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Tsunami

Cuando los chaqueños nos aprestábamos a iniciar un nuevo ciclo escolar en medio de los conflictos gremiales que prometen un año educativo más traumático que el anterior, fuimos sorprendidos por un hecho extraordinario que alteró en forma dramática la normal convivencia. Una especie de Tsunami que da la impresión que no dejó lugar sin devastar.

Nos referimos a la ola de allanamientos, procedimientos policiales y judiciales tanto del ámbito federal como provincial que involucran a todo tipo de funcionarios por delitos cometidos contra el Estado y contra los dineros que son de todos. La dimensión, a primera vista, es tan grande que no se alcanza a ver el horizonte y, a medida que pasen las horas, se verá si todo es puro humo o si realmente existen fundamentos para tales procedimientos. La seriedad de los magistrados involucrados en esto pareciera abonar que existen motivos sobrados para todo lo actuado.

Lo que sí es cierto, es que para el Chaco y su gobierno después de esto ya nada será igual. Desde el mismo centro del poder se estuvo gestando, vaya uno a saber desde cuándo, una organización para delinquir en perjuicio de los ciudadanos a los que se habían juramentado servir. Fue como un tsunami que si bien aparece de repente y provoca daños incalculables, se estuvo gestando en las entrañas de la tierra y del mar desde mucho tiempo antes.

Es evidente que la infección es generalizada y que salta aquí y allá, y autoriza a pensar que esto bien podría ser la punta del iceberg y que, si existe voluntad de ir hasta las últimas consecuencias, el resultado parece ser imprevisible en todos los ámbitos: provincial, municipal, sindical, empresarial, institucional. Por empezar, de lo que ha salido a la luz, los principales responsables son las cabezas en cada lugar. Quien designa a los funcionarios, quien los dirige y ordena, quien debe controlarlos no podía estar ajeno a tanto desorden. Porque, una de dos, o se dejaba engañar en sus narices, o no cumplía con su cometido.

Doble discurso

Mientras se escuchaba el discurso de que todo lo que se hacía era en defensa de los más vulnerables, que se luchaba para erradicar la indigencia, la pobreza, la ignorancia, la falta de salud y se anunciaban nuevos programas, al mismo tiempo se hacían todo tipo de trapisondas destinadas al lucro personal de los responsables de las áreas más sensibles, haciendo ostentación de riquezas, algo que resulta obsceno en una sociedad tan carenciada como la que vivimos. Fue patética la foto difundida en estos días en la que se ve a uno de los detenidos, dando la mano al jefe del gobierno provincial, con la palabra transparencia detrás en letras de molde.

Se representaba una comedia difícil de entender. Se hablaba del “gobierno del pueblo de la provincia del Chaco”, se hacía entender que se realizaban grandes sacrificios para estar mejor y superar las necesidades, mientras todo eso era un telón que escondía las verdaderas intenciones de quienes tenían grandes responsabilidades confiadas por los que habían sido votados por los ciudadanos, que quisieron de una vez por todas salir, de pobres porque creyeron en el eslogan de que ellos merecían más.

Ante estos hechos, ¿cómo se podrá mantener el discurso de que la limitación de los recursos impide mejorar en un nivel aceptable los sueldos de los maestros, de las distintas áreas de la administración pública, sobre todo de la salud, de los empleados de la Justicia y de tantas otras reparticiones? La marcha del jueves pasado pudo haber sido el inicio de un interminable combate de reclamos.

Mirar para otro lado

Y llama la atención que ante tamaño tsunami que ha dejado perpleja a casi toda la sociedad por su dimensión y alcance, que los legisladores, los representantes directos de todos los chaqueños, no hayan dicho una sola palabra o se hayan referido a todo en forma muy evasiva, sin comprometerse para investigar desde su lugar todo lo que pasó y sigue pasando y llevando tranquilidad de que todo puede ser un mal sueño y que la infección no es tan generalizada como parece. No se está diciendo que asuman competencias de la Justicia, pero sí que no se muestren ajenos a lo que pasa, que intervengan de alguna manera, que pidan explicaciones, porque aquí se trata de defender a todos los ciudadanos a los que ellos representan en forma directa.

En esta línea, los apoyos hechos públicos al jefe del gobierno provincial (sólo a él porque sus colaboradores son los cuestionados) por parte del Partido político al que pertenece, por legisladores, por intendentes, por entidades gremiales y empresarias, suenan más bien a compromiso y a lugares comunes y a la necesidad de mantener ciertos privilegios.

Nada será igual

Vale repetirlo, después de lo vivido en estos últimos quince días para los chaqueños ya no será nada igual, aunque por algún arte de magia se concluya que esto fue una pesadilla, un mal sueño, pero que la realidad es otra. La desconfianza y la bronca no desaparecerán porque los resultados están a la vista y esta provincia no está mejor que hace dos años, ni mucho menos. Se deberá obrar en consecuencia y, ahora sí, con mucha transparencia real, no esa que anunciaba con tanto bombo el principal y primer defenestrado. Se deberá explicar lo que pasó, castigar si así lo amerita lo que se hizo mal e intentar volver a las fuentes. Y esas fuentes son entender cuál es el sentido de la política. Ser servidor público para mejorar la vida de la gente aunque se tenga que hacer muchos sacrificios. Aquí, por lo que ahora parece, se hizo todo al revés. Los supuestos servidores públicos se valieron del Estado (que somos todos) para construir fortunas personales y darse la mejor de las vidas.

Para que los ciudadanos volvamos a creer hay que ser claros, delimitar el tipo de delitos, explicar lo que pasó, por qué pasó y castigar a los responsables. Y si verdaderamente todo fue una pesadilla, castigar a los que promovieron este tsunami que nos envolvió a todos.

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