La legalización no llama a abortar
Martha Rosenberg es una de las pioneras en la Argentina a favor de la legalización del aborto como derecho de las mujeres. En el mes de inicio del debate en Diputados repasa parte del camino recorrido en el país.

Martha Rosenberg es psicoanalista e integra la campaña nacional por el derecho por el aborto legal, seguro y gratuito y el Foro por los derechos reproductivos. Enfatiza la palabra derecho porque refiere a la potestad de las mujeres a decidir sobre su vida y sobre su capacidad de reproducción biológica. En una reciente entrevista repasó una lucha de décadas.

Hace un mes se cumplieron 30 años de la conformación de la comisión por el derecho al aborto, un espacio pionero en el país que reunió e integró una diversidad de movimientos. A partir de 2003 y 2004 esas mismas expresiones volvieron a cobrar fuerza después de los años más duros de crisis económica y fundaron la campaña, hace trece años. Sin financiamiento es un movimiento autoconvocado, en el que la invitación permanente es al debate.

Datos oficiales
Cuando hablamos de aborto planteamos una práctica habitual en la vida de las mujeres, mucho más de lo que se cree.
Un cálculo hecho a partir de las intervenciones que el sistema de salud atiende en complicaciones de embarazos afirma que se realizan unos 420.000 a 520.000 abortos por año.
La deducción estadística con parámetros científicos que se obtiene en función de las complicaciones que sí fueron atendidas es una cifra que dio el Ministerio de Salud de la Nación.
De todas formas el parámetro oficial va en disminución porque cambiaron los métodos de interrupción de embarazos y hay más información.
El sentido
El objetivo central es la aprobación de una ley que despenalice y legalice del aborto. Tenemos un proyecto presentado en 2007 por iniciativa popular y que desde 2008 es avalado por más de 70 diputados y diputadas.
Es insólito porque nunca se presentan proyectos con tantas firmas. Sin embargo no tuvo el acompañamiento parlamentario, lo que nos demuestra cómo se pone en la agenda. En los años del kirchnerismo estuvo completamente afuera por una posición personal y las posturas personales, por más sinceras que sean, no pueden detener un debate en el que nadie obliga a alguien a abortar.
La legalización no llama a abortar, forma parte de nuestro lema, una mirada integral: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.
Hay sectores de derecha y misóginos que propagandizan que una aborta alegremente, desconociendo que una mujer pasa por un proceso de reflexión según sus condiciones reales y de responsabilidad ante la maternidad.
Y algunas iglesias que tiene un peso muy grande son importantísimas en nuestro país porque los políticos les temen y negocian no habilitar derechos de las mujeres.



Un gran negocio
La prohibición es ineficaz para disminuir las prácticas y la legalización es una de las formas de poner remedio a la altísima de mortalidad materna de la últimas cuatro décadas.
En la clandestinidad interrumpir un embarazo de hasta cuatro semanas cuesta unos 27.000 pesos. Hay grandes intereses económicos detrás de esa práctica.
Cuando el procedimiento quirúrgico era el único método conocido representaba una fuente de ingresos para muchos médicos, esto también hay que decirlo. Y el mercado clandestino mueve más dinero que los programas del Ministerio de Salud, como los de educación sexual y procreación responsable. Una distancia que se calcula en 95 veces menos. Aun así todavía cuesta que se entregue anticoncepción gratuita en algunas provincias es una pelea muy grande porque en algunas jurisdicciones la adhesión a la ley nacional es un formalismo cuando en la práctica influyen los sectores más conservadores.

Hay sectores de derecha y misóginos que propagandizan que una aborta alegremente, desconociendo que una mujer pasa por un proceso de reflexión, según sus condiciones reales, y de responsabilidad ante la maternidad.
Miradas contrapuestas
Decir que el aborto es un tema criminal es una discusión filosófica que no está zanjada porque se le da carácter de persona a un embrión desde la concepción. Es una idea discutible porque ser sujeto de derecho requiere de ciertas condiciones que un embrión humano no tiene.
Nadie se confunde en pensar que un huevo es una gallina, ni que una semilla es un árbol, sin embargo se pretende equiparar un feto con una persona.
El indefinido derecho a la vida no se condice con el concepto de persona, que tiene individualidad, nombre, apellido, vínculos.
No obstante hemos pasado de un momento en el que prácticamente no se podía hablar sobre el tema, a ser realmente un tema de agenda, a pesar de toda la oposición que hubo.
Hace trece años que esta campaña vino trabajando y creciendo en adhesiones, con más de 500 asociaciones e instituciones como las universidades, centros de estudiantes, agrupaciones de derechos humanos y de movimientos sociales y barriales. Es una campaña federal que tuvo su origen en las grandes ciudades, en las asambleas populares y en los espacios de participación política. Que aparezca, por ejemplo, en un programa de Jorge Rial se dio porque es un tema que está en la sociedad, pese a ser un tema silenciado.










