La enseñanza de la mejor maestra del mundo
Andria Zafirakou es una docente británica que enseña arte en uno de los barrios de migrantes más pobres de Londres y acaba de ganar el Global Teacher Prize, un galardón que es considerado el Nobel al mejor maestro del mundo. Su historia es una de las más relevantes de los últimos años, porque en un mundo con líderes que quieren levantar muros para los extranjeros y naciones ricas que muestran indiferencia ante la crisis de los refugiados, su trabajo con los alumnos es un ejemplo inspirador y digno de ser imitado en todos los rincones del planeta.
“Tenemos que proteger a nuestros alumnos, cueste lo que cueste”, dijo Zafirakou al recibir el premio en una ceremonia al mejor estilo hollywoodense que organizó en Dubai la Fundación Varkey, la organización no gubernamental con sede en Londres que todos los años entrega este premio a través del cual se busca prestigiar la profesión docente como una forma de avanzar hacia una educación de calidad. Como ganadora del premio, la docente se hizo acreedora de un millón de dólares que deberá ser destinado a un proyecto pedagógico que ella elija, aunque se da por descontado que el dinero potenciará el trabajo que ya viene realizando en la escuela ubicada en el barrio de Brent, uno de los “más étnicamente diversos y pobres” de Reino Unido y afectado por la violencia callejera, según la descripción del lugar que hizo la BBC.
Zafirakou asegura que con su experiencia en las aulas comprobó que los alumnos que dedican más tiempo al arte también pueden alcanzar mayores logros en el resto de sus estudios, y de hecho su propuesta ha tenido tan buenos resultados que su escuela es una de las que tuvo un mejor desempeño comparado con otros establecimientos escolares de Gales e Inglaterra donde no se conoce la pobreza y la exclusión. La mayoría de los chicos pertenecen a familias de inmigrantes pobres que comparten casas con otras que están en la misma situación de vulnerabilidad y que, además, sufren el rechazo de muchos británicos. Los alumnos de la Alperton Community School, donde enseña la docente, son de orígenes étnicos tan diversos que en la comunidad educativa hay chicos que hablan más de 30 lenguas diferentes.
Pero eso no fue un obstáculo para la maestra que, en lugar de rechazar la diversidad de culturas, emprendió el camino exactamente opuesto al que propone el discurso xenófobo que alienta la construcción de muros y la deportación de migrantes, y se propuso -a través de la enseñanza del arte- mejorar la educación y lograr la integración de niños cuyos padres dejaron sus países de origen para buscar en Londres un futuro mejor. Zafirakou afirma que la enseñanza del arte permite desarrollar el potencial de los estudiantes ya que en los espacios compartidos por chicos de las más diversas nacionalidades, cada uno de ellos pueden expresarse en forma libre e interactuar con otros niños que vienen de culturas diferentes.
De esta manera, el otro -por más que no comparta con él la misma lengua o costumbres- deja de ser un extraño, un desconocido, para convertirse en un compañero del aula y probablemente en un amigo de la infancia que perdurará toda la vida. En rigor, lo que está haciendo Zafirakou es poner a disposición de los alumnos herramientas educativas para que puedan integrarse socialmente, sin perder sus identidades. Así, donde otros experimentan el miedo al extranjero, la docente británica vio una oportunidad y un desafío para promover la inclusión.
En tiempos en los que el discurso xenófobo se impone en Europa y Estados Unidos, el trabajo de Andria Zafirakou debe servir de ejemplo tanto para los maestros de todo el mundo como para los responsables de diseñar las políticas educativas, a fin de promover modalidades pedagógicas que ayuden a educar en la diversidad y a erradicar los prejuicios que generan divisiones en la sociedad.










