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La página del lunes

“Hijos y nietos en peligro”

Vivimos días agitados y nos agobian los problemas. Son tantos que muchas veces no se sabe cuál atacar o por dónde empezar. Sin ir más lejos este conflicto económico que llega hasta los bolsillos de los ciudadanos comunes que hacen equilibrios para alimentarse, vestirse, curarse, transportarse, tener luz, agua, gas, ocupa en estos días el centro de las preocupaciones. Y pasa, como se dice muchas veces, que el árbol no nos deja ver el bosque.

“Nuestros hijos y nuestros nietos están en riesgo”, dijo días atrás el médico Nicolás Ivancovich, director de Emergencias Médicas de la provincia del Chaco. Alguien que hace tiempo nos viene advirtiendo sobre un gravísimo problema que troncha muchas vidas jóvenes y a otras las deja con secuelas irreversibles para el resto de sus vidas, pero cuya prédica queda en el desierto, incluidos padres, abuelos y autoridades.

La descripción y los datos que aporta desde hace varios años producen escalofríos y no se ve reacción desde ningún lado. Las últimas cifras indican que entre “el 1 de enero y el 28 de abril de este año (118 días) se registraron (sólo en Resistencia) 1884 siniestros viales en los cuales se asistió a 2223 personas, un promedio de 18 por día”. Datos similares se constatan en las principales ciudades del interior de acuerdo a la cantidad de habitantes: Sáenz Peña, Charata, Villa Ángela, Quitilipi, Castelli, Machagai.

Un problema que crece

“Lo que más me preocupa -dijo el profesional- es que no hay conciencia en la gente. Este es un problema de la sociedad y los números hablan por sí solos. Durante toda la semana tenemos accidentes viales evitables”. De ese número la edad promedio es de treinta años y siete meses en un rango que va desde los dos meses a 93 años. Desde 2015 venimos trabajando para mostrarle a la gente que se mata, que se lastima, en qué esquina, si es de día o de noche, en qué vehículo, la franja etaria. Es un estudio profundo que se hace cada semana y sin embargo los números siguen creciendo.

Este es casi un llamado desesperado que se replica en otras ciudades del Chaco y del país todo. Es un estado de emergencia que fue reconocido también hace pocas horas por el Observatorio de Seguridad del municipio de Resistencia aportando sus números y acciones. Sin embargo, salta a la vista que lo que se logra es poco y sólo sirve para la estadística. Los controles de alcoholemia y tránsito que se realizan los fines de semana no son más que una puesta en escena y hasta se diría un modo de recaudación, porque si los heridos, muertos, lastimados siguen aumentando, no producen el efecto deseado. Lo mismo que las presuntas charlas y nociones de seguridad vial que se dicen se ofrecen en las escuelas y otros lugares. Sólo se toma conciencia cuando hay alguien muy cercano que se mata o que queda lisiado de por vida en plena juventud. Pero ahí es demasiado tarde.

Porque esto pasa a toda hora y en todos lados y los transeúntes somos testigos obligados de los que nos atropellan por las veredas accediendo a ellas por las rampas para los discapacitados, de los que van a velocidades incomprensibles, haciendo willy en momentos de mucho tránsito y otras exquisiteces.

“Noches salvajes”

Todo esto fue descripto tiempo atrás, por Padres en la Ruta y Ciudad Limpia como “noches salvajes”: “se trabaja denodadamente desde distintas esferas del municipio y la provincia por convertir a Resistencia en la Capital del Norte Argentino y mostrarla como la Capital Cultural del NEA, pero si la recorremos en las madrugadas de los fines de semana podremos ver qué lejos estamos de esos buenos deseos y qué tan cerca de ser la Capital del Descontrol, provocado por jóvenes y no tan jóvenes que convierten por unas horas en territorios salvajes a la ciudad, donde el esfuerzo y el trabajo de inspectores municipales, guardia comunitaria y policías se ve superado por verdaderas bandadas de motociclistas y automovilistas que no respetan a nada, ni nadie. Autos y motos a contramano por las calles y las veredas, con tal de evitar los controles. Conductores manejando con altos grados de alcohol en sangre, con pretensiones de imponer sus propias leyes, mentirosos aficionados que en tres frases se delatan, maleducados, prepotentes y agresivos con quien se les ponga delante, sea hombre o mujer, insultadores profesionales, chapeadores equivocados y hasta funcionarios públicos con ínfulas de intocables, hacen de las madrugadas de Resistencia verdaderas horas de terror”.

Hoy, todo esto es cuestión de vida o muerte. Están en peligro nuestros hijos y nietos y la gente parece encogerse de hombros. Lo que para muchos fue una conquista, tener la propia movilidad, se ha convertido en un instrumento de muerte, de lo que se toma conciencia cuando es tarde. Tampoco se ha tomado conciencia en las escuelas y en las familias, donde los mayores no dan el ejemplo debido y por ende no pueden exigir. Las estadísticas son frías y no registran a los que, si bien no mueren, quedan lisiados y disminuidos para toda la vida. Y para solucionar esto no se necesita acudir al FMI.

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