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Francisco cumple cinco años de papado con luces y sombras

Buenos Aires, 12 (por Adrián Rodríguez para NA) - El pontificado de Jorge Bergoglio, convertido en el Papa Francisco, cumple este martes cinco años en medio de tensiones entre intentos reformistas, resistencias de sectores conservadores en la Iglesia, y su cada vez más claro cortocircuito con el gobierno argentino que encabeza Mauricio Macri.

Aquel 13 de marzo de 2013, los argentinos en general más allá de su credo sintieron una sensación de orgullo cuando un compatriota se convirtió en el primer no europeo en sentarse en el trono de Pedro, luego de la renuncia casi inédita de su antecesor, el alemán Joseph Ratzinger, que había gobernado la Iglesia como el Papa Benedicto XVI.

“Recen por mí”, les dijo el religioso nacido en el barrio porteño de Flores a los miles de fieles reunidos en esa ocasión en la sala San Pedro, dando muestras de su intención de cambiar la forma dialéctica del papado para quitar todo vestigio de gobierno autista y transformarse en humilde pastor, fiel a su formación franciscana.

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En la Argentina, el impacto fue contundente: más allá de las cuestiones sociales y políticas, un compatriota se había colocado en el centro de la escena mundial y no era en el plano deportivo. Tras ese shock inicial, Francisco inició su discurso reformador para levantar una Iglesia que día a día pierde fieles a manos de otros cultos y a su menguante capacidad de acompañar cambios sociales, mientras que cada vez se corre el velo sobre problemas graves como la pedofilia en el seno de sus instituciones.

Sus posturas, como manifestarse proclive a admitir homosexuales en las iglesias al manifestar “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿Quién soy yo para criticarlo?”, le valieron aceptación en actores sociales muchas veces alejados de la Iglesia, pero también resquemor entre los poderosos sectores conservadores.

En cuanto a su política por el tema de los abusos de menores en colegios y otras instituciones de la Iglesia, el Papa pareció ceder su impulso inicial y los cambios que se imponen no tendrían la velocidad deseada. Francisco, en cambio, se movió con mayor comodidad en el terreno geopolítico, con su habitual habilidad para emitir definiciones dirigidas en pos de la paz mundial y el respeto a otras religiones.

“Hagan lío”, les dijo en Río de Janeiro a una multitud de jóvenes en lo que pareció ser una apelación a un credo movilizado más allá de la rigidez de la doctrina. En la Argentina, si bien mantiene el acompañamiento de amplios sectores de la población, empezó a sufrir el esmerilado, en especial por la resistencia de Bergoglio a visitar como máximo pontífice su propio país, a pesar de haber estado en casi todos las naciones limítrofe.

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Esa postura del máximo pastor de la Iglesia parece emparentada con su reticencia, aparentemente ideológica, con la administración macrista, que este año pareció desafiar su autoridad al colocar en el debate legislativo el tema del aborto no punible. Del mismo modo, cedió a las visitas casi cotidianas de políticos argentinos que viajaban al Vaticano para lograr una foto con el Papa, tomada por esos sectores como condición sine qua non para ser alguien en el establishment vernáculo.

Ese indicio de posición política le fue sumando a Francisco, junto a su aversión a las rostros más desagradables del capitalismo, adhesiones en diversos sectores de la oposición, especialmente en el peronismo, en el que se destaca especialmente el kirchnerismo. Si el “sector K” antes tuvo entre ceja y ceja a Bergoglio, en su época de cardenal y arzobispo de Buenos Aires, y apenas asumido como Papa, pero sus dirigentes dieron un golpe del timón al tomar nota de la adhesión popular que generaba esa última novedad.

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