La precampaña electoral en Brasil se perfila a los balazos
Curitiba, 28 (Télam) - La temporada de violencia política armada comenzó en Brasil: fue acribillada la concejal Marielle Franco en Río de Janeiro, la familia del juez de la Corte que lleva el caso Lava Jato fue amenazada de muerte, y dos ómnibus de la caravana del expresidente Luiz Inácio Lula da SIlva fueron baleados.
Brasil asiste a la precampaña electoral de las presidenciales de octubre frente a un riesgo extremista como no ocurría desde el regreso a la democracia, algo que con los balazos contra Marielle Franco comenzó a ser comparado con la violencia del norte mexicano o la Medellín de los años ’80.


El ataque a balazos contra Lula se produjo dos semanas después del caso de la concejal, aún no resuelto, en Río de Janeiro. “La violencia armada, que asusta a los ciudadanos en las calles brasileñas, también pasó a rondar la cúpula de la Justicia y de la elección presidencial”, dijo el columnista Bernardo Mello Franco, de O Globo.
El episodio de la balacera contra la caravana de Lula en Laranjeiras do Sul, estado de Paraná, fronterizo con la provincia de Misiones y Paraguay, ocurrió a apenas dos semanas del aún sin esclarecer homicidio de Marielle Franco en el centro de Río de Janeiro. La concejal del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), opositora, al igual que Lula, fue asesinada luego de denunciar la ejecución de jóvenes en las favelas por parte de la mafia de la policía de Rio de Janeiro.
Al mismo tiempo, se opuso a la intervención militar, pero la lectura que realizan desde el gobierno de Michel Temer es que este cuasi magnicidio que impactó a nivel mundial de la activista negra y “favelada” fue un mensaje de las mafias contra la actuación del Ejército en Río.
El mismo día en que la caravana de Lula era baleada con escopetas en una ruta secundaria del sur del país, se conocieron en una entrevista en el canal Globonews -de la cadena Globo- amenazas contra la familia del ministro del Supremo Tribunal Federal Edson Fachin, encargado de la Operación Lava Jato para personas con fueros.
Fachin relató que pidió seguridad especial para su familia porque tanto él como su círculo íntimo reciben amenazas. “Las amenazas al ministro Fachin y los tiros a la caravana de Lula se suman al nuevo círculo del infierno político-judicial del país”, apuntó el analista Franco.
El magistrado fue convocado al cargo de supremo por la expresidenta Dilma Rousseff, y pese a ello se mostró contrario, por ejemplo, a aceptar el habeas corpus que puede salvar a Lula de la cárcel el próximo miércoles. La presidenta del Partido de los Trabajadores, Gleisi Hoffmann, dijo que el ataque de ayer fue “para matar a Lula‘”.
El gobierno de Temer reaccionó rápidamente “rechazando la violencia”, algo que inicialmente no hicieron otros precandidatos presidenciales, como el gobernador paulista, Geraldo Alckmin, y el ultraderechista Jair Bolsonaro. La balacera contra la caravana de Lula es el corolario de una semana de manifestaciones hostiles y violentas de grupos que conforman una rara mezcla en el sur “gringo” y agrícola de Brasil.
Los que lanzaron huevos y piedras son productores rurales que llevaban pancartas a favor de Bolsonaro y del juez Sérgio Moro. “Si Lula no va preso, seremos víctimas de un golpe”, decía uno de los carteles exhibidos en Bagé, donde hace diez días se inició la caravana.
Los partidos de izquierda, aliados o no al PT, decidieron convocar a una mesa para rechazar el “fascismo en la política que atenta contra la democracia”, según dijo el líder de los sin techo, Guilherme Boulos, precandidato presidencial del PSOL, el partido de Marielle Franco.
Las señales de violencia tienen que ver con las presiones cruzadas en torno a la inhabilitación de Lula como candidato y su posible detención, en un país donde la Operación Lava Jato ha permeado todo el debate político. Al punto que el juez Sérgio Moro, magistrado de primera instancia, pasó a opinar, también, por tv, sobre lo que piensa que la Corte debe hacer con Lula.
El mismo juez, como el fiscal Deltan Dallagnol, también pidieron al Congreso medidas más firmes contra la corrupción, reclamo de la sociedad pero que los políticos rechazan por provenir del Poder Judicial, que tradicionalmente habla por sus sentencias. Bolsonaro, segundo en las encuestas y principal beneficiario de la ausencia de Lula en la carrera electoral hacia octubre, dijo en su cuenta de Twitter: “Tan o más grave que la corrupción institucionalizada del PT es la cuestión ideológica. Se victimizan los que culpan a terceros por sus delitos. Brasil por encima de todos. Dios por encima de todos”.
Como en el caso de Marielle, Bolsonaro no condenó la balacera contra la caravana. El clima de hostilidad también tiene un correlato en las fake news provenientes de la nueva derecha joven, el Movimiento Brasil Libre, que diseminó noticias falsas sobre Marielle, generando el repudio de todo el arco político.
El candidato presidencial Geraldo Alckmin, presidente del PSDB y gobernador paulista, el estado más poderoso del país, anoche había dicho que el PT “cosechaba lo que plantaba”. Pero ante la negativa repercusión frente al perfil de derecha moderada que busca en la campaña hoy publicó un tuit condenando el episodio.
Mucho más contundente fue el posible pre-candidato presidencial oficialista Henrique Meirelles, el ministro de Economía: ‘Lo que ocurrió ayer fue un atentado contra la libertad de expresión de un líder político y esto es inaceptable en una democracia‘.










