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Flavio Gauna: juglar de su camino

Es autor, compositor y cantor formoseño. Inició su carrera artística en resistencia y, junto con Lucas Segovia y Coqui Ortiz, representa la trilogía de músicos nacidos en nuestra tierra.

Ya pertenecido y perteneciente, por búsqueda y mérito propios, Flavio Gauna arraiga en la tierra fecunda de los cantares del tercer milenio en la República Argentina. Con su nacencia sonora y su bautismo artístico, hallazgo y encuentro confirmados, en las décadas últimas del siglo pasado, su madurez, en ascenso de plenitud, se yergue en nuestros días.

Poeta y cantautor, nativo de Formosa, alumbrado en Las Lomitas, su obra es una saga extensa y extendida, tributada a ésta comarca mestiza del noreste patrio. Flavio es el cantor de la formosidad, por causa de canto: es decir, por elección y convicción de su voz en el mundo. Pero en rigor de verdad, su carrera artística amaneció en Resistencia, donde estudió canto con Nadecha Brizuela y se vinculó con músicos y compositores de géneros diversos, donde abrevó, en primera instancia, de los legados y aportes chaqueños que signarían su sincretismo musical.

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Flavio Gauna es autor, compositor y cantor formoseño, uno de los músicos que vale la pena escuchar.

Su obra guarda la clave (viene de “llave”) para interpretar el sentido de su mandato de palabra y sonido en estado de armonía. Abrir su cosmos es intuir, por la persuasión luminosa de los artistas dotados, el fundamento de su poética, entendida como entrega y ofrenda a un destino asumido; desde su aceptación, a plena luz de su identidad. Su vocación, que denota el término “camino”, disparada hacia el horizonte del mañana, a la manera de una saeta pilagá, acompaña en la parábola de su camino la tensión de su vuelo. En tal perspectiva, desanda la herencia de la tra-dición (“decir a través del tiempo”) en el sentido de la pro-yección (“ir hacia adelante”) para ser la presencia del legado futuro. Peregrino de su sendero, camino íntimo, lleva el “avío” de su canto, el pan de la belleza, el Viático Celeste del pueblo guaraní que alimenta su marcha en pos del Yvy Maraey, la Tierra sin Mal.

Gauna pertenece a la condición de cantautores que enriquecen el acervo autóctono desde la rosa de los vientos del país del interior hacia las comunidades cardinales y culturales de Suramérica. La construcción de su arte se halla signada por un manejo del verso y sus figuras que convierten las letras en poemas abiertos, ricos de sugerencias plásticas y hallazgos conceptuales. Encuentra su empatía musical en textos propios y de otros poetas, animada por el don de melodicidad, carisma infrecuente, que lleva a generar armonías consumadas en su propia naturaleza, sin afectaciones o préstamos visibles. Tal despliegue tonal lo consuma en su correspondencia de guitarra, medida y austera, que lo transporta a un desempeño de juglar y a un discurso de tropos y tonos, en orden a una experiencia de lenguaje.

Varios de sus trabajos, incluidos sendos homenajes a su “Fermosa”, la Hermosa, como rezan los documentos fundadores, poseen el valor estético suficiente para integrar el cancionero folclórico del medio siglo. Cantante exquisito, sin abdicar de su condición de cantor popular, grabó versiones memorables vehiculizadas por su tesitura de barítono, en trance de tenorino, sustentadas en una elogiable afinación, sutileza de matices y un vibrato sostenido que posee un aliento de agradable intensidad. En Amarradero, discurre sobre su sitio en la canción de autor: “Así, me veo, amarradero enriquecido, atesorando en esta obra todo lo recibido de mi afuera y lo vertido de mi adentro. Atando cabos, recibe el oleaje inmigrante y se desata con los vientos nativos, albergando, fiel testigo, la mixtura resultante”.

Tres registros de Gauna constelados en Madrejón, 2008 (MI), Formosa en el aire 2012 (Club del Disco) y Amarradero 2017 (INAMU), logrados con el esfuerzo de su gestación autónoma testimonia su voluntad de soberanía productiva, dentro de un modelo de mezquinas restricciones para propuestas alternativas.

Flavio Gauna acepta esta lucha desigual, sin quejas vacías y con frutos pródigos, a partir de una mirada crítica de artista y ciudadano, activado por una esperanza incesante que lo templa en su desafío de ser lo que decidió hacer.

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