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Escándalo de los abusos sexuales

Renuncian todos los obispos chilenos tras la reunión con el Papa

Fue tras un encuentro en el Vaticano. Al menos un tercio de los obispos de Chile están acusados de encubrimiento. Habrá más consecuencias.

   Roma, 18 (AFP, DPA y Reuters) –No fue sólo Barros, ni fueron sólo los cuatro obispos cuyas acusaciones se conocían públicamente. Fue una decisión que no tiene precedentes en la historia de la Iglesia. Toda la Iglesia chilena en bloque presentó al Papa su renuncia tras la reunión para discutir el escándalo de abusos sexuales y encubrimiento en ese distrito. 

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“Queremos pedir por el dolor causado a las víctimas, al Papa, al pueblo de Dios y al país por nuestros graves errores y omisiones”, dice el comunicado de la Conferencia Episcopal chilena.

   El comunicado de la institución chilena da las gracias “a las víctimas por su perseverancia y su valentía, a pesar de las enormes dificultades personales, espirituales, sociales y familiares que han debido afrontar, tantas veces en medio de la incomprensión y los ataques de la propia comunidad eclesial”.

   Ahora, habrá de ser Francisco quien decida si admite o no la renuncia, y en qué términos. Pero lo que nadie duda es que la revolución ha comenzado. La dimisión sucede después de que se publicara la carta que el Papa les entregó el martes pasado y en la que muestra su “vergüenza” por el encubrimiento sistemático de los abusos, y les acusa de destruir evidencias de delitos sexuales, de presionar a los abogados de la Iglesia para reducir las acusaciones, y de “grave negligencia” en la protección de los menores ante los sacerdotes pedófilos.

   Una de las víctimas de Karadima, el periodista Juan Carlos Cruz, ya afirmaba esta mañana que “espero que renuncien todos y se empiece a reconstruir la Iglesia de Chile con pastores de verdad y no con estos obispos corruptos, que cometen y encubren crímenes como dice el documento”.

  Después de dos días de reuniones, Francisco instó a la Iglesia chilena a “un firme propósito de reparar los daños causados”, y a la toma de decisiones duras “en el corto, mediano y largo plazo”. La dimisión en bloque de los obispos chilenos es la más grave.

   Estas remociones, y otras que vendrán, no son suficientes. “Hay que ir más allá”, anunció Bergoglio en durísima carta de diez folios, que entregó a los obispos al comienzo de las reuniones, el martes, y que resumen la investigación llevada a cabo por el arzobispo Charles Scicluna y el sacerdote español Jordi Bertomeu.

   “Hay una herida abierta, dolorosa, y hasta ahora fue tratada con una medicina que, lejos de curar, parece haberla ahondado más en su espesura y dolor”, subrayaba en la nota el Papa, que impuso dos días de silencio y reflexión a los obispos, para que analizaran el documento y se hicieran cargo de que, esta vez, Roma no miraría hacia otro lado.

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“Todos los obispos presentes en Roma, por escrito, hemos puesto nuestros cargos en las manos del Santo Padre, para que libremente decida con respecto a cada uno de nosotros”.

“Su pecado se volvió el centro de atención”

   La carta fue develada la noche del jueves por el canal T13 de Chile. El Papa constata en ella que la Iglesia chilena “se ensimismó de tal forma que las consecuencias de todo este proceso tuvieron un precio muy elevado: su pecado se volvió el centro de atención”, señalando cómo “los problemas que hoy se viven dentro de la comunidad eclesial no se solucionan solamente abordando los casos concretos y reduciéndolos a remoción de personas. Esto, lo digo claramente, hay que hacerlo. Pero no es suficiente, hay que ir más allá”.

   “Confesar el pecado es necesario, buscar remediarlo es urgente, conocer las raíces del mismo es sabiduría para el presente-futuro. Sería grave omisión de nuestra parte no ahondar en las raíces. Es más: creer que sólo la remoción de las personas, sin más, generaría la salud del cuerpo es una gran falacia. No hay duda que ayudaría y es necesario hacerlo, pero repito, no alcanza”, asegura.

   En el documento se critica la “psicología de élite o elitista” de algunos obispos y religiosos, que “termina generando dinámicas de división, separación, ‘círculos cerrados' que desembocan en espiritualidades narcisistas y autoritarias en las que, en lugar de evangelizar, lo importante es sentirse especial, diferente de los demás, dejando así en evidencia que ni Jesucristo ni los otros interesan verdaderamente. Mesianismos, elitismos, clericalismos, son todos sinónimos de perversión en el ser eclesial”.

“Gravísimas negligencias” 

   La dureza de los términos anticipa el final, aún más contundente: Francisco desvela cómo “mis enviados (Scicluna y Bertomeu) han podido confirmar que algunos religiosos expulsados de su orden a causa de la inmoralidad de su conducta y tras haberse minimizado la absoluta gravedad de sus hechos delictivos atribuyéndolos a simple debilidad o falta moral, habrían sido acogidos en otras diócesis e, incluso, en modo más que imprudente, se les habrían confiado cargos diocesanos o parroquiales que implican un contacto cotidiano y directo con menores de edad”.

   “La investigación demuestra -agrega la carta- que existen graves defectos en el modo de gestionar los casos de delicta graviora que corroboran algunos datos preocupantes que comenzaron a saberse en algunos Dicasterios romanos. Especialmente en el modo de recibir las denuncias o notitae criminis, pues en no pocos casos han sido calificados muy superficialmente como inverosímiles lo que eran graves indicios de un efectivo delito”.

   Asimismo, Francisco apunta a que se pudo constatar también “la existencia de presuntos delitos investigados sólo a destiempo o incluso nunca investigados, con el consiguiente escándalo para los denunciantes y para todos aquellos que conocían las presuntas víctimas, familias, amigos, comunidades parroquiales. En otros casos, se ha constatado la existencia de gravísimas negligencias en la protección de los niños/as y de los niños/as vulnerables por parte de los Obispos y Superiores religiosos, de los cuales tienen una especial responsabilidad en la tarea de proteger al pueblo de Dios”.

   El Papa, concluye, siente “vergüenza” por las declaraciones que “certifican presiones ejercidas sobre aquellos que debían llevar adelante la instrucción de los procesos penales o incluso la destrucción de documentos comprometedores por parte de encargados de archivos eclesiásticos, evidenciando así una absoluta falta de respeto por el procedimiento canónico y, más aún, unas prácticas reprobables que deberán ser evitadas en el futuro”.

   “En la misma línea y para poder corroborar que el problema no pertenece a sólo un grupo de personas, en el caso de muchos abusadores se detectaron ya graves problemas en ellos en su etapa de formación en el seminario o noviciado. Constan en las actas de la ‘misión especial’ graves acusaciones contra algunos obispos o superiores que habrían confiado dichas instituciones educativas a sacerdotes sospechosos de homosexualidad activa”.

Expectativas

   La Iglesia en Chile debería esperar la salida del Nuncio y de varios obispos más, así como una profunda revisión de las normas de elección de sacerdotes y obispos. El secretismo en los criterios de selección, en ocasiones, permitió el nombramiento de auténticos depredadores o encubridores. Francisco propondrá además reformas en el Código de Derecho Canónico para lograr que los delitos contra menores y los actos de encubrimiento cuyos responsables sean superiores religiosos (en congregaciones o diócesis) no prescriban jamás.

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