Valiosa restauración de un patrimonio cultural
Merece destacarse el arduo trabajo que se llevó adelante en los últimos meses para lograr la restauración total de la Loba Romana, uno de los monumentos históricos más significativos que posee la ciudad de Resistencia y que, vale recordar, fue levantado en el año 1920 en la plaza 25 de Mayo de 1810 por iniciativa de miembros de la colectividad italiana.
La obra de restauración fue posible gracias al esfuerzo coordinado entre la Municipalidad de Resistencia, la empresa estatal de juegos Lotería Chaqueña y la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional del Nordeste, cuya cátedra de Conservación del patrimonio arquitectónico y urbano, a cargo de la arquitecta Linda Peso, asumió la dirección de la obra con el objetivo de lograr la mayor recuperación posible de la imagen original de este monumento.
Para comprender mejor la importancia del desafío asumido con la restauración de esta magnífica obra acaso resulte útil recordar que, desde las épocas más remotas de la humanidad, las comunidades siempre tuvieron la necesidad de preservar a través de una obra o monumento el recuerdo de ciertos momentos históricos, de gestas y acontecimientos significativos que dieron sentido, identidad u origen de una ciudad. En este caso, el monumento de la Loba Romana que se erige en la plaza central de la capital chaqueña también respondió a la necesidad de la comunidad italiana de rendir un homenaje a la ciudad de Resistencia que los recibió con los brazos abiertos y, como bien señala la placa conmemorativa que conserva el monumento, expresando el deseo de “afirmar la solidaridad ítalo argentina”, anhelo que afortunadamente se ha ido consolidando con el paso de los años y prueba de ello son los numerosos descendientes de italianos que viven en la ciudad capital y también en toda la provincia.
Como bien observa el chaqueño Rodrigo Gutiérrez Viñuales, doctor en Historia del Arte y profesor titular en la Universidad de Granada (España), en su trabajo titulado “Iconografía artística de la italianidad en Latinoamérica” la inauguración de las “plazas Italia” a lo largo y ancho de América, en la que la Loba capitolina o la figura de Dante Alighieri fueron a menudo representadas en bronce y mármol, marcan de alguna manera “la presencia de Italia y lo italiano” aunque aclara que esa presencia “no se limitaría a este tipo de representaciones, sino que tendría otros canales de expresión, como la labor de arquitectos, pintores y escultores italianos radicados en América, los lenguajes constructivos de los edificios destinados a ser sedes de centros, sociedad y colectividad italiana en general (à)”. El mismo autor advierte que “además de la utilización de prohombres como Mazzini y Garibaldi, o de una figura histórica como Colón, Italia recurriría a otros símbolos para establecerse en el imaginario urbano de Iberoamérica”, y en ese sentido añade que “las alusiones a los orígenes de Roma son abundantes ya sea mediante una representación del foro romano, como ocurre en la ciudad argentina de Mendoza, o con la figura de la loba romana amamantando a Rómulo y Remo como sucede en otras ciudades argentinas como Resistencia, donde fue ubicada en 1920 sobre el pedestal construido por Pedro Fiaccadori”. Gutiérrez Viñuales hace referencia aquí al arquitecto italiano que construyó en 1934 el edificio del viejo cine teatro Sep donde actualmente funciona el complejo cultural Guido Miranda que, como se ve, también tiene el sello de la iconografía artística italiana y la impronta de aquellos inmigrantes que, al llegar a Resistencia, comprendieron desde un primer momento que tenían frente a sí un espacio urbano en el que todo estaba por hacerse. El espíritu emprendedor de esa colectividad quedó reflejado también en viviendas del casco céntrico resistencia que perduran hasta hoy y que fueron construidas en aquellos años por maestros de obras, albañiles, especialistas y artesanos italianos.
La comunidad de Resistencia debe valorar el esfuerzo realizado para restaurar la Loba Romana, uno de los monumentos más emblemáticos y representativos de la capital provincial, porque esa obra es, de alguna manera, testimonio vivo de un tiempo y de una generación que sentó las bases de un espacio urbano que con el paso del tiempo fue configurando su identidad para transformarse, finalmente, en la ciudad de las esculturas.










