Ser o parecer, el dilema del gobierno nacional
A medida que avanza la gestión del gobierno nacional de Cambiemos, se alarga la lista de casos de funcionarios que opacan la estrategia comunicacional de la Casa Rosada que intenta sostener las banderas de transparencia y honestidad en la gestión pública, en medio de un creciente malestar de la mayoría de los ciudadanos que padecen tarifazos, inflación y pérdida del poder adquisitivo de los salarios.
El último en incorporarse a la lista de millonarios devenidos en servidores públicos con importantes sumas de dinero en el exterior no declaradas ante la Administración Federal de Ingresos Públicos ni ante los organismos que deben ejercer el control y velar por la transparencia en la función pública, es un funcionario que hasta hace pocas horas ostentaba un alto cargo en la administración Macri: el subsecretario general de la presidencia, Valentín Díaz Gilligan, que se vio obligado a presentar la renuncia ante la imposibilidad de explicar el origen de un millón doscientos mil dólares que tenía depositados a su nombre en una cuenta de Andorra, un paraíso fiscal que dejó de serlo en enero de este año, cuando las autoridades de este pequeño país miembro de la Unión Europea resolvieron informar a la comunidad de naciones del viejo continente el estado de las cuentas bancarias de los clientes que depositaron millonarias sumas de dinero en sus bancos.
Pero Díaz Gilligan no es el único en el equipo de Cambiemos que queda en posición adelantada y es probable que tampoco sea el último en protagonizar un escándalo. El extitular de la Sociedad Rural Argentina y actual ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, también tiene lo suyo: su hermana Dolores Etchevehere lo denunció por estafa y confirmó públicamente que el actual funcionario tiene causas por evasión y lavado de dinero. Lo llamativo es que estas denuncias vienen de bastante tiempo atrás y por eso llama la atención que a Etchevehere no se le haya movido un pelo frente al pedido de transparencia que hizo el presidente Mauricio Macri a ministros, secretarios y legisladores nacionales que se reunieron con el primer mandatario en Chapadmalal, sobre todo después del escándalo que protagonizó cuando se vio obligado a devolver los 500.000 pesos que le había pagado la Sociedad Rural en una maniobra poco transparente, y que hizo que el fiscal Ramiro González lo imputara por supuestas coimas. Pero ese “bono” con el que se vio temporalmente beneficiado el ministro sería casi anecdótico si se lo compara con las denuncias que pesan sobre él desde hace más de cinco años y que hablan de venta de granos y hacienda de manera no declarada como lo establece la ley, o el vaciamiento de sociedades, como denunció su hermana Dolores, autora también de una presentación ante la justicia donde advierte que el ahora ministro, junto con otros hermanos, le habrían falsificado la firma en una transferencia de valiosos inmuebles y, a la vez, para aprobar los balances societarios de la empresa Las Margaritas SA, propiedad de la familia Etchevehere. Según la explicación que ofrece la hermana del ministro, las irregularidades salieron a la luz al momento de repartirse la herencia familiar tras la muerte del padre, Luis Etchevehere, fallecido en septiembre de 2009. Estafa, administración fraudulenta y evasión tributaria fueron algunas de las maniobras ilegales denunciadas tanto en tribunales de Entre Ríos (de donde es oriundo el ministro) y de la Ciudad de Buenos Aires que tienen en el centro de la escena al extitular de la Sociedad Rural Argentina.
En medio de tarifazos, inflación y una economía que no termina de arrancar, el gobierno nacional de Cambiemos intenta diferenciarse de la gestión anterior, a la que acusa de casi todos los males del país. Pero los malos ejemplos dados por el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, que designó a una empleada suya en un sindicato intervenido y que incorporó a varios familiares suyos a la planta del Estado nacional, y el escándalo del ministro de Finanzas, Luis Caputo, investigado por ocultar que fue accionista de sociedades offshore creadas para administrar cientos de millones de dólares en paraísos fiscales, según se pudo conocer tras la publicación de los llamados Paradise Papers.
Es evidente que estos escándalos que salpican a la administración Macri han desgastado la imagen del presidente que, a pesar de sus esfuerzos por mostrar a su equipo como “el mejor de los últimos 50 años”, comenzó a caer en los sondeos de opinión pública, lo que confirma que, como en todos los ámbitos de la vida, también en la función pública es más importante ser que parecer.










