó a imaginar un dispositivo que evitase esas situaciones. Cuando volvió del viaje, comenzó el estudio de un aparato que sirviera para orientar al conductor de día y de noche, y más fácilmente que los mapas convencionales.
Santos, que había nacido en León el 21 de mayo de 1887, empezó a probar los prototipos de su invento en su propio automóvil, un Simca, con resultados muy satisfactorios. Se había recibido de ingeniero industrial en Madrid y desde 1918 había trabajado en la inspección de automóviles, para culminar su carrera profesional como jefe de la Delegación de Industria de la Provincia de León.


Cuando consideró que su invento estaba totalmente perfeccionado, lo patentó en once países y se presentó a diversos concursos internacionales, y en 1957 obtuvo la Medalla de Oro en el VI Salón Internacional de Inventores de Bruselas. Varios fabricantes se mostraron interesados en adquirir la patente para fabricar el producto en serie del producto, pero Martín Santos murió en 1961 y el proyecto cayó en el olvido.
CÓMO FUNCIONABA
Gracias a un interesante artículo de J. Antonio Aldasoro, nieto del inventor, que rescató del olvido el invento (se puede bajar de internet desde https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3397482.pdf), se sabe cómo funcionaba este precursor de los modernos GPS. A primera vista parece un televisor en miniatura, o una antigua cámara fotográfica, con una gran pantalla en el medio, y dos perillas en los extremos superiores.
En cada extremo del aparato había unos carretes: unas cintas con el mapa de la ruta se desenrollaba en uno y, al mismo tiempo, se enrollaba en otro. Durante el recorrido el mapa pasaba por delante de la ventana, y así el conductor siempre ve el tramo de carretera por el que el vehículo discurre en ese momento. Al igual que los actuales GPS, una aguja indicaba la posición exacta del coche y aquí estaba lo ingenioso de la idea: una vuelta del tambor del Automapa era 37,68 kilómetros recorridos.


El aparato podía instalarse en el tablero de cualquier coche y debía conectarse a la transmisión con un cable para captar las revoluciones de la caja (igual que los velocímetros). Para colocar el mapa del itinerario deseado, se colocaba la “cinta” con el mapa correspondiente y se situaba el indicador en el punto de partida del mapa. No faltaba un botón para desconectar el aparato, para recorridos ya conocidos.
Este ingenio fue un producto adelantado a su tiempo. De hecho, pasaron 30 años sin tener noticias. Hasta 1981, cuando los ingenieros de Toyota presentaron el The Car Navigation System, que ahora todo el mundo identifica como el primer navegador










