El “impuesto rosa” que atenta contra el bolsillo de las mujeres
En los últimos tiempos surgieron diversos estudios económicos que advierten sobre la existencia del denominado “impuesto rosa” que hace pagar m ás a las mujeres que a los hombres por productos similares de consumo masivo. De esta manera, a la ya conocida brecha de ingresos que existe entre mujeres y varones, se suma el hecho de que algunos productos para mujeres pueden llegar a costar hasta un 50 por ciento más caro comparado con lo que cuestan productos del mismo segmento para el público masculino.
Consultoras privadas que hicieron relevamientos en los principales centros urbanos del país confirmaron que el segmento de productos de higiene personal es en el que se advierte con mayor claridad la diferencia de precios, mientras que es en el rubro de indumentaria donde la brecha que se observa es aún mayor. Si bien las empresas que comercializan esos artículos aseguran que la diferencia está dada por las características diferentes que tiene el producto según sea destinado a consumidores femeninos o masculinos, los estudios comparados demuestran que, por lo general, se trata de artículos que tienen los mismos componentes. Un sondeo realizado por la consultora Nielsen reveló que además de los productos de protección femenina el 68 por ciento de las compras de cremas, champús y desodorantes es realizado por mujeres, y es en esos artículos donde se hallaron precios más altos comparados con los de los mismos productos para varones.
Organizaciones de defensa de los derechos de los consumidores señalan que la brecha de precios perjudica aún más a las mujeres que, según se sabe, ganan en promedio un 27 por ciento menos que los hombres en tareas con similares responsabilidades. El problema está presente en todo el mundo: la Universidad de California calculó que las estadounidenses pagan cerca de 1.400 dólares (unos 1.276 euros) más al año que los hombres por productos similares. En Europa, en tanto, la asociación francesa Georgette Sand lanzó una campaña para denunciar los casos que encuentra en los supermercados y pidió a los consumidores que suban fotos de ejemplos a las redes sociales con la etiqueta #womantax. Tras esta movida, la organización logró reunir más de 50.000 firmas y de esa manera el reclamo llegó a la Asamblea francesa, donde se resolvió investigar con más detalle el origen del llamado “impuesto rosa” o “pink tax” como lo denominan las organizaciones feministas que también denuncian la brecha de precios.
En España, la comunidad de Valencia presentó un plan para promover un consumo igualitario y responsable y en contra de la discriminación para las mujeres. Las autoridades comunales explicaron que la iniciativa se debe a que miles de personas desconocen este impuesto que ya ha sido objeto de varios estudios que demuestran la existencia de algunos productos en los que la versión femenina es más cara que la masculina. Asociaciones de consumidoras de esa localidad indicaron que esta diferencia no solo existe en productos de higiene sino también en, por ejemplo, las peluquerías, donde los servicios de lavado, corte y peinado del cabello para hombres puede costar 15 euros, mientras que los mismos servicios para mujer llegan a valer el doble. Algo similar ocurre con las prendas de vestir, ya que unos pantalones vaqueros para hombre valen 25 euros, mientras que los que son para mujeres cuestan unos 35 euros, según denunciaron activistas españolas por los derechos de las mujeres. En Argentina, organizaciones de defensa del consumidor advierten que además de que en nuestro país la diferencia salarial es evidente entre los hombres y las mujeres, eso es sólo una parte de la desigualdad que impacta con más fuerza en los bolsillos de las trabajadoras, ya que el otro problema es que la población femenina, además de ganar menos, tiene que hacer frente a gastos mayores. Es de esperar que se promueva una legislación que elimine este impuesto que, hasta ahora, permanecía invisible y que de manera injusta profundiza aún más la desigualdad de género.










