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El dolor es necesario si queremos reconvertirnos

El águila es el ave que por más tiempo vive, dentro de estas especies. Llega a alcanzar los 70 años. Pero para llegar a esa edad, a los 40 debe tomar una seria y difícil decisión. A esa edad, sus uñas están apretadas y flexibles, no consigue agarrar a sus presas de las cuales se alimenta. Su pico largo y puntiagudo se curva apuntando contra el pecho. Sus alas están envejecidas, pesadas y sus plumas gruesas, con lo que volar se le hace muy difícil.

Debido a esto, el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará 150 días. Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón en donde no tenga la necesidad de volar. Después de encontrar el sitio adecuado, el águila comienza a golpear su pico en la pared hasta conseguir arrancarlo. Después de ese momento doloroso, debe esperar el crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá una a una sus uñas.

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Cuando las nuevas uñas empiezan a nacer, comenzará a desplumar sus plumas viejas. Después de cinco meses sale para su vuelo de renovación y podrá vivir 30 años más.

Este ciclo de vida es fantástico, inspirador, motivador y de una madurez superlativa, dice el relato de Loreto Sauqué, directora del Thinking People Madrid.

Cambiar o resignarse

Al conocer la realidad del Chaco en que vivimos, y analizando fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que tenemos como provincia, llegamos a la conclusión que –reconociendo lo bueno que hizo el gobierno y el sector privado desde 1983 a la fecha—necesitamos cambiar de matriz.

No podremos desarrollarnos si no lo hacemos. Y ese cambio puede ser doloroso, sobre todo por nuestra idiosincrasia “estadodependiente” y por la cultura del trabajo.

La edad del águila es muy paradigmática. No podemos seguir esperando que los cambios lleguen por si solos. Habrá que decidir: ¿Seguimos esperando que el Estado sea el único generador de empleo o le vamos a pedir a los gobiernos que apliquen políticas que permitan el desarrollo de inversiones productivas y facilidades para encontrar valor agregado?. 

El pico, las uñas y las plumas

No podemos quedarnos con la historia gloriosa de lo que fue la metalmecánica chaqueña de la mano del algodón. Hoy, hay otra realidad, otras demandas. Los sistemas de producción han cambiado y que ya no se puede sembrar por sembrar y esperar subsidios del gobierno. Si el águila se golpea su pico contra la roca para arrancarlo, en un proceso doloroso, es porque ha resuelto volver a cazar para alimentarse y no esperar la sobra de otros depredadores ni muchos menos morirse sin nada, sino volver a volar por las alturas y, por sobre todo, aventurarse a más. Con el nuevo pico, desprenderá una por una sus uñas viejas, y cuando le crezcan las uñas nuevas, desprenderá sus viejas plumas. Después de cinco meses saldrá para su vuelo de renovación y podrá vivir 30 años más.

¿Estamos dispuestos?    

La pregunta del millón es si estamos dispuestos al cambio. Pero ese cambio de actitud y de hábito, debe ser para todos los esquemas de la producción, pero también—a no dudarlo—a la clase política y a los circunstanciales funcionarios de los gobiernos.

¿Queremos que el Chaco sea productivo, agroindustrial y a con posibilidades de desarrollo?. Si la respuesta es si, a no achicarse cuando veamos que el proceso dolerá, que habrá que sincerarse, que habrá que acostumbrarse a decir la verdad y que queden al descubierto aquellos que han vivido del Estado beneficiándose sistemáticamente. Hay muchos casos en el Chaco. Y eso duele al productor, al comerciante, al contribuyente en general porque para eso no es la finalidad de los programas ni de los recursos que se aportan a las arcas del Estado.

¿Debe cambiar la forma de hacer política partidaria?. ¿Seremos capaces de comenzar a sufrir una etapa de cambios para que nuestros hijos y nietos tengan un Chaco donde quedarse a trabajar e invertir?.

Mucho potencial, tesoro escondido

La provincia, tiene un fuerte potencial y puede salir desde la agroindustria y la foresto industria, con un fuerte complemento de la actividad ganadera y por ende, comercial y de servicios. Pero alguien tiene que animarse a correr el costo político de cambiar las reglas del juego, de esta novela que no nos lleva a ninguna parte, y que de seguir sintonizando el mismo canal, nos va a llevar sin darnos cuenta a una provincia inviable.

Los hombres y mujeres de Prensa, los comunicadores sociales que sabemos que recorren la provincia, que leen, que analizan y que hablan con la gente que trabaja e invierte, tienen la obligación moral y el compromiso social de exponerte esta realidad: o nos reconvertimos desde la producción, la política y las instituciones, yendo a un lugar alto para cambiar pico, uñas y plumas, o nos quedamos más abajo vegetando, esperando la nada.

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