Preocupante caída de la producción de libros
Según el último informe anual estadístico elaborado por la Cámara Argentina del Libro (CAL), la producción de ejemplares siente los efectos de una economía de ajuste que está vigente y que hizo que la caída acumulada entre los años 2015 y 2017 llegue a un preocupante 35 por ciento.
Dicho de otra manera, hoy se produce apenas poco más de un libro por habitante en la Argentina. La cifra confirma el retroceso de un sector que, como muchos otros, depende en gran medida de lo bien o mal que le va al bolsillo de los argentinos. Según los datos del informe de la Cámara Argentina de Libro, en el año 2015 se producían 84 millones de ejemplares en el país, pero al año siguiente el impacto del achicamiento del mercado interno impactó en el sector y la producción cayó a 63 millones para llegar a 2017 a 51 millones.
En rigor, el informe anual de la entidad también incluye la cantidad de títulos y ejemplares registrados, las temáticas, los canales de distribución y los soportes de publicación, como también la producción de novedades y su primera tirada. Si bien se advierte que tanto editoriales como empresas asociadas señalan que las ventas de libros no lograron la recuperación esperada, al menos la caída en ese rubro no fue tan abrupta ya que mientras en 2016 había alcanzado el 20 por ciento, al año pasado esa reducción se ubicó entre el cinco y el siete por ciento.
Otro de los datos que surge del informe es el que revela que la proporción de libros en soporte digital respecto de libros en papel se mantiene constante desde 2012, y en ese sentido se observa que el año pasado se registraron 4861 libros electrónicos, lo que representa un 17 por ciento sobre el total de ejemplares. En el apartado referido a las temáticas, el trabajo elaborado por la CAL señala que la literatura infantil y juvenil, la literatura para adultos, las ciencias sociales y los libros de texto encabezan el ranking de los títulos publicados.
La apertura de importaciones también afectó al sector, a tal punto que la balanza comercial dejó el año pasado un saldo negativo de cien millones de dólares debido a que se importaron libros por más de 128 millones pero solo se exportaron por 26 millones. Lejos se está de los años de esplendor de la industria editorial que vivió el país durante la década de los 40 y principios de los 50 cuando los libros editados en Argentina llegaron a liderar el mercado hispanoparlante. Es evidente que las políticas económicas configuran un escenario en el que no es negocio editar libros, en un país en el que, además y según los datos que se desprenden del informe de la Cámara Argentina del Libro, el centralismo también pisa fuerte es este sector, ya que el 80 por ciento de la producción tiene lugar en la ciudad de Buenos Aires, es decir que nueve de cada diez libros que se producen en el país salen de ese distrito.
Quienes conocen bien el negocio del libro observan que se trata de un bien cuya demanda es muy susceptible a los cambios de los ciclos económicos, y está claro que la contracción que genera el actual modelo económico que impera en el país afecta en forma directa al mundo del libro. Es de esperar que se revierta la situación para que aumenten la producción y la venta de libros en todo el país. Es de esperar que se adopten medidas para revitalizar al mundo editorial argentino que enfrenta además una coyuntura de mayores costos de producción, a lo que se suma una carga impositiva agobiante y un contexto de inflación que demora el crecimiento de este importante sector de la economía.










