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Religión y armas, cóctel explosivo

Newfoundland, 28 (AFP) - Decenas de personas reciben la bendición en una iglesia, la mano apretada sobre su arma: la imagen es insólita, pero ilustra la “grieta” que hay en EEUU entre los defensores del derecho a armarse y los partidarios de controles más estrictos. La escena tiene lugar en Newfoundland, pueblo rural de Pensilvania, donde Trump obtuvo 68% de los votos en 2016.

Es la Iglesia del santuario, filial de la iglesia de la Unificación, más conocida como secta Moon, dirigida por Hyung Jin Moon, hijo menor del reverendo fallecido en 2012. La Iglesia organizó este miércoles una ceremonia de casamiento colectivo o renovación de votos como las que gustaban a Moon padre.

La novedad es que su hijo alentó a medio millar de participantes a mostrar que defienden a su familia y su religión llevando sus armas semiautomáticas tipo AR-15. Tuvo sin embargo el detalle de solicitar que llevaran el cargador vacío y aseguradas “para evitar incidentes”.

Homófobo y cercano a la ultraderecha, según el Southern Poverty Law Center que estudia a los grupos extremistas, Hyung Jin Moon predica una religión de armamentismo y plegarias: llega a la celebración acompañado de tres custodios armados, con trajes camuflados, y emite la ceremonia por Youtube, donde lo siguen unos 2.000 abonados, con un fusil AR-15 frente a él.

Este sábado organizó una cena de “agradecimiento al presidente Trump” y donó los fondos a una asociación de propietarios de armas, la Gun Owners Foundation. No van las multitudes que Moon congregaba en su apogeo en los ’70, pero los domingos la Iglesia del santuario reúne a unos 200 participantes, más un número indeterminado de fieles que siguen la ceremonia por internet desde Japón o Corea del Sur.

¿Iglesia o grupo paramilitar?

La ceremonia, prevista hace tiempo, tuvo lugar justo el día en que los estudiantes de la secundaria Soneman Douglas de Florida regresaron a clases tras la masacre del 14 de febrero. La celebración, totalmente legal, en otro contexto podría haber pasado inadvertida. Pero con el debate abierto tras la tragedia, una escuela primaria vecina a la iglesia decidió suspender las clases en esa jornada.

Una decena de personas se manifestaban frente a la iglesia, agitando pancartas que decían “Adoren a Dios, no a las armas”, o “Dios no bendice las armas”. Varios canales de televisión cubrían el evento. Aunque esta es una congregación marginal, muchos de sus fieles, igual que muchos otros estadounidenses, piensan que las masacres no justifican controles más estrictos para compra y portación de armas.

“En la mayor parte del mundo, las personas creen que las únicas personas que deben tener armas son las que nos gobiernan”, dice Andrew Kessler, abogado que llegó a la iglesia con su AR-15 comprado hace unos meses. “No creo que esté probado que si hay menos armas, haya menos violencia”, acota. Cazador desde hace tiempo, es en esta iglesia que defiende las armas como símbolo de la “soberanía” de sus fieles que Kessler dice haberse tornado “más favorable” a su portación.

John Paul Harris, de 68 años y oriundo de Scranton, lleva un gorro de béisbol de la NRA, el poderoso lobby armamentista, de la cual es “orgulloso miembro vitalicio”. “Espero no tener que usarlas nunca contra otro ser humano. Pero en todos los lugares de este país donde las leyes sobre armas son más estrictas, la criminalidad está en su máximo nivel”, asegura convencido. Con su culto de las armas, la Iglesia del santuario tiene a veces aires de grupo paramilitar. “Creemos en una policía de la paz, una milicia de la paz”, confirma uno de sus fieles, Kyle Toffey. Pero “precisamos centrarnos en Dios cuando estamos armados”, afirma.

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