Nuestra indiferencia nos hace responsables
La aguda crisis que enfrenta el sector azucarero en las provincias de Salta y Jujuy, lejos de resolverse, se agravó en los últimos meses y se tradujo en un conflicto social cuya cara visible es el cierre del Ingenio San Isidro (Salta), el más antiguo del país, con el consecuente despido de más de 700 personas que quedaron en la calle, y la cesantía de 181 trabajadores en el Tabacal, también en suelo salteño, a lo que deben sumarse la paralización de actividades en los ingenios Ledesma y La Esperanza en Jujuy, que dejan sin trabajo a casi 300 trabajadores.
Pero a diferencia de lo que ocurre en la provincia del Chaco donde, salvando las distancias y particularidades de cada caso, el algodón también viene sufriendo los golpes bajos de políticas económicas nacionales que atentan contra actividades que son claves para las economías regionales, en Salta y Jujuy hubo una fuerte reacción de distintos sectores de ambas provincias contra la fenomenal pérdida de fuentes de trabajo que entienden que los despidos y los cierres de las fábricas traerá serías consecuencias sociales para comunidades enteras que históricamente dependieron de la producción azucarera.
El malestar de salteños y jujeños se expresó en una extensa marcha que acompañó a los trabajadores y a sus familias a lo largo de casi seis horas, bajo un sol abrasador, en una marcha que unió las localidades de Campo Santo con General Güemes. Se estima que más de 7.000 personas participaron del largo peregrinaje para exigir medidas que permitan reabrir las fábricas y reincorporar a los trabajadores despedidos. Si bien las empresas que operan los ingenios indicaron que los cierres se produjeron por la crisis, desde la Federación Azucarera Regional aseguran que, en rigor, en el fondo existe la intención de aprovechar el nuevo escenario económico que impulsa la Casa Rosada para reducir los salarios, abaratar costos y cambiar las condiciones de trabajo con medidas que perjudicarán a los empleados. Según los gremios del sector, el objetivo también es debilitar a las organizaciones que representan a los trabajadores ya que en solicitadas publicadas en medios locales, las empresas apuntan contra esas organizaciones a quienes acusan de actuar con intransigencia.
Pero, en términos generales, los distintos sectores que acompañaron los reclamos entienden que la política económica que impulsa la Casa Rosada profundizan las crisis en las economías regionales y brindan un escenario favorable para que las empresas puedan avanzar con una flexibilización laboral de hecho y con la reducción de salarios de su personal.
La reacción de salteños y jujeños, que se unieron para defender la producción de azúcar y los puestos de trabajo, contrasta con la indiferencia que se advierte en el Chaco frente a la crisis del algodón. Sobre todo en una provincia que viene sufriendo, por decisión del gobierno central que dispuso que los rieles chinos sean trasladados a Salta y Jujuy, quedando así postergado el ramal C3 que conecta el centro chaqueño con el puerto de Barranqueras y que se tradujo prácticamente en la pérdida del Belgrano Cargas. Pero eso no es todo, el bloqueo de créditos para avanzar con los trabajos en el acceso al puerto nuevo de Las Palmas o para mejorar la infraestructura de la terminal portuaria en Barranqueras, con fondos que ya tenían la aprobación de la Corporación Andina de Fomento, muestran las contradicciones del gobierno nacional que por un lado promete desarrollo para el norte argentino pero que, en los hechos, adopta medidas de neto corte centralista con el reparto de fondos que van en detrimento de las regiones más postergadas del país.
Hay que decirlo una vez más: la larga marcha de salteños y jujeños por la defensa de la producción azucarera contrasta con la apatía de los distintos sectores chaqueños frente a la crisis del algodón y frente a la insensibilidad de una administración central que vuelve a dar las espaldas al norte argentino. También es necesario hacer un mea culpa y reconocer que frente a todo lo que está pasando, la costumbre de mirar para otro lado nos hace responsables.










