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Retroceso en materia de inclusión financiera

Una de las formas más efectivas para luchar contra la pobreza en el pleno siglo XXI pasa por garantizar a amplios sectores de la población la posibilidad de contar con servicios bancarios y financieros para que la gente pueda ahorrar dinero, pagar cuentas y acceder a créditos. Es lo que se ha dado en llamar inclusión financiera y que en la mayoría de los países avanzados ocupa un espacio central en la agenda de políticas públicas.

En la Argentina de los últimos años, en cambio, aumentó el número de personas que quedó al margen del sistema financiero formal. Ese retroceso quedó confirmado en el último informe sobre esta materia elaborado por el Banco Mundial, denominado Global Findex, que en el capítulo que corresponde a la Argentina revela que más de la mitad de los adultos del país, más precisamente el 51,3%, no posee una cuenta en una institución financiera, lo que significa que cerca de 16,87 millones de argentinos se manejan con el dinero con prácticas que eran comunes cien años atrás, o más. Según el investigador de la Universidad Católica Argentina Ignacio Carballo, el porcentaje de adultos que queda afuera del sistema financiero formal en nuestro país ha desmejorado desde 2014, cuando ese indicador había descendido al 49,8%. El especialista observa que, en rigor, es motivo de alarma el hecho de que eso se deba a una drástica contracción en el acceso a estos servicios de la población que está en los deciles más bajos, es decir, los más pobres, y advierte que preocupa, especialmente, cuando la Argentina fue el país que más los bancarizó en el período de 2011 a 2014. ¿Qué pasó, entonces, en los últimos años? Todo parece indicar que, efectivamente, las políticas económicas apuntaron a favorecer a los sectores con más altos ingresos y postergar a los argentinos de menores recursos. La prueba más palmaria de que ha sido así es la fuerte salida de dólares por viajes al exterior (que agravó el déficit de la balanza turística) y la última corrida financiera que puso contra las cuerdas al gobierno nacional. Lo anterior no quiere decir que necesariamente se tenga que volver el cepo cambiario, o que quien tiene ahorros suficientes no pueda viajar al exterior. Lo que se plantea, en todo caso, es que las políticas económicas impulsadas por la Casa Rosada dejaron al margen a buena parte de la población, es decir a esos más de 16 millones de argentinos que no tienen una cuenta bancaria, ya no para sacar ventajas de la bicicleta financiera que aceitó muy bien el Banco Central sino para, simplemente, salir de la informalidad.

Es preocupante que más de la mitad de la población económicamente activa no reconozca o no sepa cómo utilizar los servicios bancarios y financieros y que se siga manejando con el dinero como hace más de un siglo. No hay que ser experto en economía para comprender que es imposible hablar de crecimiento si se deja a más de la mitad de los argentinos adultos fuera del sistema bancario, porque eso significa que esos millones de hombres y mujeres no perciben un ingreso formal, y por lo tanto la mayoría no tiene capacidad de ahorro o posibilidad de acceder a un crédito, aunque esta última alternativa lamentablemente prácticamente ha desaparecido en la Argentina de tasas de interés del 40 por ciento.

Otro de los aspectos claves que revela el informe del Banco Mundial al que se hace referencia al principio de esta columna es que el estudio realizado por el organismo internacional pone la lupa sobre los motivos por los que no se posee una cuenta en alguna institución financiera: en nuestro país la mayoría de los encuestados dijo que es por razones económicas y formales. Un 59,1% declaró no tener fondos suficientes; un 42,8%, que los servicios financieros son demasiado caros, y un 29,9% dijo no poseer la documentación necesaria. En ese sentido, Carballo destaca que la gratuidad para el acceso a ciertas cuentas y servicios financieros, junto con la disminución de los requisitos, no habrían sido asimiladas por gran parte de la población para mediados de 2017.

La inclusión financiera es una herramienta que permite mejorar la calidad de vida de los sectores de la población que permanecen al margen de la economía formal, pero en la Argentina, que tiene alrededor de un tercio de la población en situación de pobreza, sigue siendo una materia pendiente.

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